Lunes, 10 de diciembre de 2012

Palabras de agradecimiento del sacerdote Don Sebastián García Martín por concesión de medalla de oro de la Villa de San Juan de la Rambla el 6 de Noviembre de 2012.

Señora Alcaldesa doña Fidela,
Señores Concejales del Excelentísimo Ayuntamiento de San Juan de la Rambla

Un saludo al

Señor Delegado del Clero Don Fernando,
Rector del Santuario del Cristo de La Laguna Don Carlos,
Sr. Cura Párroco de San José Don Francisco Javier,
Sr. Cura Párroco de San Juan Bautista Don Arsenio,
Sr. Cura Párroco de Buenavista Don Miguel,
Concejales del Ayuntamiento de la Guancha,
Familiares y amigos.

Gracias por haber hecho el esfuerzo de estar presentes en este acto.

No es tarea fácil expresar con palabras adecuadas el agradecimiento al gran honor y privilegio que representa para mí la concesión de esta Medalla de Oro de la villa de San Juan de la Rambla. Jamás pasó por mi mente que pudiera ser objeto de una distinción como ésta. Conocida la noticia, repetidas veces el señor concejal Don Cayetano recibió mi llamada interrogándole sobre su veracidad e instándole, de ser cierto, a que rectificaran su decisión. Siempre había creído que las medallas de oro se otorgan a personas que destacan de forma extraordinaria o a campeones de competiciones como los juegos olímpicos o incluso se conceden a los mejores alumnos de una promoción. No logro encontrar razones que me justifiquen con claridad los méritos para esta concesión.

La señora Alcaldesa Doña Fidela Velázquez Manuel y la Corporación Municipal de la villa de San Juan de la Rambla han entendido que yo debería ser portador de esta distinción, y la acepto con satisfacción, pero lo hago considerando que se trata de un reconocimiento a la tarea pastoral de todos los sacerdotes que durante estos últimos 49 años han presidido la parroquia de San José y la de todos aquellos que durante siglos atendieron con dedicación y entrega las necesidades espirituales de estos barrios altos del municipio pertenecientes a la parroquia de San Juan Bautista. Permítanme considerarla como un signo de esa otra medalla “incorruptible” que un día espero alcanzar de la misericordia de Dios por haber participado en “la carrera” de la fe. Vaya también esta distinción a las personas, fieles de la parroquia de San José, que durante estos treinta y cuatro años han corrido conmigo, han participado de mi carrera, como recuerda San Pablo “Corred para que lo obtengáis” (1Cor 9, 24-27). San José ha sido nuestro gran “compañero de viaje” y esto ha supuesto una gran responsabilidad, porque “No se puede estar muy cerca del gran fuego y sentir frío, o cerca del mejor perfume y oler mal, o cerca de la gran fuente y morir de sed”.

La señora alcaldesa acaba de presentar un elogio de mi persona. Aunque las alabanzas son siempre agradables, no siempre son del todo verdaderas. Todos los vecinos de San José me conocen y han tenido ocasión durante treinta y cuatro años de tomar buena medida de mis cualidades y de mis defectos.

Qué buenas personas son ustedes. Convocadas y reunidas aquí esta tarde con la finalidad de homenajear a un sacerdote. Y es que no tengo otro título. La única razón de mi larga estancia entre ustedes ha sido por ser sacerdote. Y la decisión no la tomé yo. La providencia de Dios, expresada por el entonces obispo Don Luis Franco Cascón, me trajo hasta aquí y a la vecina y limítrofe parroquia de El Dulce Nombre de Jesús de La Guancha y como profesor de Religión y Moral Católica en el Instituto de Segunda Enseñanza de Icod de los Vinos. Ese fue mi nombramiento y ése el único título que puedo alegar ante ustedes. Ojalá que pudiera haber hecho mía la reflexión de San Juan María Vianney: “El sacerdote es algo tan grande que si se comprendiera a sí mismo habría muerto, no de miedo sino de amor”.

