Mi?rcoles, 28 de noviembre de 2012

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (24 de noviembre de 2012) (AICA)

Al finalizar el año litúrgico celebramos la Solemnidad de Cristo Rey. En ella afirmamos una verdad de fe que encierra una dinámica que nos involucra y nos habla de una realidad actual, que siempre está en camino hacia su plenitud. Mi Reino no es de este mundo, nos dice el Señor, pero la vida de este Reino ya está presente en su Persona. Desde Él y con Él, el Reino de Dios se nos ofrece como una presencia que ilumina y transforma la realidad.

La misión de la Iglesia en el mundo es estar al servicio del Reino, es decir, caminar la historia predicando y llevando la realidad de esta Vida Nueva que ha inaugurado Jesucristo. Ella no puede instalarse como un reino de este mundo, sino como presencia y signo de una realidad que enriquece y orienta al hombre hacia su plenitud. La fe nos hace testigos y peregrinos del Reino de Dios. Esta es nuestra riqueza y responsabilidad.

Como vemos, la fe cristiana no es un esperar que el mundo cambie sino, por el contrario, asumir y comprometerse con la Vida y el Mensaje de Jesucristo para transformar y orientar la vida del hombre en este mundo, en camino hacia su verdad plena. El hombre, cada hombre, es un ser único destinatario del Reino de Dios. Jesucristo no es, por ello, algo accesorio para el hombre, sino la posibilidad de encontrar el camino y el sentido pleno de su vida. ¿Cuáles son los valores del Reino de Dios llamados a iluminar la vida del hombre y de la sociedad?

La liturgia de hoy nos dice que es un: “Reino de la verdad y la vida, Reino de la santidad y la gracia, Reino de justicia, de amor y de paz”. ¿Es posible comenzar a vivir la realidad de este Reino en lo concreto de este mundo, herido por las consecuencias del pecado que es mentira, corrupción y muerte? El Reino de Dios, por otra parte, no es el ideal de una utopía sin raíces, sino una realidad actual que se hace Vida Nueva en el encuentro con Jesucristo. La riqueza de la fe, que tiene por objeto la persona de Jesucristo, es la que da sentido y purifica la realidad de este mundo.

Por ello, nuestra pertenencia al Reino de Dios no nos debe aislar del mundo, al contrario, nos debe comprometer más con él porque es el destinatario de la presencia de Jesucristo: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único” (Jn. 3, 16). En este mismo sentido san Pablo nos recuerda, refiriéndose a toda la realidad creada: “Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo, como Cristo es de Dios” (1 Cor. 3, 22-23). Lo importante, lo que califica nuestra presencia en el mundo es, precisamente, nuestra pertenencia a Cristo.

El Reino de Dios se hace presente como una gracia que nos transforma y que, al mismo tiempo, nos compromete a vivir y a trabajar para que su riqueza eleve la realidad del mundo. En este diálogo entre Dios y el mundo, que alcanzó en Jesucristo su momento mayor y definitivo: “La Iglesia se pone concretamente al servicio del Reino de Dios, ante todo, anunciando y comunicando el Evangelio de la salvación y constituyendo nuevas comunidades cristianas” (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 50). La fe en Dios es una gracia, pero también un desafío.

Renovemos en este Año de la Fe nuestro sí a la persona de Jesucristo que nos hace partícipes y testigos del Reino de Dios. Reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor y nuestra Madre de Guadalupe.


Mons. José María Arancedo, Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 23:15  | Hablan los obispos
 | Enviar