Lunes, 06 de febrero de 2012

Tema de estudio en orden a ajustar la piedad popular hacia una correcta pastoral (Páginas 251 a 266 del I SÍNODO DIOCESANO NIVARIENSE - CONSTITUCIONES  Y DOCUMENTOS).

LA PIEDAD POPULAR
INTRODUCCIÓN TEOLÓGICO-PASTORAL 

El Concilio Vaticano II dice: “La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza” (SC 10). Ella nos brinda el acceso al misterio de Dios y, al mismo tiempo, es la meta a la que los pastores deben conducir a los bautizados. No obstante, la liturgia no agota toda la actividad dela Iglesia, ni siquiera abarca toda la piedad cristiana (cf. SC 14).

“El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todos los tiempos, expresiones en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el vía-crucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc.” (Catecismo 1159).

Este es el tema que aquí nos ocupa y al que queremos darle toda la importancia que tiene, sabiendo que no todas las manifestaciones son absolutamente necesarias, ni tampoco se ajustan al criterio de una correcta pastoral.

Se trata de una cuestión de gran importancia en la vida y misión de nuestra Iglesia Diocesana y a la que, a veces, corremos el riesgo de acercarnos con una actitud reduccionista. Casi inconscientemente, nuestra mirada puede ser superficial y claramente injusta. Muchos, viendo algunas manifestaciones religiosas de nuestro pueblo, podrán pensar: “para esto, no vino Jesús al mundo”, “esto no tiene nada que ver con el Evangelio que anunciamos”. Puede haber quién, quizás, hasta le gustaría que Jesús repitiera aquello del látigo en el templo.

Podríamos, desde nuestra bien estructurada cabeza, desde nuestras firmes convicciones, pero también desde nuestros prejuicios, mirar con una actitud de sospecha o no valoración suficiente lo que para muchos es algo fundamental en su vida. Se nos exige una actitud lúcida y responsable. “Todo maestro de la ley, que se ha 229 hecho discípulo del Reino de los cielos, se parece a un padre de familia que sabe sacar de sus reservas cosas nuevas y cosas antiguas” (Mt 13 ,52).

Nos podría suceder como al ciego de Betsaida. En una primera mirada sólo veía a los hombres “como árboles que caminan”. Pero el Señor le impuso de nuevo las manos y luego “veía claramente” (Mc 8, 22-25). También si a nosotros nos preguntan como en el Evangelio: “¿qué ves?”, podremos hacer afirmaciones superficiales, tanto por exceso como defecto. Quizás todo lo veamos borroso, los contornos desdibujados, la fe inmadura, los compromisos poco definidos, muy mezclado el trigo con la paja. Necesita - mos que el Señor, el que ama a este pueblo nuestro, el que por él dio la vida, el que le sigue ofreciendo su salvación, “nos vuelva a imponer las manos”, para que “veamos claramente” toda la búsqueda de Dios, todas las semillas de bondad y de vida que el Espíritu Santo ha ido sembrando en el pueblo y que están aflorando en las distintas manifestaciones de la religiosidad popular.

Necesitamos amar, como Dios, a este pueblo, tanto que sepamos verlo y valorarlo. Sólo desde la valoración y el respeto podremos decir una palabra reveladora, que desentrañe al Dios que está escondido, como el mejor tesoro, en la vida de nuestras gentes. 

1.- IMPORTANCIA DEL TEMA. 

SON MUCHOS LOS QUE VIVEN ASÍ SU RELIGIOSIDAD

De la importancia de este asunto nos habla el inmenso porcentaje de bautizados que no han sido evangelizados (un 80 % más o menos) y que sólo tienen acceso al misterio de Dios a través de manifestaciones de religiosidad popular. Ellos no han encontrado otro cauce para expresar sus sentimientos y necesidades más íntimas en el terreno religioso que las expresiones de religiosidad popular. Yla Iglesiade Jesús no tiene otro camino más directo para decirles lo que es, lo que cree y lo que vive que acercándose, valorando y desentrañando el misterio de Dios escondido en esas manifestaciones religiosas.

EL ÚNICO ROSTRO QUE MUCHOS VEN EN LA IGLESIA

Para muchas personas alejadas, a las que hemos sido enviados a anunciarles el Evangelio, el rostro primero que perciben dela Iglesiano es otro que el que ven en las manifestaciones de religiosidad popular. De ahí que se haya convertido en tema “puerta” para que muchos puedan mirar ala Iglesiacon una actitud o con otra.

