Mi?rcoles, 22 de agosto de 2012

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario por el Día del Catequista (20 de agosto de 2012). (AICA)

Queridos hermanos:

Hoy celebramos el día del catequista, conmemorando la fiesta de San Pio X, el 21 de agosto. Por eso nos reunimos con alegría esta tarde, invitados por la Junta de Catequesis de la Arquidiócesis, por lo que deseo saludar a todos los catequistas en su día. Al mismo tiempo, también saludo a la nueva Junta de Catequesis, que ha asumido la tarea en este trienio; a la vez que agradezco a todos los que trabajaron en la Junta durante el período precedente, así como a los que participaron en el reciente Congreso de Catequesis.

“Con el corazón se cree”
La primera lectura que escuchamos nos dice que: “con el corazón se cree,… y con la boca se confiesa” (Rom.10, 10). Es el camino que señala San Pablo, y que se resume en el anuncio de la predicación y de la la profesión de fe: “si confiesas con la boca que Jesús es el Señor, si crees de corazón que Dios lo resucitó de la muerte, te salvarás” (Rom. 10, 9). Esta enseñanza se contrapone a lo que decía el profeta Isaías: “este pueblo se me acerca con la boca pero su corazón está lejos de mi” (Is. 29, 13); y a la vez nos ilumina para vivir como creyentes.

Para seguir a Jesucristo, necesitamos recibir el anuncio de la Palabra de Dios, y creer con el corazón. Por eso el Papa Benedicto XVI, al convocarnos a celebrar el año de la Fe, que comenzará el 11 de octubre, nos dice que se cruza el umbral de la puerta de la fe “cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma” (Porta Fidei, 1).

Necesitamos que el corazón, “auténtico sagrario de la persona”, esté abierto por la gracia para aceptar y comprender la Palabra de Dios (cfr. ibidem, 10), y asimilarla en nuestra vida.

De esta manera, hoy pedimos como los Apóstoles: auméntanos la fe “(Lc.1,17); sabiendo que «La obra de Dios es ésta: que crean en el que Él ha enviado» (Jn 6, 29). Creer en Jesucristo es el camino para llegar a la salvación; gustando el alimento de la Palabra de Dios, transmitida por la Iglesia, y recibiendo el Pan de la vida, ofrecido como el sustento de cada día (cf. Jn 6, 51) (cfr. Ib. 3).

También para evangelizar es indispensable la fe, es necesario que nos encontremos con Él (Dios es caridad, 1), y como la mujer samaritana del Evangelio, lo podamos dar a conocer. Esta es la misión de la Iglesia: evangelizar y “transmitir la fe”; anunciar a Jesucristo, como Señor y Salvador, Redentor de los hombres.

El hombre de hoy tiene necesidad de escuchar el mensaje de Jesús
El hombre de hoy tiene necesidad de escuchar el mensaje de Jesús, tiene necesidad, frecuentemente oculta, de escuchar sus palabras, como en el pozo de Jacob, cuando dijo: “si conocieras el don de Dios” (Jn 4,10) (XIII, As. Sínodo, I.L, nº 33). Por esto nos urge evangelizar, más aún, como dice San Pablo: “anunciar el Evangelio …es una obligación” (1 Co 9,16).

La catequesis es uno de los pasos fundamentales de la evangelización; porque contribuye a madurar la fe inicial y educa a cada discípulo mediante el conocimiento de la persona y del mensaje del Señor (cfr. Cath Tradendae, 19). Pero además, la catequesis también, con la ayuda de la gracia, suscita la fe, abre el corazón, prepara a quienes están aún “en el umbral de la fe”. (ibidem).

De este modo, la misión de los catequistas –en sus diferentes niveles– es ser educadores de la fe, tanto de los niños, de los jóvenes y de los adultos, con el fin de iniciarlos en la vida cristiana, madurar en el camino de la fe (cfr. ibidem, 18). Esta es la tarea que la Iglesia les encomienda a ustedes, queridos catequistas, ya sea en la catequesis de iniciación o permanente.

Hoy agradecemos a Dios por nuestros catequistas, y queremos afianzar todo lo que ustedes realizan en las parroquias, capillas y colegios de nuestra iglesia arquidiocesana, donde colaboran junto a mi y con los sacerdotes, enseñando y acompañando de cerca el crecimiento del tesoro de la fe y transmitiendo la verdad de Jesucristo.

Como dijimos, el Santo Padre convocó a toda la Iglesia a celebrar el Año de la Fe, al cumplirse cincuenta años del inicio del Concilio Vaticano II y veinte de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Por eso vamos a celebrar con gozo este Año; particularmente sabiendo que formamos un solo cuerpo, como pide el Señor en el Evangelio que proclamamos, y que nos une en la comunión:: “que todos sean uno, como Tú Padre, estás en mi y Yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea”. Unidos en la Trinidad: con “el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación”; con “Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo”; y con “el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor” (Porta Fidei,1).

Confío que la convocatoria del Santo Padre al Año de la Fe nos va a ayudar a afianzar y renovar el entusiasmo de esta misión; y por eso lo vamos a vivir a través de las orientaciones que nos va a ofrecer la Iglesia.

Ahondar el conocimiento del Catecismo de la Iglesia Católica
En este Año particularmente nos proponemos ahondar el conocimiento del Catecismo de la Iglesia Católica, que nos permite formarnos en profundidad de los contenidos de la fe.

Este compromiso no disminuye la importancia del acontecimiento y del encuentro con Jesús, al contrario es una ayuda para conocerlo más, particularmente, para quienes se preocupan por la formación de los cristianos y los programas de la catequesis de iniciación, así como un verdadero instrumento de apoyo a la fe y para preparar la celebración de los sacramentos; sin dejar de tener presente para profundizar el primer anuncio entre quienes no conocen a Jesús o se han olvidado de Él.

Deseo agradecer a los catequistas por su entrega generosa del tiempo, por sus esfuerzos, y por el acompañamiento en la transmisión de la fe, particularmente para recibir los sacramentos y vivir como cristianos.

Puesto que San Pío X nos enseñó que “cuantas veces se nos anuncia la gracia que vamos a alcanzar, nuestro Salvador aparece junto a su Madre” (S.Pio X, “Ad diem illud laetissimum, nº 6), confiemos particularmente a la Santísima Virgen del Rosario, la misión catequística de nuestros sacerdotes, religiosos, religiosas, y de cada uno de ustedes, con quienes contamos, y de todos nuestros catequistas.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


Publicado por verdenaranja @ 21:41  | Homil?as
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