Viernes, 31 de agosto de 2012

Reflexión a las lecturas del domingo veintidós del Tiempo Ordinario B, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo eol epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 22º del T. Ordinario B 

De nuevo volvemos a S. Marcos. Lo habíamos dejado cinco domingos, para acercarnos a escuchar, a reflexionar y a contemplar el Discurso del Pan de Vida, que recoge S. Juan en el capítulo 6º de su Evangelio. El texto de este domingo (que conviene leer sin los recortes litúrgicos) trata de resolver y realmente lo hace, el tema que llamamos nosotros de la pureza o impureza legal, que nos encontramos a cada paso en la S. Escritura. Uno de los objetivos del creyente de cualquier religión es, precisamente, agradar a Dios, ser puro e irreprochable en su presencia, servirle con un corazón limpio… Pero éste no era el sentido que tenía para los fariseos y escribas: Para ellos todo se reducía a una pureza externa, ritual, legal. Estos se acercan a Jesucristo para hacerle una pregunta muy concreta: “¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras (es decir, sin el lavado ritual de manos) y no siguen la tradición de los mayores?”. Jesús les responde, citando a Isaías, que había profetizado sobre ellos, diciéndoles:

* Que no practican la verdadera religión de Moisés, porque honran a Dios sólo con los labios, mientras  su corazón está lejos de Él…

* Porque el culto que le dan está vacío pues han dejado la Ley Santa de Dios (1ª Lectura) y la han cambiado por preceptos humanos.

Y concluye: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”

¡Qué importante esta reflexión para tantas ocasiones en que, en la existencia cristiana, se le da más importancia a esta o aquella tradición o costumbre que a los auténticos valores cristianos. Y el evangelista, que quiere resolver de una vez el problema, alude a otra ocasión en que Jesús trata  el mismo tema, y dice:  Nada  que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina”. (“Con esto declaraba puros todos los alimentos”).

El corazón, por tanto, es la clave. Y añade: “Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.

Jesucristo ha venido al mundo, precisamente, para arrancar al hombre de toda impureza y de todo pecado y para llevarle al culto verdadero del Dios vivo (Hb 9,14) y a la práctica de la verdadera religión, que radica en el corazón del hombre. Y Él es el modelo, el prototipo y el camino de todo hombre que quiere vivir así.

La primera Lectura nos presenta  los preceptos que Dios dio a Moisés y que constituyen el camino para practicar la verdadera religión y el verdadero culto y para conseguir la verdadera pureza interior…

El salmo responsorial es un diálogo precioso entre el salmista y la asamblea eucarística que va preguntando: “¿Señor quién puede hospedarse en tu tienda?” Y el salmista va respondiendo: “El que procede honradamente y practica la justicia…” etc.

Santiago, en la segunda lectura, nos advierte: “La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo”.

         “Oh Dios crea en mi un corazón puro”.

Esta podría  ser la súplica de este Domingo. 

¡Buen Verano! ¡Feliz Día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 23:10  | Espiritualidad
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