EN LAS PERSONAS ES UNA CUESTIÓN MUY ÍNTIMA

Viendo las reacciones, positivas o negativas, de amplios sectores de nuestro pueblo en relación con hechos o posturas dela Iglesiaen temas de religiosidad popular, podemos percibir que a la gente no les afecta el tema superficialmente, sino que son expresiones que arrancan de las honduras más profundas de la persona, que en esas manifestaciones vive y se expresa. De ahí que lleguen a sentirse profundamente “mal tratados” y “heridos” cuando se les desprecia o minusvalora sus expresiones religiosas. Como si se les hubiera negado el pan y la sal. “La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia” (Catecismo 1676).

LA IGLESIA NO HA SABIDO LLEVARLOS A LA FE- ENCUENTRO PERSONAL CON CRISTO, Y SE HAN QUEDADO A MEDIO CAMINO.

El Concilio Vaticano II llega a afirmar que en la génesis inicial del ateísmo moderno los cristianos no estamos exentos de culpa, pues nuestra manera de vivir la fe, puede haber llevado a muchos a rechazar el “Dios rechazable” que hemos vivido o presentado. En este asunto tendremos que reconocer que nuestra ina - decuada manera de anunciar la fe, nuestra incapacidad de ofertar a los creyentes cauces adecuados, comunidades vivas, caminos de compromiso, también nosotros somos responsables de que muchos se hayan quedado en manifestaciones religiosas y no hayan llegado a la vivencia plena del misterio de Cristo. El reduccionismo ha llegado hasta el extremo de que hasta los Sacramentos no son para muchos más que manifestaciones de sentimientos religiosos o de “normalidad social”. “Por lo cual, en esta génesis del ateísmo, pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, ha velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (GS 19).

ES UN CAMPO PRIVILEGIADO DE EVANGELIZACIÓN

Hoy asistimos a un resurgir de lo religioso, a una búsqueda imperiosa del ser humano de todo lo que sea trascendencia, hondura, misterio. Esto nos exige, a los que sentimos la necesidad de anunciar el Evangelio, el estar muy atentos a esas sensibilidades y tener el coraje de anunciar adecuadamente la fe que hemos recibido para darla. San Pablo en Atenas se encontró con muchos altares a muchos dioses. Y se encontró con el altar al “Dios desconocido”. Y supo ver en los atenienses a un pueblo que, tal como quiere, está “buscando a tientas” al Dios vivo y verdadero. Él supo partir de ahí, valorar y animar sus búsquedas y anunciarles al Dios que, en Jesucristo, sale a nuestro encuentro, nos ama y nos libera hasta de la muerte. “El Dios al que adora sin conocerlo”. El Dios que no podemos confundir con imágenes de oro y plata y que no cabe en el universo, porque es más grande que todo” (cf. Hch 17, 16-34). 

2.- VALORES Y CONTRAVALORES 

Juan Pablo II afirma: “La piedad popular no puede ser ignorada, ni tratada con indiferencia o desprecio, pues es rica en valores y expresa de por sí la actitud religiosa ante Dios. Pero tiene necesidad de ser evangelizada continuamente, para que la fe que expresa llegue a ser un acto cada vez más maduro y auténtico” (Juan Pablo II VQA 18).

La iglesia tiene que tener la capacidad y la lucidez necesaria para colocarse ante la religiosidad popular como ante una “riqueza escondida”, pues tiene las herramientas necesarias para desentrañar en ella las huellas de Dios y las posibilidades que ofrece para la evangelización.

2.1 VALORES

“La piedad popular, cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción” (EN 48). 

ALGUNOS VALORES QUE SE ENCUENTRAN EN LA PIEDAD POPULAR: 

a) Expresión del ansia de fiesta y felicidad del ser humano.

b) Expresión de que la vida, a pesar de todos los pesares, tiene un sentido aquí y ahora.

c) Lugar y ocasión de encuentro entre los que en otros momentos van por caminos separados.

d) Espontaneidad y franqueza en el trato.

e) Cauce de expresividad y creatividad del pueblo.

f) Ocasión privilegiada para el compartir, el estar gratuito, la acogida.

g) Prevalencia de lo que se vive sobre las ideas.

h) Expresión de la actitud agradecida por los dones recibidos.

i) La identidad de muchos pueblos se ahonda y se expresa en ciertas celebraciones de carácter religioso.

j) Y todo eso en relación con la devoción a una imagen de Jesús,la Virgen, o algún Santo.

k) Valoración y petición de los Sacramentos y sacramentales como ocasiones en las que Dios interviene en sus vidas.

l) Los momentos de mayor alegría y mayor dolor de los pueblos están marcados por celebraciones religiosas.

