Lunes, 16 de enero de 2012

Reflexión a las lecturas del domingo segundo del Tiempo Ordinario - B, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Péwrez Piñero bajo el epígrafe"ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DIA DEL SEÑOR
2º Domingo del T. Ordinario B

 

Queridos amigos y amigas:

“Descubrir a Cristo nuevamente y cada vez mejor, es la aventura más maravillosa de nuestra vida”, escribía el Beato Juan Pablo II a los jóvenes de la IV Jornada Mundial de la Juventud. Es lo que se experimenta cuando uno se encuentra por primera vez con el Señor o cuando conoce o acompaña a uno que le ha encontrado. La verdad es que todo cambia entonces de sentido, los valores que uno tenía se trastocan, se contempla todo con una luz nueva, la vida misma cambia de rumbo.

Pero ¿cuántos han tenido ese tipo de encuentro con Jesucristo? Muchos, ciertamente. Pero también es posible ser cristiano, incluso medianamente practicante, y no haber tenido un verdadero encuentro con Él.

Por eso es tan importante la Liturgia hoy.

El pasado Domingo, salíamos de la Navidad, fijando  nuestros ojos en Jesucristo que iniciaba su Vida Pública. A lo largo de esta semana, hemos venido escuchando sus primeras palabras, contemplando la elección de sus primeros discípulos; sus primeros milagros; sus primeros gestos y formas de vida… Juan el Bautista es muy consciente de la misión que Dios le ha encomendado: Preparar el camino al Señor y señalarle presente entre los hombres de modo que todos pudieran conocerle y seguirle.

En el Evangelio  de hoy contemplamos cómo presenta a Jesu-cristo a dos de sus discípulos. Y de aquella presentación, surge en ellos el deseo de conocer-le: “Rabí, ¿dónde vives?” Y Jesús les invita a su casa: “Venid y lo veréis”. Y se pasan aquel día con Él. No ha trascendido nada de lo que vieron o hablaron aquella tarde, pero muy importante tuvo que ser cuando salen comunicando a los demás: “¡Hemos encontrado al Mesías!” Y anotan la hora: “Serían las cuatro de la tarde”. Es la hora del encuentro, del descubrimiento de Jesucristo, una hora, un lugar, unas personas, unas circunstancias que no se olvidarán nunca. Que marcan en nuestra existencia un antes y un después. Y a eso nos invita el Señor este Domingo: A un encuentro con Él, a avivar nuestra fe, a avanzar en nuestro seguimiento, a renovar “el amor primero” (Ap 2, 4).  Hoy constatamos la importancia que tienen en nuestra vida las mediaciones humanas, para encontrar al Señor, escuchar su voz, descubrir su voluntad…

Lo contemplamos en Juan, el Bautista, y también en el sacer-dote Elí que le dice a Samuel: “Anda, acuéstate; y, si te llama alguien, responde: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha” (1ª Lect.) De este modo aquel muchacho puede encontrarse con el Señor y conocer su voluntad. También lo contemplamos en Andrés que encuentra a su hermano Simón y le dice: “Hemos encontrado al Mesías”. Y lo llevó a Jesús… Y, normalmente, más tarde o más temprano, surge en nuestra vida algún Juan, algún Elí o algún Andrés.., que nos lleva al Señor.

También Jesucristo nos llama este Domingo a seguir aquel ejemplo y a invitar a los hermanos a su encuentro, a su descubrimiento. Para que se formen muchos enlaces entre unos y otros, como los de este texto y sus versículos siguientes que vayan multiplicando los encuentros con el Señor. Más todavía. Es urgente hacerlo… A esto nos llama, en definitiva,  la Nueva Evangelización…  O también, el Plan Diocesano de Pastoral: “Discípulos y Misioneros, aquí y ahora”. ¿Y qué podemos hacer en la vida más provechoso que eso?

Se ha dicho que anunciar a Jesucristo a un hermano es el favor más grande que podemos hacerle. Todos vemos con gozo cómo se van multiplicando, en diversos lugares, los retiros, los ejercicios espirituales, las catequesis de adultos, los cauces de formación espiritual, los grupos de oración y tantos otros medios que buscan esa finalidad. Y, de ese primer encuentro, se va orientando y modelando nuestra vida de acuerdo con los “valores del Reino”. En la segunda lectura, por ejemplo, escuchamos cómo S. Pablo presenta a los corintios, el criterio cristiano sobre la sexualidad humana.

Lo fundamental, está, en definitiva, en aquella expresión del Libro de los Salmos: “Ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis el corazón”.(Sal. 95, 7-8).

 ¡Feliz Día del Señor! 

 


Publicado por verdenaranja @ 21:07  | Espiritualidad
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