Entré en la parroquia en la Misa de 12 del primer domingo de Octubre de 1978. Yo mismo me presenté y leí el nombramiento ante el grupo de fieles congregados. Aún recuerdo a muchos de ellos. Dios ha querido que permaneciera aquí hasta después de las Fiestas Patronales de San José de Septiembre de 2012, despidiéndome el Lunes de las Fiestas, después de treinticuatro años.

En 1978 sólo habían pasado catorce años que nuestra parroquia se había segregado de la parroquia matriz de San Juan Bautista. Y aunque todos los sacramentos ya se celebraban en su templo parroquial (por cierto cuánto costó denominar templo al que siempre se le había conocido como ermita), no obstante algunas celebraciones, como Semana Santa y Pascua, no habían arraigado. De ahí que una de las primeras decisiones fue adquirir una imagen de Cristo Crucificado para una procesión el Viernes Santo. Después vendría la imagen de la Virgen de los Dolores. ¡No sé que tienen las imágenes y las procesiones! Con ellas comenzamos a tener Semana Santa.

Durante los primeros años había algo que nunca me agradaba oír: que la parroquia de San José era de segunda categoría o de menor importancia por depender, decían, primero del párroco de San Juan Bautista y luego del párroco de La Guancha. Por eso me esforcé, en cuanto pude, que trataran de comprender que la parroquia de San José tenía su propia identidad, pero por la escasez de sacerdotes, no era posible uno en cada parroquia. Nunca faltó la presencia diaria del sacerdote y la eucaristía, la catequesis con sus catequistas, la Comisión Parroquial, caritas parroquial, el Consejo Parroquial… como cualquier parroquia.

La pequeñez del templo parroquial constituyó una de las grandes preocupaciones, sobre todo, para las fiestas, entierros, primeras comuniones, bodas…Del interés mostrado por la mayoría de los fieles surgen la Comisión Pro Nuevo Templo y las posibles soluciones: ampliar el templo actual o construir uno nuevo. Descartada la primera opción se opta por la segunda. En esto hacen aparición los acuerdos Iglesia-Gobierno Autónomo concediendo subvenciones para restauraciones del Patrimonio Histórico Religioso y para construir salones parroquiales con una función social. De ella nos aprovechamos para restaurar nuestro templo y para los salones parroquiales. El templo está ya restaurado y muy bien restaurado y conservado (debemos sentirnos orgullosos) y los salones construidos pero todavía no la iglesia nueva. No debemos perder las esperanzas: Contamos con los planos y los cimientos.

Durante este mismo período los barrios más alejados del templo parroquial deseaban expresar su identidad a través de una ermita, una imagen y unas fiestas.

Convencido como escribió Hans von Balthasar que “los santos constituyen el comentario más importante del Evangelio y representan para nosotros una vía real de acceso a Jesús” y son, en palabras de Jean Guitton, como "los colores del espectro en relación con la luz, porque con tonalidades y acentos propios cada uno de ellos refleja la luz de la santidad de Dios”, apoyé la idea de tener una ermita en cada barrio. Primero sería el barrio de Las Rosas con Santa Rosalía y luego el de La Vera con San Felipe Neri y Santa Isabel de Hungría.

Lograron tener su ermita, su imagen y sus fiestas y también su misa dominical. Esto ha convertido a la parroquia de San José con más lugares de culto que sus parroquias vecinas de La Guancha y de Icod el Alto y casi en igualdad con la parroquia matriz de San Juan Bautista.

¿Por qué lo de la Banda de Música? En 1980 el obispo visita la parroquia impartiendo la confirmación a todos los niños desde 8 a 16 años, 292 en total. Supuso un alivio en la catequesis de confirmación y como consecuencia con algún tiempo libre para dedicarlo a ayudar a la Banda de música XIX de Marzo que se encontraba en sus comienzos.

Como ven no he hecho nada de extraordinario.

