Viernes, 11 de mayo de 2012

 Reflexión  a las lecturas del domingo sexto de Pascua - B, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 6º de Pascua B 

Queridos amigos y amigas:

“Permaneced en mi amor”. Es el encargo del Señor, en su despedida. Y el amor tiene sus normas, sus leyes… Por eso continúa diciendo: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. Nos ha puesto “el listón” muy alto el Señor: “Como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. ¡Cuánto se habla de amor! ¡Pero se entiende de modo tan diverso por unos y otros! Dicen que los primeros cristianos, cuando tuvieron que buscar una palabra que tradujera lo que es el amor cristiano, escogieron una, que se usaba muy poco en el lenguaje común: “ágape”: amor de donación…

Recuerdo que en los libros en latín que usábamos en el Seminario Mayor, había al principio de cada tema, esta expresión: “Explicatio terminorum”.  De esta forma, se precisaba el sentido de cada concepto, de cada expresión… Me parece que en nuestra época, sería también necesario hacer algo parecido. De hecho, el Papa Benedicto, hizo algo de eso, al comienzo de su primera Encíclica: “Deus Charitas est”. Me parece que el Apóstol S. Juan nos da la clave cuando escribe: “En esto hemos conocido el amor: En que Él dio su vida por nosotros”. Y añade: “También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos”. (1Jn 3, 16). Y también: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” como leemos en la segunda lectura de hoy. Y esto no es cosa sólo para los cristianos o, incluso, para algunos cristianos un poco más “cultivados”, sino que vale también para toda persona que busque el verdadero amor.

Y por eso nos recuerda también S. Pablo: “Si no tengo amor, no soy nada” (1 Co, 13,2). Por eso cada cristiano, más aún, todo hombre o mujer, puede decir o gritar: “¡Lo hemos encontrado! Si, ¡Hemos encontrado el verdadero amor! ¡Es el amor que consiste en dar la vida!” Y la vida se puede entregar, de una vez, en el martirio, o poco a poco, en el lento martirio de cada día. Y si tenemos que dar la vida, qué importa dar esto ahora y aquello, después.

Todo esto puede llevarnos a planteamientos muy exigentes. ¡Es el camino que conduce a las “virtudes heroicas” que practicaron los santos! Es lógico que continúe diciendo S. Juan: “Si alguno tiene bienes de este mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿como va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras”. (1Jn 3,17-19)

En este tiempo de Pascua contemplamos a Cristo  Resucitado como el prototipo  del verdadero amor, el camino del amor auténtico: Él ha entregado su vida por amor y ha resucitado para ayudarnos a comprender que “el amor siempre triunfa” No es, por tanto, cuestión de palabras, sentimientos, vivencias…, que también valen. Se trata de algo mucho más grande: el amor de donación, el amor que busca el bien del otro..., el amor de Dios que “ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”. (Rom, 5, 5). ¡El amor, es por tanto, algo que viene de Dios, algo divino! Ahora comprendemos mejor por qué el Señor nos llama amigos: “Porque todo lo que he oído a mi Padre, os lo he dado a conocer…” escuchamos en el Evangelio de hoy.  En efecto, los secretos se confían a los amigos de confianza… Y Jesucristo revela “los secretos del Reino” a sus amigos.

Y este es el amor que da fruto. A eso nos ha destinado el Señor como contemplamos en el Evangelio de hoy: “Soy yo el que os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure.” No hay alegría más grande que la de amar y sentirse amado. Nos dice el Señor que nos ha hablado de esto “para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud”. Es la verdadera alegría, que se vuelve intensa y desbordante, especialmente, en este Tiempo de Pascua.

Me gusta repetir lo que decía S. Ignacio de Loyola en el Libro de Los Ejercicios: “No el mucho saber es lo que harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente”. (E. E. Anotación 2ª)

¡Y de eso se trata: “De sentir un gustar de estas cosas internamente!”. 

¡FELIZ PASCUA! ¡FELIZ DOMINGO! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 22:49  | Espiritualidad
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