Mi?rcoles, 01 de agosto de 2012

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (29 de julio de 2012). (AICA)

San Pablo le decía a los Efesios: “Cristo es nuestra paz: él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba” (Ef. 2, 14). Este texto tiene una primera lectura referida al pueblo de la Antigua Alianza del cual provenía Jesús, pero también podemos hablar de la realidad de ese “muro de enemistad” como algo que compromete el valor de la paz. La enemistad como enfrentamiento acompaña al hombre a lo largo de historia.

La paz es un bien al que todos aspiramos como expresión ideal, sin embargo ella necesita de condiciones que la hagan posible, pertenece al ámbito de la cultura y se construye con nuestra libertad, opciones y educación. A la paz hay que crearla y cuidarla. Es bueno, en este sentido, recordar algunos lemas de la Jornada Mundial de la Paz, con los que la Iglesia ha querido acompañar este camino de docencia y testimonio.

Recuerdo algunos: si quieres la paz, trabaja por la justicia; combatir la pobreza es construir la paz; si quieres la paz, protege la creación, genera una cultura del trabajo, defiende la familia… A la Paz, como vemos, no se la puede decretar ni es consecuencia de nuestro voluntarismo; ella necesita y compromete decisiones que desde diversos ángulos la hagan posible. Esto implica, ante todo, tener ideales y valores claros, pero también estar dispuesto a una renovación sea en lo personal como social. Es común pensar la paz como un equilibrio de fuerzas, esta no es, ciertamente, la paz que derriba “el muro de enemistad”.

Menos, aquel: “si vis pacem, para bellum”, si quieres la paz prepara la guerra. Tampoco esa paz acomodaticia y superficial, que esconde rencores y busca pequeños intereses. El secreto siempre va a pasar por el interior del hombre que es donde se construyen las bases de una sociedad que avance en el camino de la paz. Siempre va a ser un ideal a alcanzar, es cierto, pero aceptemos que estamos lejos y que, por momentos, parece que nos alejamos. Vivimos una realidad de violencia e inseguridad, que es signo de una sociedad enferma.

Las declaraciones y marchas son necesarias, porque al tiempo que expresan repudio son un gesto de solidaridad con la víctima, y un signo de sensibilidad social y de aprecio por la vida; qué triste sería en estos casos la indiferencia. Pero ello ocupa un momento, intenso pero pasajero. ¿Cómo atacar las causas de este deterioro humano y social que nos empobrece? Vuelvo a repetir lo que en la Mesa del Diálogo Santafesino propusimos como principales áreas para elevar el nivel cultural e inclusivo de la sociedad, tan fragmentada y violenta.

Estas áreas son: Familia, Escuela y Trabajo. Veíamos en ellas lugares propios y de gran potencialidad para la formación y transmisión de valores e ideales, como base de una cultura que permita elevar las condiciones de vida de gran parte de la sociedad. Esto nos compromete a todos, pero especialmente a quienes tienen la capacidad y el mandato de generar políticas, a través de las cuales se oriente la inversión y acompañe a estas áreas.

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que esta breve oración nos de fuerzas para derribar ese muro de la enemistad o discordia. Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oración mi bendición en el nombre de Jesucristo, Príncipe de la Paz.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 0:27  | Hablan los obispos
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