Jueves, 27 de diciembre de 2012

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, Arzobispo de Rosario en la Nochebuena de 2012 (24 de diciembre de 2012). (AICA)

Nochebuena de 2012

Queridos hermanos
Hoy es noche buena. Es la noche buena del Año de la fe; que nos invita a creer en el nacimiento de Jesús, y a renovar su venida en la liturgia. Jesús vino hace dos mil años y nació en Belén; viene hoy por la gracia a nuestra celebración; y vendrá al final de la historia.

La fragilidad de un niño es la señal
El Evangelio nos permitió escuchar lo que los ángeles le dijeron a los pastores: « Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tienen una señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre » (Lc 2,11s.).

La fragilidad de un niño es la señal, para empezar a creer en Él. Un niño recién nacido, pobre y a la vez poderoso; que necesita la ayuda y la ternura de su Madre, y que al mismo tiempo es el Hijo de Dios.

También la Virgen que dio a luz un hijo nos permite comprender que se ha cumplido la Escritura; y que la profecía que leímos esta noche en la primera lectura ahora es una realidad: « un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Lleva al hombro el principado » (Is 9,5).

Sin embargo “no había sitio para ellos en la posada”. Es decir: “Para el Salvador del mundo, para aquel en vista el cual todo fue creado (cf. Col.1,16) no hay sitio” (La infancia de Jesús, 73).

Los pastores son los primeros testigos. “ La gloria del Señor los envolvió de claridad” (Lc.2,8).

En cambio los ángeles reconocen su gloria. “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”, son aquellos que escuchan el llamado de Dios por la gracia y le responden de corazón.

Ya desde el pesebre, podríamos decir que Dios pide nuestra respuesta de fe y de amor. Quiere que nuestro ser, nuestro pensamiento, nuestros sentimientos lo reconozcan tal como lo vemos, como lo presenta el Evangelio, y se muestra esta noche en la cuna; y así también lo amemos.

Necesitamos su presencia
El Hijo de Dios se ha hecho niño para estar cerca nuestro. La nochebuena nos hace descubrir desde la fe que necesitamos su presencia; más aún cuanto mayor es el riesgo de deshumanizarnos, y de olvidar el respeto por la vida del otro, es más necesario su nacimiento, y su mensaje.

Sin duda que el nacimiento de Jesús es de todos. Pero podemos comprender, en este lenguaje de la noche buena, el valor que tiene su mensaje para el débil y el pequeño. Pienso primero en los niños: los niños que no tienen el amor de sus padres; los niños que sufren; ya sea los ya nacidos, como los no nacidos. Pienso en los niños de la calle, los que piden para llevar ayuda a sus casas, los desprotegidos que crecen en medio de la violencia; y los que padecen la miseria. Pienso en muchos niños que no conocen a Jesús, mientras que Él ha venido para ellos.

Pero también los que no somos niños necesitamos del Niño que ha nacido. Porque queremos creer en Dios y amarlo y en cambio muy frecuentemente nos alejamos de su verdad. A veces es la fe que duda, otras veces es la conducta del hombre, que nos aleja de Dios. La Noche buena nos vuelve a atraer, y nos permite contemplar que Dios se ha hecho niño, y así lo amemos. Su pequeñez derrumba el orgullo del grande; y la soberbia de quien se cree Dios.

Así como el Niño nos trae el perdón y la paz; sepamos imitar su gesto salvador; de tal manera que la Navidad nos ayude a perdonar al que nos ofendió; a dar en lugar de recibir; a compartir los inmensos dones y talentos que recibimos de Dios.

Ustedes están aquí como los pastores. Abramos nuestra vida a Dios .y pidamos ser contados entre los hombres y mujeres en los que Dios se complace, entre aquellos que ama el Señor.

La Iglesia, queridos hermanos, debe continuar la enseñanza de Jesús. A Ella se le encomienda transmitir y difundir a través de los siglos la Palabra de Dios; más aún debe santificar y celebrar con gozo su presencia entre nosotros, que solo puede reconocer quien cree en Él, como esta noche cuyo nacimiento renovamos espiritualmente

Junto a María, a José y al Niño, queremos volver a oír con fe el anuncio gozoso de la Navidad, que vamos a extender a nuestra gente, a nuestros hermanos, a todos aquellos que confían en Él, inclusive a quienes aún no lo conocen. Y como los pastores volveremos a nuestras casas dando gloria y alabando a Dios.

Los bendigo y les deseo una feliz Nochebuena y Navidad.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | Homil?as
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