S?bado, 14 de abril de 2012

          

Homilía de monseñor Carlos María Franzini, obispo de Rafaela, durante la celebración de la  Misa Crismal (Iglesia catedral, 29 de marzo de 2012) (AICA)

MISA CRISMAL

Queridos hermanos:

1. Como todos los años, estamos reunidos esta noche en la iglesia Catedral para celebrar juntosla Misa Crismal.Acontecimiento único en el año, que expresa y realiza como ningún otro el Misterio dela Iglesia. Enefecto, como asamblea convocada, fieles, laicos y consagradas, diáconos, presbíteros y el obispo celebramos el memorial dela Pascuadel Señor. Durante esta misa también se bendecirán y consagrarán los Santos Óleos que serán utilizados este año en la celebración de los sacramentos. Además los integrantes del presbiterio diocesano renovarán las promesas que hicieron el día de su ordenación. Con estos gestos tan expresivos la liturgia nos invita a volver a reconocer que somos “hechura de la gracia de Dios”. Todo, en el orden de la salvación, nos viene de él. Como enseña Jesús en el Evangelio: sin él nada podemos hacer (cfr. Jn 15,5).

2. ¡Qué bueno es volver a recordar que nuestra vida cristiana sólo se entiende y explica desde la fe! El horizonte de nuestro existir es siempre la vida teologal, el mundo de la gracia. Si le quitamos la mirada creyente nuestra pertenencia eclesial se desvirtúa plenamente; nuestras comunidades son una simple agrupación humana; nuestros proyectos pastorales son estrategias mundanas; nuestra misión es mero proselitismo. Por eso entendemos que el Papa haya querido celebrar los 50 años del Concilio Vaticano II proponiéndonos el Año dela Fey por eso en mi Carta Pastoral he querido invitarlos a recoger la herencia del Año Jubilar vigorizando nuestra fe para vivirla en plenitud y comunicarla con entusiasmo a los demás. Y también los obispos argentinos hemos presentado recientemente unas Orientaciones Pastorales para el próximo trienio que buscan renovar la fe mayoritaria de los que habitamos en esta bendita Nación.

3. En mi Carta Pastoral les decía que “…Dios siempre quiere “más” de nosotros: más “calidad” de vida cristiana, más hondura espiritual y coherencia, en definitiva, más santidad. No necesariamente más actividades o nuevos proyectos pastorales…” Este criterio de discernimiento ha de animar toda nuestra vida personal y comunitaria y –por tanto– también nuestro camino pastoral.  En efecto, la hermosa y fecunda experiencia del Año Jubilar nos ha mostrado una vez más que todo programa pastoral debe poder resumirse en la estupenda propuesta del beato Juan Pablo II al inicio del nuevo milenio:”… conocer, amar e imitar a Jesucristo para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia…” (cfr. NMI 29). El objetivo general que nos hemos dado en nuestra última Asamblea Diocesana  nos lleva en esta dirección y todos los programas y propuestas pastorales surgidos desde allí van en el mismo sentido.

4. Como muchos de ustedes ya saben, he tenido la gracia de hacer el mes de Ejercicios Espirituales durante el pasado mes de febrero. Si tuviera que resumir en pocas palabras esta experiencia diría sin dudar que ha sido una constatación contundente de la centralidad del encuentro con Jesucristo. Si éste falta, todo lo demás sobra. Ésta fue la sabia intuición del Venerable Cura Brochero, que centró su pastoral en provocar el encuentro de sus “serranos” con Jesucristo por medio de los Ejercicios Espirituales para –desde allí– dinamizar innumerables proyectos catequísticos, educativos y promocionales que aún hoy nos admiran. Por tanto, siguiendo su ejemplo y el de tantos testigos de la fe, los invito -a las puertas dela Semana Santay dela Pascua-a renovar nuestra búsqueda apasionada del Señor para procurar un encuentro siempre renovado, cada día más profundo y abarcativo de toda nuestra vida.

