Lunes, 10 de diciembre de 2012

Palabras del sacerdote Don Sebastián García Martín al recibir el título de hijo adoptivo del municipio de La Guancha el 9 de Octubre de 2012.

Señora Alcaldesa doña Elena, Señores Concejales del Excelentísimo Ayuntamiento de La Guancha, Sr. Vicario General  Don Antonio Manuel, señora Alcaldesa de San Juan de la Rambla doña Fidela, Sr. Alcalde de Icod de los Vinos Don Juan José, Hermana Mayor de la cofradía de la Santa Pasión doña Isolina, compañeros sacerdotes, Director de Caritas Arciprestal de Icod Don Lorenzo, familiares.

Señoras y señores

Permítanme dar las gracias a la señora Alcaldesa Doña Elena Luis Domínguez y a la Corporación del excelentísimo Ayuntamiento de La Guancha por el gran honor que me han concedido al otorgarme el título de Hijo Adoptivo del municipio

Extiendo esta gratitud a los que me han recomendado para concedérmelo, especialmente a la cofradía de la Santa Pasión de la parroquia El Dulce Nombre de Jesús.

Gracias a la Comisión Informativa Instructora por su propuesta favorable.

Gracias también a la Comisión Informativa de Educación, Cultura, Deportes, Sanidad, Servicios Sociales, Participación Ciudadana, Festejos y Protocolo por su dictamen favorable.

Es para mí una gran satisfacción recibir este título porque sé que procede del cariño y el reconocimiento de un pueblo y sobre todo de unos feligreses a los que quiero, y esto del afecto se nos acrecienta más, cuanto más nos sentimos correspondidos.

Cuando tuve conocimiento de la noticia, lo primero que hice, después de salir de tan impactante sorpresa, fue acudir al diccionario y leí:

“Todo Ayuntamiento, puede conceder a un ciudadano El Título de Hijo, y sólo podrá recaer en quienes no habiendo nacido en el Ayuntamiento otorgante del Título, hayan destacado de forma extraordinaria por sus cualidades o méritos personales o servicios prestados en beneficio y honor del pueblo y hayan alcanzado consideración indiscutible en el ámbito de lo público”.

Realmente quedé sorprendido ante las frases “destacar de forma extraordinaria” o “considerable consideración”. Más sorprendido quedé al recibir la comunicación oficial de Doña Elena que se expresaba de la siguiente manera: “…Por su incansable labor en pro de la restauración y conservación del Patrimonio Histórico-Artístico y religioso del municipio, en especial el templo parroquial de El Dulce Nombre de Jesús en sus treinta y cuatro años al frente de dicha parroquia”.

Mi sorpresa procede sobre todo al recibir elogio de haber hecho lo que era normal para mí. Sé que este pueblo ha distinguido a personas como a Ángeles Machado, Domingo Hernández, Juan Luis, Hipólito Sinforiano y Cristóbal Barrios. Y también hay otros nombres como Esteban Dorta, José Velázquez y Alfonso Morales. Todos ellos han destacado por sus cualidades excepcionales en la enseñanza, en la fundación de la Banda de Música y su dedicación a ella, en el terreno de la literatura y poesía dando a conocer La Guancha y sus tradiciones y fiestas, en la donación de la ermita de Coromoto. Pero mi único mérito ha sido haber realizado lo que era mi obligación. Pues, ¿qué párroco no se hubiera puesto a trabajar si al llegar a su parroquia se hubiera encontrado con la situación de un templo que, como se describe en Memoria de Obras Realizadas en 1979-81, tenía: “la nave central con amenaza de desplome y apuntalada, la madera del coro con signos de descomposición, derrames de agua por todo el templo, artesonado en constante deterioro a causa de las goteras, el retablo mayor con un treinta por ciento de pérdidas del dorado debido a las goteras de las aguas de la lluvia, con la desaparición casi en su mayoría de los filos o extremos de las tallas, presencia de agujeros de clavos y de cables eléctricos y repintes posteriores; los mosaicos del piso que sustituyeron a las losas de piedra en el año 1920 en muy mal estado, la instalación eléctrica con peligro de incendio, techo de la sacristía con goteras y amenazando ruina”?. Después se comprobó que era cierto: el artesonado de la nave central estaba a punto de derrumbarse y con él todo el templo.

O, ¿qué párroco no se hubiera movido a emprender la tarea de restauración del retablo del Altar Mayor considerando la generosidad de una feligresa que le entrega en su mano, en 1988, un millón de pesetas en billetes de cinco mil que había ido reuniendo a espaldas de su marido para ese fin? El costo fue de cuatro millones, pero se restauró. 

