Domingo, 12 de febrero de 2012

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la celebración de Santa María Madre de Dios y Jornada Mundial dela Paz (1 de enero de 2012)

SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS       

Queridos hermanos:

Al culminar el año 2011, y comenzar el año nuevo 2012; celebramos la fiesta dedicada ala Virgen, Madre de Dios. Con Ella, queremos comenzar el nuevo año. A Ella acudimos agradecidos, y suplicamos, como sus hijos por las necesidades del año por venir. También nos unimos en este día ala Jornada Mundialpor la paz, a la que nos invita el Santo Padre al inicio de este año.

En el Evangelio que escuchamos, los pastores encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. Es María quien junto al Niño Jesús, "sin perder la gloria de su virginidad, derramó sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo nuestro Señor". Aún cuando la humildad del Nacimiento rodea todo este misterio de Belén, se percibe una profunda atracción, realzada por el canto de los ángeles, y que motiva la admiración de todos los que se acercan, invitándolos a glorificar a Dios y a vivir en paz..

Al presentarnos esta escena, el Evangelio se detiene en un detalle particular: “mientras tanto, - nos dice -, María conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19). San Lucas es quien se fija en esta actitud de María, como lo hace también más adelante, en otro momento significativo de la infancia de Jesús, cuando el Niño se había perdido y fue hallado en el templo entre los doctores. También en ese momento, dice el Evangelio, su Madre “guardaba estas cosas en su corazón” (Lc.2,51). Tal como nos presenta San Lucas la figura de María, Ella manifiesta su docilidad, y guarda lo sucedido en su corazón de Madre. 

María guarda y medita en su corazón

¿Qué es lo que María guarda y medita en su corazón? Seguramente Ella conserva íntimamente el conocimiento de Jesús; y los hechos que van reflejando cada uno de los momentos vividos con Él. Ella, por ejemplo, habrá conservado atenta las palabras del Ángel enla Anunciación, que significan la elección por parte de Dios y su fiel aceptación; la visita a Isabel, su prima que iba a ser madre, así como la ida a Belén para cumplir con el censo; habrá conservado la imagen de su Hijo acostado en un pesebre y la visita de los pastores…y sobre todo, con el paso del tiempo, habrá conservado en su corazón la manifestación del amor de Dios, a lo largo de su plan divino.

De este modo, conservar en su corazón significa valorar lo ocurrido paso a paso en su vida; como recuerdos valiosos de lo vivido en la fidelidad a su Palabra, que no quedaron sólo en la memoria, sino en el corazón; para poder volver a revivirlos y a contemplarlos, mientras Jesús crecía “en el saber, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres” (2, 52).

Guardar en su corazón; le permite a María reconocer la voluntad de Dios, y renovar su canto del Magnificat: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu de alegra en Dios mi salvador”. 

Miremos desde la fe en Dios el presente y el tiempo que vendrá

También nosotros podemos guardar en el corazón, como lo hace María, los recuerdos de este año que termina. Para ello, necesitamos valorar desde la fe lo que vivimos; ya que la vida transcurrida nos ayuda a crecer, agradeciendo a Dios lo bueno, y cambiando definitivamente lo que puede alejarnos de su amor.

Por esto, al comenzar uno nuevo es muy oportuno repasar en nuestro interior lo que guardamos del año que pasó, y mirar con esperanza el tiempo que iniciamos para darle un sentido cristiano, renovando nuestro sí a Dios.

En esta memoria seguramente vamos a tener presente muchos momentos gratificantes, que aún permanecen muy nítidos; a los que sumamos probablemente el recuerdo de hechos buenos, tanto nuestros como de los demás, que han quedado grabados en el corazón. Pero tal vez, todavía conservamos dentro nuestro algunos resentimientos o hechos negativos, que basta evocarlos para que afloren en nuestro recuerdo, y que debemos olvidar o perdonar, para que no nos detengan en el camino de la confianza y del amor.

Queremos conservar todo lo bueno en nuestro corazón. Lo queremos hacer con docilidad, acogiendo el plan de Dios, contando con la humildad que el mismo Jesús nos vino a enseñar. 

Jornada mundial de la paz

En esta celebración dela Jornada Mundialdela Paza la que nos invita el Papa, quisiera recordar el lema de este año. Dice el Santo Padre que es necesario «Educar a los jóvenes en la justicia y la paz», convencido de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza (cfr. Mensaje 2012).

Es necesario prestar atención al mundo de los jóvenes, saber escucharlos y valorarlos, ya que no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para alcanzar la construcción de un futuro de justicia y de paz (cfr. Ib). Precisamente para ello se debe tener en cuenta a la juventud, ya que la paz exige siempre un desarrollo constructivo de aquello que representa su propia identidad, y el bien de cada uno. Los jóvenes necesitan recibir " una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, ...a edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario" (ib.n. 1).

En este sentido, nos advierte el Mensaje de este año, la primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador y, por consiguiente, de este modo a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta dignidad. Nunca se puede dejar de tener presente que «el auténtico desarrollo del hombre concierne de manera unitaria a la totalidad de la persona en todas sus dimensiones», incluida la trascendente. Asimismo, no se puede sacrificar a la persona para obtener un bien particular, ya sea económico o social, individual o colectivo (cfr. in. n. 3).

El Mensaje del Papa se dirige también a los padres, a las familias y a todos los estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural y de la comunicación. Recordmeos a lo largo de este año, la orientación que nos ofrece al terminar el Mensaje: “La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para educar a los jóvenes en la justicia y la paz”.

El comienzo de un Año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz. Este don de Dios, es también un llamado y un compromiso para todos.

Les deseo un año nuevo lleno de bendiciones, a quienes están aquí enla Iglesia Catedraly a quienes nos siguen por los medios de comunicación. Que esta bendición llegue a todos los corazones, a los que están en sus hogares, en los geriátricos, y en los hospitales; a quienes están privados de libertad; es una bendición que nos invita a amar con fe y esperanza, fieles a Dios, como lo hizola Santísima VirgenMaría. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


Publicado por verdenaranja @ 20:28  | Homil?as
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