5. De modo particular me dirijo a ustedes, mis queridos hermanos del presbiterio diocesano. Hoy hemos compartido una jornada espiritual para preparar la renovación de las promesas sacerdotales. Llenemos este gesto litúrgico de “densidad teologal”, dejemos que el Espíritu de Dios nos colme y nos anime para hacer en espíritu y en verdad una renovada opción de seguimiento. Con el fervor y el entusiasmo del primer día, con la solidez y la prudencia de los años transcurridos, con la serenidad y la gratitud de tantos bienes recibidos y de todo el bien que el Señor ha hecho a través de nuestro pobre ministerio a lo largo de los años. Hoy, en la jornada compartida, hemos vuelto a escuchar la invitación a madurar espiritualmente durante toda la vida; hemos reconocido que el presbítero ha de ser ante todo un creyente, y cada día más. Con humildad también hemos reconocido cuánto tenemos todavía que crecer para ser verdaderos creyentes.

6. Por eso con todo el pueblo santo de Dios estamos invitados a renovar nuestra fe, para hacerla más vigorosa y más fecunda. El sencillo gesto de la renovación de las promesas sea la manera concreta de manifestar nuestro propósito de pastorear ante todo con nuestro testimonio. ¡Testigos de la fe para nuestro pueblo! ¡Hombres “traspados” de amor a Jesucristo, a quien hemos encontrado y seguido, y a quien estamos dispuestos a seguir hasta donde él quiera llevarnos.

7. En esta ocasión queremos recordar especialmente a los Padres Antonio Grande y Walter Perelló que se encuentran sirviendo en Roma, al frente del Colegio Sacerdotal Argentino el Padre Antonio; como alumno del mismo, el Padre Walter. Le pedimos al Señor para ellos todo lo que estén necesitando para vivir con alegría y entrega esta etapa de sus ministerios.

8. Además en esta misa despedimos como Iglesia diocesana al P. Julián Nicolás, quien al concluir el tiempo comprometido para su servicio entre nosotros, parte para brindar su servicio misionero en otra diócesis más necesitada. Le damos muchas gracias a Dios por lo que ha significado la presencia y el ministerio del P. Julián en medio nuestro. Y también le damos muchas gracias a él. Quiera Dios que su ejemplo estimule en nosotros su mismo ardor misionero y el deseo y la disponibilidad para servir, más allá de nuestras fronteras, fieles al permanente mandato del Señor.  Una diócesis dispuesta a “dar desde su pobreza” para que otros se encuentren con Jesucristo es una auténtica comunidad de fe, con una fe “vigorosa, que plenifica y contagia”. Un presbiterio abierto a la misión testifica la fe y hace creíble su ministerio. Pidamos al Señor que nos regale la gracia de dejarnos interpelar por el testimonio que recibimos durante estos años del P. Julián.

9. Finalmente, en este día tan marcadamente sacerdotal, no puedo dejar de referirme a las vocaciones al sacerdocio. Por primera vez en muchos años nuestra diócesis no recibe este año ningún nuevo seminarista. Es cierto que el Señor es el dueño de los sembrados y él llama cuándo quiere. No somos nosotros quienes decidimos cuándo y cuántos candidatos han de ingresar al seminario. No obstante es el mismo Señor que nos pide que recemos para que nos envíe trabajadores para la cosecha, y esto nos lo pide a todos. Parala Jornadadel Buen Pastor, el cuarto domingo de Pascua, pienso dirigirles un mensaje específico sobre este tema. Pero hoy no quiero dejar de señalar esta preocupación y esta necesidad de nuestra Iglesia. Lo reitero una vez más: sin sacerdotes no hay Eucaristía y sin Eucaristía no hay Iglesia: ¿nos hemos hecho cargo de esta verdad central de nuestra fe? ¿Qué estamos haciendo cada uno de  nosotros para generar un clima propicio y favorable al surgimiento y desarrollo de las vocaciones sacerdotales?

10. El Señor nos está invitando, una vez más, en esta Semana Santa a renovar la fe. Queremos vivir una fe vigorosa, que plenifica y contagia. Le pedimos al Señor la gracia de saber cultivar el don recibido y –como Iglesia diocesana– nos disponemos a trabajar con empeño y perseverancia para que muchos se encuentren con Jesucristo, dando así una nueva y decisiva orientación a sus vidas.

Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela 


Publicado por verdenaranja @ 23:11  | Homil?as
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