S?bado, 01 de septiembre de 2012

Reflexión de monseñor Oscar Vicente Ojea, obispo de San Isido, sobre la familia y la fe (Agosto 2012). (AICA)


Había un filósofo que en el siglo pasado decía “siempre decimos que no tenemos tiempo para nada, pero cuando tenemos tiempo, no tenemos nada para el tiempo”.Qué importante es saber aprovechar ese tiempo libre. En la sociedad en que vivimos, cada vez es menor, por el modo de distribución del trabajo, por el poco tiempo que podemos estar con nuestros chicos, pero ese tiempo, aunque sea pequeño, mínimo, vale lo que no valen muchísimas horas en el colegio. Cinco minutos de un chiquito con su papá, que le está preguntando cómo le fue en la tarea, cómo le fue en el colegio, quiénes son sus amigos, qué es lo que hizo en el día de hoy, y cómo le fue. Esos cinco minutos valen muchísimo más que miles y miles de horas de clase.

Lo mismo con la mamá, esa presencia que agrega cualidad y sobre todo, escucha. Si yo pudiera aprovechar el tiempo para escuchar más a mi hijo, a mi hija, necesita ser escuchada. Y si no me habla, la compañía, buscar una alternativa nueva, salir a un lugar distinto, no estar hablando siempre dentro del mismo ámbito, esto ayuda muchísimo a la comunicación, para que nuestros hijos se sientan importantes, como realmente lo son, se sientan considerados y queridos por nosotros. Qué común es el ejemplo contrario, “no tenemos tiempo para nada”, “cuando llego a casa ya no puedo más”, “ya no escucho a nadie y al día siguiente me tengo que ir”, “tengo tanto que hacer, “tengo que trabajar”. Es verdad, tenemos mucho que hacer y tenemos mucho que trabajar, pero desde el punto de vista del amor, del amor verdadero, tenemos esta responsabilidad de escuchar y dialogar con nuestros hijos. Esto es indispensable para la vida porque de este diálogo va a depender, posiblemente, el futuro, la alegría de nuestros chicos.

En nuestra familia también aprendemos el sentido de la fiesta, el sentido de la celebración.
Qué importante es aprovechar los cumpleaños para poder manifestar la alegría “de que existís”. Decir feliz cumpleaños es decir “me alegro de tu existencia” “me alegro de que estés con nosotros” “me alegro de tu vida” “qué alegría me diste cuando naciste” “qué alegría me seguís dando ahora que seguís creciendo” “qué alegría me das cuando veo que vas aprendiendo, que te vas desarrollando, que vas creciendo en el camino de la vida, que vas tomando decisiones” “feliz cumpleaños”. Poder celebrarlo, pero celebrarlo de un modo creativo, de un modo afectivo, cariñoso.

El sentido de la fiesta. El hombre no solamente vive sino que celebra la vida, necesita celebrar la vida, necesita detenerse para que esa vida sea mirada, sea contemplada.

Busqué los días de cumpleaños para no decir los aniversarios, cuidar los aniversarios, aniversarios de bodas. Este aniversario de mi bautismo, el 31 de octubre, qué bueno sería, yo se que es muy difícil, que nos acordemos del día en que nacimos a la fe, el día en que nosotros se sembró la primera semilla, la semilla de la fe. Que bueno sería hacer tradición de esto y recordar este aniversario. Y así los aniversarios más importantes, los acontecimientos más importantes. Poder traerlos y celebrarlos nos hace crecer como personas y nos recuerda la primera misión de la familia que es ser formadora de las personas. En la familia nos hacemos persona, aprendemos a ser amados y aprendemos a amar y allí se va construyendo la persona, esa singularidad, ese ser único, ese yo mío que Dios me dio y que yo lo hago crecer a través del amor y del ejemplo de mis padres, la compañía de mis hermanos y de aquellos que tengo cerca, mis abuelos. Qué importante es, en familia, esta formación personal, singular, del ser único e irrepetible que cada uno es, aprender a ser valorado. Formadora de personas. Decía también Juan Pablo, en su carta sobre la familia, además de ser formadora de personas, la familia es educadora en la fe. La familia es la madre de nuestra fe, no solamente ella nos ha llevado al bautismo sino que ella nos va educando en los motivos fundamentales de la vida. Y la fe es lo que le da sentido a al vida, la fe es lo que motiva nuestra vida, esta unión profunda con Dios que solamente se aprende de verdad en el seno de la familia.

Y, finalmente, decía Juan Pablo, no solamente formadora de persona, educadora en la fe y en los valores auténticos, sino también, es promotora del desarrollo. Porque la familia es una ventana a la vida. Según sea mi socialización en la familia, aprendo mis primeras relaciones, con mis padres, con mis hermanos, aprendo a intercambiar con aquellos seres más cercanos. Según sea esa relación, también va a ser después, mi vínculo social, mi apertura a la sociedad y mi espíritu de servicio para descubrir el don con el cual yo puedo servir a mis hermanos.

Que podamos ir creciendo en nuestra vida familiar y que Dios bendiga a cada una de nuestras familias y les conceda una armonía, una unidad muy grande y una conciencia de lo que significan para cada una de las personas que la integran.

Que Dios los bendiga

Mons. Oscar Vicente Ojea, obispo de San Isidro


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Hablan los obispos
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