Domingo, 11 de noviembre de 2012

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en el programa radial Compartiendo el Evangelio (4 de noviembre de 2012). (AICA)

Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?". Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos".
El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas (San Marcos 12,28b-34).                       


Es muy importante este Evangelio ya que nos coloca frente a dos realidades que son una única verdad: el amor a Dios y el amor a nuestro prójimo. Y curiosamente, ambos amores están debilitados y resquebrajados. Por eso el Papa, Benedicto XVI, en este Año de la Fe, invita al mundo y a la Iglesia a renovar la fe para poder descubrir el verdadero amor de Dios y el verdadero amor a nuestros hermanos.

Ambas realidades, el mundo y la Iglesia, están debilitadas. Se ha ido perdiendo la fuerza de la motivación, la fuerza del sentido y por eso, entonces, no se le es capaz de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y con toda la fuerza. A Dios se lo cambia por cualquier cosa “opinable”; a Dios se lo reduce a “lo que tengo ganas de hacer”; el relativismo; lo individual; el “sólo por hoy”; el modo fragmentario de vivir, de mar y de proyectar; el “no para siempre”; eso está muy presente.

Pero también repercute e incide en el comportamiento social, en el comportamiento fraternal y por eso no se ama en serio a los demás; por eso las relaciones y los vínculos son sólo por hoy, un tiempo nomás, todo es relativo, todo es subjetivo, todo es meramente individual y una especie de comercio: doy y me dan, me dan y doy, pero no hay nada gratuito y nada para siempre.

En el Año de la Fe, el Papa nos invita a pasar por este umbral, por esta puerta, para volver a descubrir nuestra vocación y poder decir “¡escucha Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor!” y lo queremos amar con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y con toda la fuerza. Pero también este amor se concreta e incide en el amor a nuestros hermanos hasta las últimas consecuencias.

El Año de la Fe nos vuelve a despertar la vocación profunda; y si nosotros no la descubrimos y no nos ponemos en marcha, vamos a perder el tesoro más grande de nuestra vida: Dios y nuestros hermanos. ¡No pierdas el tesoro de tu vida! ¡Búscalo, síguelo, compromételo y da señal de que lo has encontrado!

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


Publicado por verdenaranja @ 19:38  | Hablan los obispos
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