“Por los demás, hermanos, de todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros” (Filp 4, 8-9).

El pueblo de Israel percibió en Jesús a un hombre vitalista, amante de la fiesta y el encuentro entre las personas. Piénsese en su presencia en las bodas de Caná y el tipo de milagro que allí hizo (Jn 2, 1-11). Él se presenta, en contraposición con la austeridad de Juan Bautista, como el que “come y bebe con los amigos” y que lleva a que la gente diga: “es un comilón y un borracho, amigo de la gentuza y de los pecadores” (Mt 11, 18-19). 

2.2 CONTRAVALORES 

“La piedad popular, hay que confesarlo, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, es decir, a las supersticiones. Se queda frecuentemente a un nivel de manifestaciones culturales, sin llegar a una verdadera adhesión de fe. Puede incluso conducir a la formación de sectas y poner en peligro la verdadera comunidad eclesial” (EN 48). En ella se puede ver también los siguientes contravalores:

a) Carece de una adecuada formación religiosa.

b) Tiene una imagen de Dios que lleva al miedo a ser castigado,

si no “se cumple” con las promesas hechas.

c) Un Dios ligado excesivamente a la naturaleza, a fenómenos de desgracia castigos y miedos.

d) Prevalece el sentimentalismo.

e) Sentido fatalista de la existencia.

f) Vivencia de la fe, mezclada con deformaciones.

g) Prevalencia de las prácticas rituales que hay que cumplir escrupulosamente. h) La petición de algunos sacramentos muchas veces no pasa de ser un acto social.

i) Sentido “privado” de las prácticas religiosas.

j) Es una piedad “interesada”.

k) Primacía de lo socio-cultural sobre lo eclesial.

l) Tendencia excesiva a multiplicar mediaciones.

m) Está especialmente expuesta a utilización y manipulación por determinados grupos con fines particulares.

n) Introducción de costumbres degradantes. 

3.- APROXIMACIÓN TEOLÓGICA 

“La primera tarea de la pastoral en el campo de la piedad popular es discernir y purificar lo que sea necesario, porque la ley fundamental del cristianismo es la verdad (GS 19): ella es también el fundamento y medida de toda acción liberadora” (ERPP 30). Este discernimiento ha de hacerse de acuerdo a principios de tipo teológico y pastoral. Aportamos algunos:

3.1 LEY DE LA ENCARNACIÓN- INCULTURACIÓN.

Del mismo modo que el Hijo de Dios asume la naturaleza humana para darle vida plena, así el cristianismo ha de asumir lo verdaderamente humano para purificarlo y llevarlo a plenitud. Este es el fundamento primero del diálogo fe-cultura: “La síntesis entre fe y cultura no sólo es un exigencia de la cultura sino de la fe. Una fe que no se hace cultura, es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada ni fielmente vivida” (Juan Pablo II a los Universitarios enla Complutensede Madrid, 3-11-1982).

Teniendo en cuenta que “la adaptación a las culturas exige también una conversión del corazón y, si fuera necesario, también la ruptura con costumbres ancestrales incompatibles con la fe católica” (VQA 16).

“Si bien es verdad que el catolicismo no puede jamás identificarse con ninguna cultura [...] no es menos cierto que no llega a la madurez de Iglesia arraigada en un determinado pueblo, hasta que se encarna en su cultura y la asume tan plenamente como lo hizo Jesucristo en su pueblo y en la cultura judía de la época” (Obispos de Andalucía, El Catolicismo popular en el Sur de España, 1975).

Este principio vale, por supuesto, para la cultura popular impregnada de sentimientos religiosos y, también, para la cultura juvenil, la cultura actual, la cultura obrera... “Ciertamente, a semejanza de la economía dela Encarnación, las Iglesias jóvenes, radicadas en Cristo y edificadas sobre el fundamento de los Apóstoles, asumen en admirable intercambio todas las riquezas de las naciones que han sido dadas a Cristo en herencia. Dichas Iglesias reciben de las costumbres y tradiciones, de la sabiduría y doctrina, de las artes e instituciones de sus pueblos, todo lo que puede servir para confesar la gloria del Creador, para ensalzar la gracia del Salvador y para ordenar debidamente la vida cristiana.

