Viernes, 19 de octubre de 2012

Reflexión a las lecturas del domingo veintinueve del Tiempo Ordinario  B ofrecida por el sacerdote don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo 29º del T. Ordinario B 

Camino hacia Jerusalén, Jesús les anuncia por tercera vez a sus discípulos su Muerte y Resurrección. La Liturgia de la Iglesia subraya hoy este tema: En el Evangelio se destacan estas palabras de Cristo: “El Hijo del Hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos”.

La primera lectura nos presenta un fragmento del Cántico del Siervo de Yahvé, en el que nos anuncia que Dios quiso triturarlo con el sufrimiento, que cargará con los crímenes de todos, y entregará su vida como expiación. Por lo cual, la segunda lectura, de la Carta a los Hebreos, nos dice: “Por eso, acerquémonos con seguridad al Trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente”. Cómo contrasta el anuncio de la Pasión del Señor con la pretensión de los hijos de Zebedeo: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Mientras Jesucristo les habla de sufrimientos y de entrega hasta la muerte, ellos hablan y discuten quién va a ser el más importante en el Reino, hasta que llegan a pedirlo abiertamente.

Si observamos la reacción de los Doce a los tres anuncios de la Pasión, comprendemos hasta que punto los discípulos estaban ajenos y eran contrarios a esa realidad: “No entendían nada y les daba miedo preguntarle”(Mc 9,32). La pretensión de S. Marcos no es, por tanto, dejar en buen lugar a los discípulos, sino contar lo que realmente había sucedido y que convenía que conociera la comunidad o comunidades a las que dirige su evangelio. Nos dice el texto: “Los otros diez al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan”.

Pero Jesucristo resuelve la cuestión para siempre, diciéndoles  que en el Reino las cosas no funcionan como entre los jefes de los pueblos, que los tiranizan y los oprimen: “Vosotros nada de eso”, dice. “El que quiera ser grande, sea vuestro servidor y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

Hace algunos domingos (Dom. 25º), reflexionábamos sobre todo esto, comentando lo sucedido después del segundo anuncio de la Pasión. Jesús nos trazaba el verdadero camino para ser grandes e importantes en el Reino: Servir y dar la vida. Este es el espejo en el que tenemos que mirarnos con frecuencia los cristianos y la Iglesia entera en nuestro esfuerzo por ser verdaderos discípulos de Jesucristo.

El DOMUND nos presenta en esta Jornada toda una problemática que no es ajena, ni muchos menos, a la Liturgia de este domingo. ¿Los misioneros qué otra cosa hacen que servir y dar la vida? ¡Cuántas reflexiones podríamos hacer aquí!

Y no tenemos que agobiarnos si no podemos “presumir” de servir y dar la vida, porque eso es un don de Dios, que Él concede a los que se lo piden con fe y perseverancia, y con un deseo sincero de conseguirlo.

Hoy podemos hacerlo con las palabras del salmo responsorial: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”.


Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Espiritualidad
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