¿Qué párroco no se hubiera puesto a restaurar el retablo del Rosario cuando en las catas hechas empezaron a aparecer las caras de los arcángeles, las flores y el policromado… donde habíamos visto siempre las generaciones presentes tablas pintadas de marrón? Y así, y junto a mi continuidad en la parroquia, todo lo demás hasta llegar al campanario del siglo XVIII rescatado este mismo año.

Ya me sentí bastante recompensado cuando los historiadores y autores del libro Fuente de la Guancha, don Estanislao González y González y don Eduardo Espinosa de los Monteros y Moas, dedicaron a mi persona al comienzo de dicho libro estas palabras “Nuestro reconocimiento a… primer impulsor de esta obra sin cuyo tesón la Fuente de la Guancha no sería hoy una realidad”, y emplearon siete páginas describiendo y resumiendo las obras realizadas hasta 2004 estando de párroco. Dicho sea de paso, en palabras de Sebastián Matías Delgado Campos, presentador del libro en Agosto de 2005, este libro viene a ser algo así como la Biblia de este municipio, un tesoro para consultar y leer pausadamente, sin prisas y saboreándolo en todo su contenido”. ¡Cuánto alivio supuso para el archivo parroquial! La publicación de un libro que recogiera toda la información guardada en el Archivo Parroquial desde finales del siglo XVI fue una de las aspiraciones mantenida junto con el Mayordomo de la Virgen de la Esperanza durante más de diez años. Por eso la aparición de la “Fuente de la Guancha” ha sido uno de los momentos más gratos de mi estancia en la parroquia: Tres partes de él dedicadas a la historia religiosa de este pueblo. Nunca agradeceremos suficientemente a doña Elena y al ayuntamiento el interés para su publicación.

Quiero confesarles que en lo que se ha logrado en el patrimonio religioso de este pueblo, he tenido que hacer frente a muy poca dificultad. Las obras me han puesto en relación con muchos feligreses a los que me une una gran amistad. Muchos de ellos han sido mis pies, mis ojos y mis manos, para que el templo parroquial recobrara su antiguo esplendor, deteriorado por el paso del tiempo y por actuaciones en el pasado con muy buena voluntad pero poco afortunadas. Personas que han estado a mi lado. Detrás de cada actuación ha habido muchos nombres, muchas personas, algunas ya fallecidas y a las que estoy muy agradecido. Y junto a ellas muchas excursiones, cenas benéficas, venta de lotería… Sin su apoyo todo hubiera sido imposible. Este homenaje es también para ellas. Y no olvido a las instituciones que nos respaldaron con su asesoramiento y ayuda económica como el Obispado, el Ayuntamiento de La Guancha, el Cabildo de Tenerife y la Caja Rural.

Pero no todo ha quedado en lo material. Los que me han escuchado semana tras semana saben que las palabras “el celo de tu casa me devora”, que hoy nos ha recordado la liturgia en el Evangelio de la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán y que han sido punto de referencia desde 1993, no se referían solo al templo material. Cuántas veces nuestra reflexión se trasladaba, como comenta San Cesáreo de Arlés en esta fiesta: “Dios no solo habita en templos construidos por hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen y semejanza de Dios y construida por él mismo que es su arquitecto y por eso, continua el santo, debemos disponer nuestras almas de modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando acudimos a ella”. Las restauraciones nunca constituyeron obstáculo para el desarrollo ordinario de la pastoral parroquial y de las celebraciones, tanto en esta parroquia como en la de San José de San Juan de la Rambla. Es más la implicación de muchos en las diversas actividades ha hecho dar el salto a la implicación en la pastoral, convirtiéndose la parroquia, con el paso de los años, en una comunidad viva.

Por tanto a partir de ahora quedo doblemente vinculado al Pueblo de La Guancha: primero porque en él he pasado la mitad de mi vida presidiendo in persona Christi las celebraciones y fiestas litúrgicas. He sido testigo de muchos matrimonios, he bautizado a sus hijos, he despedido a tantos que se han ido al cielo. Aquí he permanecido en el día a día, durante treinta y cuatro años, aprendiendo, corrigiendo, aconsejando.

En segundo lugar por este título, que lo considero un reconocimiento público de lo que he procurado vivir entre ustedes, esto es, como un hermano y que desde ahora me obliga a serlo y a no dejar de tenerles en cuenta, sobre todo en mis oraciones.

Termino reiterando mi agradecimiento a las autoridades y a todas las personas que están aquí acompañándome.

9 de Octubre de 2012

Sebastián García Martín


Publicado por verdenaranja @ 20:15
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