Mi?rcoles, 08 de agosto de 2012

Homilía de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, en la Fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2012) (AICA)

Como todos los años el 7 de agosto, Fiesta de San Cayetano, se nos presenta el tema del Pan y el Trabajo como una realidad que hace a la vida y dignidad del hombre. Se trata de una propuesta que orienta, en su virtuosa unidad, la equidad y el desarrollo integral del hombre en la sociedad.

Se acostumbra decir, con un dejo de sabiduría popular, que no llegue el pan a tu mesa sin el esfuerzo del trabajo y, por otra parte, que el trabajo te alcance para llevar el pan a la mesa de tu familia. Ciertamente, el pan se refiere a esa posibilidad real de alcanzar el pleno desarrollo del hombre y su familia, y no sólo a su subsistencia; así, cuando se habla del trabajo, se lo considera como expresión de la dignidad y libertad del hombre. Esta riqueza, sabemos, no proviene de cualquier trabajo.

Sólo cuando se alcanza o valora el significado ideal del pan y del trabajo, podemos decir que nos encontramos en camino hacia una cultura que supera la dádiva como el trabajo precario. Como a todo ideal siempre lo estamos construyendo, pero es necesario decirlo y hacer docencia, para sentirnos en camino. La repetición de una verdad nos ayuda a crecer, porque profundiza su significado.
En un sentido es como la oración, que en su repetición nos ayuda a ahondar la verdad de la fe, permanecer en Dios y crecer en la vida espiritual. Cuando la gente se acerca a san Cayetano, sea para agradecer o pedir a Dios por su intermedio, lo que hace es actualizar en la oración su conciencia de hijo de Dios y su confianza en él. La oración hace a nuestra verdad.

¿Cuáles son los ámbitos primeros de conocimiento, aprendizaje y docencia de esta cultura del trabajo? Creo que la primera respuesta la debemos buscar en lo simple y cercano, por ello les hablaría de la familia y la escuela. Con todo lo que tiene de verdad esta afirmación sería injusto, sin embargo, descargar sólo en ellas toda la responsabilidad, como si a la sociedad en su conjunto no le cabría parte en ella, responsabilidad, diría, que es sobre todo política. Creo que la realidad de la familia y de la escuela merece, por ello, una atención y una ayuda que no siempre reciben. Ante todo ser reconocidas y valoradas, como también prestarles todo el apoyo que necesitan.

Todo gasto en ellas es la mejor inversión. Me refiero tanto a su valoración social, espiritual y cultural, como a todo aquello que haga a su mejor desarrollo. En esto incluyo los bienes materiales que van desde la vivienda, con sus necesarias mejoras en los servicios, hasta los edificios escolares con su implementación educativa y mantenimiento. Adquiere un lugar único y de particular relieve la atención que se debe prestar a las personas, pienso en los padres como en los docentes. Estos primeros ámbitos de una cultura del trabajo son imprescindibles, pero no alcanzan. En una sociedad globalizada las influencias sociales que determinan una determinada cultura, reconoce otras fuentes.

En este sentido pienso que, a los medios de comunicación social con toda su riqueza y necesidad en el mundo de hoy, les cabe una gran responsabilidad respecto a los valores e ideales que hacen a la cultura del trabajo de un pueblo. Sería injusto, por otra parte, atribuirles a ellos todos los males, es la tentación fácil de quién delega responsabilidades, pero no sería correcto no tener en cuenta su influencia en la vida y cultura de la sociedad. Hay un inconsciente colectivo que se va formando y que determina actitudes, tanto en el mundo de lo ético como estético, del que no es ajena la presencia de los medios, es más, en algunos ambientes tienen un influencia mayor.

Desconocer su influencia o minimizar sus efectos no ayuda a plantear el problema, sería un acto de miopía social o política. Creo que en un mundo de libertad se hace necesario, en este campo, llamar a la responsabilidad de productores y anunciantes, como de las autoridades a quienes les cabe un rol institucional. Puede parecer que esto no tiene mucho que ver con la cultura del trabajo, por el contrario, todo tiene que ver con todo. Es peligroso para una sociedad cuando cada parte se siente independiente del todo y no responsable del conjunto.

Es necesaria la autonomía (actuar con su propia ley), pero no una independencia que nos aísla. Por ello, concluiría, que para recrear aquella cultura del Pan y del Trabajo, como ideal que moviliza a nuestra gente a san Cayetano, todos, como sociedad organizada, nos deberíamos sentir parte de un mismo bien común, donde el hombre en su desarrollo integral sea el centro.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor, que nos ha dejado en san Cayetano la referencia de una figura que el pueblo cristiano la ha hecho su Patrono.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 18:50
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