S?bado, 21 de enero de 2012

Reflexión a las lecturas del domingo tercero del Tiempo Ordinario - B, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DIA DEL SEÑOR 
Domingo 3º del T. Ordinario B 

Querido amigo/a:

Estamos contemplando estas primeras semanas del Tiempo Ordinario, el comienzo de la Vida Pública del Señor… Y podríamos decir que el Evangelio de este Domingo es el comienzo de la Vida Pública, según S. Marcos, el evangelista que nos guía y acompaña este año B ó II. Su Evangelio nos presenta a Jesucristo primero, como el Mesías que tenía que venir y, más tarde, caminando hacia Jerusalén donde tiene lugar su Pasión, Muerte y Resurrección. El Evangelio de hoy comienza diciendo: “Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios…” Juan el Bautista es el punto de partida de la predicación de Jesucris-to. Cuando Herodes lo manda a la cárcel, concluye prácticamente su misión, que culminará en su martirio. Y el marco de su ministerio no será Jerusalén, la Ciudad Santa, sino la región de Galilea, que en alguna ocasión se llama “Galilea de los gentiles”.

Y ¿qué dice, que enseña el Señor? Lo primero que dice es: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia”. ¡Impresionante! ¡Han llegado los tiempos soñados! ¡Los tiempos del Mesías! ¡Todo aquello que los profetas anunciaron y que los judíos  espe-raban ardientemente, ha llegado ya! Y ahora se anuncia como Buena Noticia, como la mejor noticia. ¿Por qué? ¿En qué consiste? Se trata de que el Mesías ha llegado  y está cerca el Reino de Dios, que en S. Mateo se llama Reino de los Cielos… ¿Y eso que significa? ¿Qué es el Reino de Dios? Simplificando mucho, podríamos decir que el Reino de los Cielos es, algo así, como la  forma de vivir en el Cielo”, donde está estableci-do el Reinado de Dios, que Cristo quiere traer a la tierra. Ahora entendemos perfectamente que Jesucristo hable de la urgencia y de la necesidad de la conversión: ¡Es que la tierra nos parece tan distinta al Cielo…! Los valores, los criterios, las formas de vida de este mundo…,  son tan distintos de los del Reino de Dios. Por tanto, la necesidad de cambiar de manera de pensar y de actuar es evidente. Primero, de forma de pensar… Es lo que se llama en griego  “metanoia”, el cambio de mentalidad, hasta que lleguemos a tener “el pensamiento de Cristo” (1Co 2, 16).

Luego viene dar fe a la Buena Noticia…. Y actuar en consecuen-cia… A medida que se va acogiendo el Reino, la tierra se va pareciendo  algo al Cielo. Cuando no lo acogemos, cuando lo rechazamos sucede lo contrario.

Oímos decir, a veces: “Esto parece un infierno…” “Este mundo es un valle de lágrimas”. Cuando estamos imbuidos de aquella mentalidad, razonamos como nos enseña S. Pablo en la segunda lectura: Hemos de vivir desprendidos de todo porque “la representación de este mundo se termina”. Un ejemplo precioso de conversión nos lo ofrece hoy la prime-ra lectura, que nos presenta al profeta Jonás anunciando la destruc-ción de Nínive, una ciudad pecadora, y la conversión de los ninivitas  a Dios, que no destruye la ciudad. Este Domingo hay dos realidades que nos llaman a la conver-sión: La Jornada Misionera de los Niños, la Santa Infancia, y el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos. Una y otra nos animan a trabajar por el Reino de Dios, de modo que el Evangelio se extienda por toda la tierra y llegue a todos, también a los niños… Y para que el rostro de la Iglesia sea cada vez más atrayente a los hermanos separados. Los trabajos del Reino necesitan muchos obreros. (Mt 9,37-38). Jesús,  pasando junto al mar de Galilea, llama a sus primeros discípulos: Simón y su hermano Andrés;  Santiago y su hermano Juan.  Ellos serán “pescadores de hombres…” No se nos narra el proceso de su vocación sino su resultado: “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. Se trata, en definitiva, de acoger el Reino de Dios que Jesús anuncia, personifica y llevará a su plenitud en su Vuelta gloriosa. Pero “el que no acoge el Reino de Dios como un niño no entrará en El” (Mc 10,15). 

¡Feliz Día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 23:06  | Espiritualidad
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