Para conseguir este propósito es necesario que en cada gran territorio socio-cultural se promueva a aquella consideración teológica que someta a nueva investigación, a la luz dela Tradicióndela Iglesiauniversal, los hechos y las palabras reveladas por Dios, consignadas enla Sagrada Escrituray explicadas por los Padres y el Magisterio dela Iglesia. Asíverá más claramente por qué caminos puede llegar la fe a la inteligencia, teniendo en cuenta la filosofía o la sabiduría de los pueblos, y de que forma pueden compaginarse las costumbres, el sentido de la vida y el orden social con la moral manifestada por la divina revelación.

Con este modo de proceder se evitará toda apariencia de sincretismo y de falso particularismo, se acomodará la vida cristiana a la índole y al carácter de cada cultura, y se incorporarán a la unidad católica las tradiciones particulares, con las cualidades propias de cada familia de pueblos, ilustradas con la luz del Evangelio. Finalmente, las nuevas Iglesias particulares, adornadas con sus tradiciones, tendrán su lugar en la comunión eclesiástica, permaneciendo íntegro el primado dela Cátedrade Pedro, que preside a toda la asamblea en la caridad. Es, por tanto, de desear, más todavía, es de todo punto conveniente, que las Conferencias episcopales se unan entre sí dentro de los límites de cada uno de los grandes territorios socio-culturales, de suerte que puedan conseguir de común acuerdo este objetivo de la adaptación (AG 22).

3.2 LA PALABRA DE DIOS, VIVIDA EN LA IGLESIA, ES LA REFERENCIA FUNDAMENTAL PARA EVALUAR LO HUMANO, Y TAMBIÉN, LA PIEDAD POPULAR.

En el Antiguo Testamento las fiestas judías con rasgos familiares y tribales, agrícolas y ganaderas, están enmarcadas en el Éxodo yla Alianzade amor de Dios con su pueblo. Hay en la piedad de los pobres de Yahvé una resistencia a un tipo de religión oficial, a lo que obstaculice la fidelidad al Dios de la liberación. La religión popular judía expresa la esperanza por el día de Yahvé y el reinado de Dios. “Cielos, que llueva vuestra justicia, ábrete tierra, haz germinar al Salvador” (Is 45, 8).

Pero es el comportamiento de Jesús el que es la referencia básica. Hay en Él dos actitudes principales: El Señor se opone a rasgos religiosos judíos que llevan a una opresión y a un falseamiento de la revelación y rechaza aquellas doctrinas o situaciones que impiden la fidelidad a Dios y a la compasión humana. “Ustedes han anulado la palabra de Dios con sus tradiciones. Hipócritas, bien profetizó de ustedes Isaías cuando dijo: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos humanos” (Mt 15, 1-9).

Por otro lado, Jesús comparte la historia y la religiosidad del pueblo: en familia, en la sinagoga, en las peregrinaciones, en la oración, en toda su existencia. Se ocupa de aquellos problemas que afectan al pueblo y que se manifiestan en la religiosidad popular: sana enfermos, expulsa demonios, lucha contra la marginación ...

Su dedicación fundamental es el Reino de Dios, la formación de los discípulos, el envío, ... “la cruz de cada día”. No se ocupa de consolidar o cambiar la religión popular. Pero, en su opción por el Reino de Dios, practica y promueve la piedad de la multitud y la formación de la comunidad creyente. En una palabra, desde su experiencia de la voluntad del Padre, distingue lo religioso deshumanizante y lo religioso que es capaz de hacer discípulos suyos. “Al orar, no charlen mucho como hacen los paganos. Ustedes, recen así: Padre nuestro...hágase tu voluntad” (Mt 6, 7-14). Y mientras se mostraba cercano a la gente, predicaba y mostraba con sus obras el Reino de Dios, también acudía a la sinagoga “según la costumbre”, como cualquier israelita religioso, y aprovechó una de estas ocasiones para manifestarse públicamente como El Mesías esperado, enviado para anunciar el evangelio y curar la heridas de su pueblo (cf. Lc 4,16-22). Lo encontramos también en la fiesta de los Tabernáculos, cuando se celebraba la libación del agua, rito popular que recordaba los raudales de agua que Moisés hizo brotar en el desierto (Ex17,1 ss) y les enseñó a pedir el agua del cielo con un cántico mesiánico “sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salud” (Is 12,3); y también, en este contexto, explicaba al pueblo la naturaleza del misterio del gran Don del Espíritu Santo: el última día, el día grande de la fiesta, se detuvo Jesús y gritó diciendo: “Si alguno tiene sed, que venga a mí y que beba. Según dicela Escritura, ríos de agua viva manarán de su seno. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en Él, pues aún no había sido dado el Espíritu” (Jn 7, 37-39). Todas las fiestas religiosas populares eran sólo figura, y ahora quedaron plenamente realizadas en Cristo o por el Misterio de Cristo...

