Mi?rcoles, 15 de agosto de 2012

Reflexión de mosneñor Oscar Vicente Ojea, obispo de San Isidro (Miércoles 15 de agosto de 2012). (AICA)

Celebramos con inmensa alegría el día de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos.

Vamos a reflexionar un poquito en la figura de nuestra madre.

Dios es el único que pudo elegir a su madre. Nosotros no elegimos a nuestra madre. Tenemos la madre que tenemos, la queremos, la que Dios nos regaló. Pero él pudo elegir a su madre. Y eligió a la más humilde de todas las criaturas. En esto radica la belleza de la Virgen, en su humildad. Nadie como María sabía que era nada delante de Dios, cero delante de Dios. El Señor captó esa realidad, desde toda la eternidad, entonces la eligió para poder habitar entre nosotros.

María abrió su corazón y abrió su seno para poder entregarnos a Jesús, para que Jesús habitara en ella, Jesús se encarnara y pudiera caminar con nosotros el camino de la vida. Hacer con nosotros el camino de la vida.

Entonces, el día de la Asunción qué significa. Significa que Jesús le quiere agradecer a su mamá como lo recibió a él en la tierra. Entonces él la recibe gozoso en su casa del cielo.

Como si le dijera “mamá, abro mis brazos para recibirte, para agradecerte todo lo que hiciste por mí. ahora vení conmigo, este mundo te pertenece”.

Celebramos con alegría a María, que es la primera de los resucitados.

Ella por los méritos de la pasión de Jesús, de antemano actúan esos méritos y hacen que la Virgen, desde allí, pueda ejercer una tarea extraordinaria para con nosotros.

María se va pero no nos deja. María es más madre que nunca. María fue madre cuando acompañó a Jesús, fue más madre al pie de la cruz, porque allí nos recibió, nos adoptó como hijos. Y es plenamente madre, ahora desde el cielo, junto a su hijo, de la casa del cielo, porque está intercediendo por nosotros. María se preocupa, como se preocupó en las bodas de Caná, de cada detalle, de los que nos pasa y todo eso que nos pasa, en el corazón y en el cuerpo, se lo transmite a su hijo, se lo presenta a su hijo. Toda esa mediación de María es extraordinaria para poder llegar a su hijo. Así como ella nos trajo a su hijo, nos acercó a Jesús, así también ahora ella acerca a Jesús aquellas cosas que ella sabe, que ella conoce. Y la sabe por experiencia propia, porque María es criatura. María es lo mejor de nuestra creación. María es como nuestro representante más noble que tenemos en el cielo. María es de nuestra estirpe, de nuestra raza, de nuestro linaje y por eso mismo sabe cómo presentarle a Jesús aquellas cosas que duelen y aquellas cosas que espera el corazón humano.
Que tengan un feliz Día de La Asunción. Compartamos con gozo este camino de María que hoy se abraza para siempre con Jesús en el cielo, no para desentenderse de nosotros sino para estar cada vez más cerquita ejerciendo su maternidad.

Abramos nuestro corazón a ella y pongamos delante todo lo que somos para que ella lo bendiga, lo asuma y lo presente al corazón de Jesús.

Que la Virgen los bendiga y la Virgen los cuide y los proteja.

Mons. Oscar Vicente Ojea, obispo de San Isidro


Publicado por verdenaranja @ 23:00  | Hablan los obispos
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