Por eso doy las gracias en primer lugar a San José con las palabras del programa de fiestas 2012: “Gracias, José, por tu ejemplo durante todos estos años. Fuiste un gigante en la fe, estuviste cerca de Dios y en comunión con Él, amaste como nadie a Jesús y a María. Gracias por tu profunda humildad, porque te negaste a ti mismo para que se afirmaran María y Jesús, porque hiciste de tu vida un poema de amor manifestado en servicio, providencia, en veladas y desvelos, en ternura y oración”.

Gracias a la señora alcaldesa y Corporación Municipal por el gran honor que me han concedido al otorgarme la primera Medalla de Oro del Ayuntamiento de San Juan de la Rambla. Entiendo que es una forma de reconocer y de agradecer mi dedicación al servicio pastoral de la parroquia de San José.

Gracias al Excelentísimo Ayuntamiento de San Juan de la Rambla por haber puesto gratuitamente a nuestra disposición los servicios de la Oficina Técnica en la construcción de los Salones Parroquiales.

Como expresé al principio junto a mí ha habido muchos nombres, muchas personas, algunas fallecidas y a las que estoy muy agradecido. Entre ellas destaco en primer lugar a José Antonio Cruz Alonso, el sacristán, que fue el primero que conocí y permaneció junto a mí durante todos estos años como custodio y servidor del templo. Pido a la comunidad parroquial rinda homenaje a su persona en el próximo cincuenta aniversario de la parroquia a la que sirve desde muy temprana edad. En segundo lugar a Fifa con su carisma especial para animar, convencer y comprometer. Y a Rufina Dorta y a Carmen González por su habilidad en la venta de rifas y lotería y a María José por su dedicación de tantos años a la catequesis.

Gracias Don Manuel Rodríguez González con la Comisión que presidía. Por su tesón y perseverancia tenemos ermita en Las Rosas. Con Ud. visité por primera vez todas las casas de la parroquia. Gracias Dorotea e Isabel. Fuimos testigos de la satisfacción y gozo que su inauguración supuso. La ermita ha sido lugar de encuentro con Dios a través de la veneración de la Santa de Palermo.

Gracias Don Manuel Machado y esposa, familia Álvarez y Juana Martín. Por ustedes,  los fieles de la Vera tienen la suerte de tener como vecino al que se le considera como el más alegre de todos los santos, sacerdote, ingenioso, músico, poeta, extravagante y humorista.  Por ustedes el apóstol de Roma también es nuestro y nos sigue evangelizando con su vida y sus enseñanzas.

Quiero dejar constancia de mi gratitud a todas las personas, miembros de la Comisión Pro Nuevo Templo, Consejo Parroquial, Catequistas, Grupos de oración, Coro parroquial, monaguillos, Comisiones de Fiesta, grupos de limpieza del templo y de las ermitas…Todos ha sido hombres y mujeres buenos, de gran corazón y generosidad, que han dado su tiempo y su trabajo sacrificándose por la parroquia. Sin su colaboración no hubiera sido posible esta distinción. A ellos, tanto como a mí, les corresponde esta Medalla y este reconocimiento.

Y les insto a seguir apoyando al sacerdote con las palabras del Papa Benedicto XVI en la Audiencia del 5 de Abril de 2010 "sabed dar gracias a Dios por los sacerdotes, y sobre todo sed cercanos a vuestros sacerdotes con la oración y con el apoyo, especialmente en las dificultades, para que sean cada vez más pastores según el corazón de Dios".

Y a todos ustedes, que han hecho el esfuerzo de venir, os doy las gracias de todo corazón y les correspondo con un afecto sincero. Verdaderamente los amigos, las personas que nos quieren y a las que queremos son lo mejor de la vida, lo mejor de nosotros mismos, de nuestra identidad, de nuestros recuerdos, de nuestras melancolías. También de nuestras deficiencias.

Gracias a los que ha preparado este acto.

Reitero las gracias a la señora alcaldesa y a su corporación.

6 de Noviembre de 2012

Sebastián García Martín


Publicado por verdenaranja @ 20:19
 | Enviar