Las primeras comunidades cristianas muestran cómo se puede pasar de un molde cultural y religioso judío a vivir una sola fe en diferentes culturas. En este sentido es fundamental el Apóstol Pablo, totalmente fiel al mensaje de Dios y, a la vez, haciéndose judío, griego, romano, cristiano. Es su modo de evangelizar: “me he hecho todo a todos, para llevarlos a todos a Cristo” (1Co 9, 20-22).

3.3 LA RELIGIOSIDAD POPULAR ES UNA CUESTIÓN PASTORAL IMPORTANTE Y UNA REALIDAD A EVANGELIZAR.

En el Concilio Vaticano II se afirma:“La iglesia respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos. Estudia con simpatía y, si puede conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aún lo acepta en la misma liturgia, con tal que se pueda armonizar con su verdadero y auténtico espíritu” (SC 37).

Pablo VI plantea “evangelizar” en profundidad y hasta sus mismas “raíces” las culturas (cf. EN 20). Es una evangelización con enormes retos. “Las Iglesias particulares profundamente amalgamadas, no sólo con las personas, sino también con las aspiraciones, las riquezas y límites, las maneras de orar, de amar, de considerar la vida y el mundo que distinguen a tal o cual conjunto humano, tienen la función de asimilar lo esencial del mensaje evangélico, de trasvasarlo, sin la menor traición a su verdad esencial, al lenguaje que esos hombres comprenden, y, después, de anunciarlo en ese mismo lenguaje. Dicho trasvase hay que hacerlo con el discernimiento, la seriedad, el respeto y la competencia que exige la materia, en el campo de las expresiones litúrgicas, pero también a través de la catequesis, la formulación teológica, las estructuras eclesiales, no tanto en el nivel semántico o literario, cuanto al que podría llamarse antropológico y cultural. El problema es, sin duda, delicado. La evangelización pierde mucho de su fuerza y de su eficacia si no toma en consideración al pueblo concreto al que se dirige, si no utiliza su “lengua”, sus signos y símbolos, si no responde a las cuestiones que plantea, no llega a su vida concreta. Pero, por otra parte, la evangelización corre el riesgo de perder su alma y desvanecerse, se vacía o desvirtúa su contenido, bajo el pretexto de traducirlo si, queriendo adaptar una realidad universal a un espacio local, se sacrifica esta realidad y se destruye la unidad sin la cual no hay universalidad. Ahora bien, solamente una Iglesia que mantenga la conciencia de su universalidad y demuestre que es de hecho universal puede tener un mensaje capaz de ser entendido, por encima de los límites regionales, en el mundo entero. Una legítima atención a las Iglesias particulares no puede menos de enriquecer ala Iglesia. Esindispensable y urgente. Responde a las aspiraciones más profundas de los pueblos y de las comunidades humanas de hallar cada vez más su propia fisonomía” (EN 63).

La evangelización de la religiosidad popular exige una postura lúcida. Intenta descubrir qué es lo que hay detrás de las diversas experiencias de lo religioso, cuáles son las alegrías y las tristezas, las esperanzas y las expectativas, las búsquedas y las necesidades que existen en las distintas tradiciones, cuáles son las “semillas del Verbo de Dios”, qué acción realiza el Espíritu en el corazón del ser humano. Juzgándola desdela Palabrade Dios y la reflexión teológica, es capaz de discernir si ellas son o no son receptivas a los contenidos cristianos y en qué sentido ellas aportan o no posibilidades de vivencia cristiana. Anunciando así a Jesucristo, Salvador de todos,la Iglesiaparte del pueblo concreto para hacerlo pueblo de Dios.

“Es necesario evangelizar e inculturar los valores de la piedad popular al servicio de la fe. Se trata de evangelizar y renovar la piedad popular desde dentro de sus manifestaciones para ponerla al servicio de la vida cristiana. Celebraciones litúrgicas y devociones han de aunarse en un programa de crecimiento en la fe y de progreso en la vida espiritual de todo pueblo cristiano, a nivel personal y a nivel comunitario y eclesial” (ERPP 44).

