Viernes, 08 de junio de 2012

Reflexión al evangelio del domingo de la solemnidad del Corpus Christi - B, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo de Corpus B 

         Hay una pregunta en el Catecismo que dice: “¿Dónde está ahora Jesucristo?” Y responde: “Jesucristo está ahora glorioso en el Cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar”. Es el Misterio admirable de la Eucaristía sobre el que nunca reflexionaremos bastante. La Eucaristía está siempre presente en nuestra vida… Y es necesario ir avanzando más y más, en su comprensión, su importancia, su vivencia, sus consecuencias… hasta que podamos contemplar en el Cielo la hermosura infinita de su gloria.

A eso nos ayuda la Fiesta de Corpus.

El Jueves Santo, centrábamos nuestra atención en la Institución de este Misterio de fe… Ahora,  terminadas las fiestas pascuales, disponemos de un tiempo más amplio, más  sosegado, para celebrar y reflexionar sobre el Misterio Eucarístico… Nos dice el Catecismo que en la Eucaristía debemos considerar estas tres cosas: Presencia (de Cristo), Sacrificio, y Banquete… En esta fiesta se subraya cada año,  la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, también fuera de la Santa Misa, que hace del Sagrario, el corazón de nuestros templos, de nuestros pueblos y ciudades. Esto se hace,  especialmente, en la Procesión con el Santísimo, en la que, por un trayecto, debidamente preparado, se realza del mejor modo posible, el Misterio admirable de la presencia real de Cristo que vive y camina con nosotros… Y cada año, de los tres en los que se divide la Liturgia renovada del Concilio, se nos presenta un aspecto fundamental de la doctrina eucarística…

El año pasado (A) la Palabra de Dios nos presentaba a la Eucaristía como Banquete, como comida, en la que se recibe a Cristo, “el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura”. Este año (B) se nos invita a celebrar y reflexionar sobre la Eucaristía como Alianza de Dios con los hombres, ratificada en la Sangre de Cristo.

Veamos:

En la vida de los hombres, hay ocasiones en que se hacen necesarios los acuerdos, los pactos, las alianzas. ¡Cuánto hemos oído hablar en los últimos tiempos, de “la alianza de civilizaciones!” ¡Y hace falta garantizar su cumplimiento! Cuántos ejemplos podríamos poner sobre las garantías que avalan los acuerdos, las alianzas. ¡Hasta llegar a la sangre! Dios, en su relación salvadora con nosotros, también se ha valido de estas realidades… En el Antiguo Testamento, se fueron sucediendo distintas alianzas: con Noé, con Abrahán, hasta llegar a la alianza con todo el pueblo elegido, en el Sinaí... En efecto, la primera lectura de este Domingo, nos presenta esta alianza que se realiza a través de Moisés, que presenta al pueblo las condiciones del pacto… Y el pueblo responde: “Haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”. Y Moisés rocía al pueblo con sangre de animales sacrificados… Esto nos da idea de la importancia y gravedad del acuerdo.

El Evangelio nos presenta el Cáliz de la Sangre de Cristo, que se derrama como Sangre de la alianza nueva y eterna…

La segunda lectura nos presenta un comentario acerca de esta alianza: “… Si la sangre de machos cabrios o de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la Sangre de Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo”. Lo peculiar de esta alianza es que se personaliza, se renueva, cada vez que celebramos la Santa Misa en la que se derrama la Sangre de Cristo… Por eso, la Santa Misa nos compromete tanto… En cada celebración, especialmente, al terminar la Liturgia de la Palabra, también tenemos que decir nosotros: “Haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”. Por eso nuestra participación en la Eucaristía tiene que hacernos mejores, más fieles, mejor cumplidores de los términos del pacto… Y eso tiene que reflejarse en la vida de cada día. Los términos de la alianza se refieren al amor a Dios y a los hermanos. Por eso las celebraciones eucarísticas suelen estar relacionadas con algún aspecto de la dimensión caritativa – social de la vida cristiana. Así, en el Corpus, celebramos el Día Nacional de Caridad y el Jueves Santo, el Día del Amor Fraterno. En efecto, reconocer y adorar la presencia de Cristo en la Eucaristía ha de purificar nuestros ojos y nuestro corazón para reconocerle después presente en los hermanos, especialmente, los que sufren…

En este tiempo de crisis, las necesidades de los hermanos se han multiplicado y urgen nuestra caridad que como sabemos, es la mejor forma de justicia… Siempre tenemos delante de nuestros ojos, el reto de la Comunidad de Jerusalén en la que “ninguno pasaba necesidad”. En medio de tantas dificultades y sufrimientos, nos alegra constatar la respuesta de tantos cristianos y de las asociaciones de la Iglesia, especialmente, de Cáritas. Y esto siempre lo tenemos que intensificar…

Ojalá que, en medio de esta gran solemnidad, podamos repetir muchas veces, estas palabras de la oración colecta de la  Santa Misa de hoy: Que nos conceda el Señor “venerar de tal modo los misterios de su  Cuerpo y de su Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros, el fruto de su Redención”. 

¡FELIZ DOMINGO! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! 


Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Espiritualidad
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