Viernes, 13 de julio de 2012

Reflexión a las lecturas del domingo quince del Tiempo Ordinario - B,  ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 15º del T. Ordinario B                           

Entre todos los discípulos, el Señor “eligió a doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar”. Así lo leemos en el Evangelio. (Mc 3, 14). Jesús forma con ellos una comunidad, que será el origen, el fundamento, el punto constante de referencia del nuevo Pueblo de Dios. En el Evangelio de este Domingo S. Marcos nos presenta a Jesucristo que envía a los apóstoles de dos en dos con una serie de recomendaciones… Deben anunciar, fundamentalmente, que el Reino de Dios está cerca. (Mt 10, 7).  Y Cristo les da unos poderes divinos que son “las señales” del Reino. S. Marcos los resume todos con la expresión “dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos”, que están en el origen de todo mal.Cu do contemplamos esta escena del Evangelio, recordamos y revivimos la llamada que Jesús nos ha hecho a nosotros, a cada uno y a cada una, para que anunciemos la Buena Noticia del Reino por todas partes, con palabras y obras.

 El fundamento de esta misión es el Bautismo y sobre todo, la Confirmación. En efecto, por los sacramentos de Iniciación Cristiana, nos incorporamos plenamente a la Iglesia, que “sale” todos los días, como los apóstoles a predicar la conversión y a hacer el bien a todos. En efecto, “la misión” es el deber fundamental, la razón de ser de la Iglesia… Y ella encuentra su  gozo es anunciar el Evangelio a los pueblos. Y, como miembros de esa Iglesia, cada uno tiene que ver si está cumpliendo esa misión: cómo, cuándo y dónde la cumple. Porque no se trata de un consejo sino de un mandato, un encargo, que nos hace el Señor como última recomendación de despedida el día de la Ascensión. (Mc 16, 15). Y cada uno tiene que cumplirla según su propia vocación. No es lo mismo la forma de cumplirla de un presbítero o de un diácono, que de una madre de familia.

         Ya nos advierte el Vaticano II que en la Iglesia hay “diversidad de ministerios, pero unidad de misión”. (A. A. = Ap. Seglares, 2.

Y nos dice el Evangelio que “ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban”.

“Ellos fueron”, nos dice el Evangelio.

         Y después de los apóstoles, han sido muchos y muchas las que también han salido y continúan saliendo por todas partes, hasta los confines de la tierra.  Cuando, por ejemplo, hay un conflicto en cualquier país del Tercer Mundo y los Medios de Comunicación dan las noticias, enseguida aparecen los misioneros y misioneras que estaban allí desde hacía mucho tiempo, sin que nadie lo supiera.    Pero aparecen también muchísimos de los que se podría escribir: “Ellos no fueron”.  Y esa realidad ha traído unas consecuencias muy grandes y muy graves en el primer mundo, en el tercer mundo y en el cuarto mundo. Porque ya existe en la Sociología un “cuarto mundo”. Por eso hoy hay tantos millones de hombres y mujeres que no han oído hablar nunca de Jesucristo. Y en los países de antigua tradición cristiana se ha descendido tanto, que se habla hoy, por todas partes, de la necesidad de una Nueva Evangelización.

         “Ellos no fueron”.

         Mis queridos amigos y amigas: Que no se pueda escribir en el futuro de nosotros, como en un nuevo evangelio, “ellos no fueron”.


Publicado por verdenaranja @ 19:37  | Espiritualidad
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