4.- DIMENSIÓN FESTIVA DE LA FE 

Para un hipotético observador de la vida de muchos cristianos, ésta se parecería más a un “velatorio” que a una fiesta. La religiosidad popular puede aportar un sentido festivo a la fe, que le es totalmente esencial. Jesús en el Evangelio aparece participando de las fiestas de su pueblo de modo habitual (Jn 7, 1.14; Jn 2, 1-11; Lc 7,34ss).La Iglesiaen sus celebraciones debe mantener el sentido de recuerdo agradecido, de proclamación de la esperanza, de celebración gozosa del presente que tiene toda fiesta, porque Dios ama a su pueblo, Cristo nos ha liberado, sobre nosotros ha derramado el Espíritu que nos lleva a la libertad y plenitud de los hijos de Dios, en una palabra, debe potenciar la dimensión festiva y pascual de la fe. La fiesta auténtica expresa gratitud, sentido de la vida, plenitud, anuncio de un mundo mejor, liberación de la ataduras, comunidad compartida, gozo, afirmación de la vida frente a lo rutinario y mortificante, esperanza....No cabe duda de que, en toda verdadera fiesta, hay valores profundamente evangélicos que nos invitan al encuentro con Aquel que nos llama al Banquete del Reino, que hace fiesta y mata el ternero cebado cuando vuelve el hijo perdido o carga sobre sus hombros a la oveja descarriada.

El mensaje del Nuevo Testamento, al acercarnos a las verdaderas dimensiones de nuestra salvación, haría que recuperáramos la alegría humana, no ya como un bien profano y casi discutido a Dios, sino como un bien esencialmente religioso por estar vinculado directamente a Él y a su inmensa bondad.

En la religiosidad popular aparece siempre el acudir a Dios en la necesidad y en la indigencia, y es verdad que ahí se encuentra; pero no es la forma primaria como el hombre va a Dios. El hombre va a Dios y debe ir, sobre todo, en la plenitud de la vida. Este aspecto festivo aparece como una dimensión básica de la piedad y religiosidad popular canaria. Nos corresponde acercarnos a ella con espíritu abierto, crítico, sabio, creyente... Es la vida de nuestras gentes, y no podemos separar fiesta y fe. Hemos de saberla purificar, defenderla de las manipulaciones a las que está sometida por intereses bastardos, potenciar lo auténticamente humanizante, liberador y cristiano; en una palabra, evangelizarla. 

5.- LITURGIA Y PIEDAD POPULAR. 

Toda la vida y acción pastoral dela Iglesiatiene su fuente “primera y necesaria enla Liturgia” (SC 14). Ésta es, también, la cumbre en la que deben desembocar todas sus actividades (cf. SC 10). Así tiene que aparecer y vivirse. No puede supeditarse a otros actos ni puede ser suplantada en igualdad de circunstancias... Sin embargo, no abarca toda la vida cristiana (cf. SC 9, 12-13). Los actos devocionales son complementarios con la celebración litúrgica y han de orientarse hacia ella.

Existe un movimiento, de flujo y reflujo permanente, de la liturgia a la vida espiritual y de la vida espiritual a la liturgia. “La liturgia presta a las devociones su fundamentación histórico- salvífica y bíblica, su sentido eclesial y comunitario, su conciencia de la gratuidad de los dones de Dios y las actitudes de alabanza, acción de gracias, deseo de liberación, espíritu de servicio y exigencias de compromiso apostólico y social” (ERPP 20 y SC 7).

Por su parte, las devociones enriquecen a las personas y a las comunidades con la experiencia de vida, la sencillez, la concreción y encarnación, la búsqueda de respuesta a los problemas más acuciantes y el anhelo de satisfacer las necesidades más profundas del ser humano. De este modo la liturgia y las devociones, respetándose en su identidad propia, se enriquecen mutuamente (cf. ERPP 19- 24; SC 13). 

A modo de conclusión: 

“La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sabiduría popular católica tiene una capacidad de síntesis vital: así conlleva creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y María, espíritu y cuerpo; comunión e institución; persona y comunidad; fe y patria; inteligencia y afecto. Esa sabiduría es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, enseña a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegría y el humor, aún en medio de una vida muy dura.

Esa sabiduría es también para el pueblo un principio de discernimiento, un instinto evangélico por el que capta espontáneamente cuándo se sirve enla Iglesiaal Evangelio y cuándo se lo vacía y asfixia con otros intereses” (Catecismo 1676, citando Doc. de Puebla, 1.979, 448, cf. EN 48).

METAS Y CRITERIOS GENERALES

PIEDAD POPULAR EN EL I SINODO DIOCESANO NIVARIENSE


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