Domingo, 30 de diciembre de 2012

Reflexión a las lecturas de la Octava de la Navidad ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".       

Octava de Navidad. Santa María, Madre de Dios 

Hoy todo se centra en el Año Nuevo… Sin embargo, además de eso, hoy son muchas las cosas que llaman nuestra atención. El Nacimiento del Señor es una fiesta muy grande y “no cabe” en un solo día. Por eso lo hemos venido celebrando todos los días de la semana hasta llegar a este día. Hoy es la Octava de la Navidad. Y “a los ocho días, tocaba circuncidar al Niño. Y le pusieron por nombre Jesús”, que quiere decir: “Yahvé salva” o “Salvador”. Así lo había anunciado el ángel.

Aunque la Santísima Virgen está presente en toda la Navidad, los cristianos, desde los primeros siglos, han dedicado el día octavo a honrar a la Virgen María, con el título de Madre de Dios. Es la fiesta más importante de la Virgen. No significa, por supuesto, que la Virgen sea una “diosa”, que exista antes que Dios, etc.  Se trata de que el Niño que se forma en su seno y da a luz es el Hijo de Dios hecho hombre. Este es el título más grande e importante que podemos dar a la Virgen. Y en torno a su Maternidad divina se sitúan y se entienden todos los privilegios y gracias singulares que Dios le otorga y que están expresados en estas verdades de fe acerca de la Madre de Dios: la Concepción Inmaculada, la Virginidad perfecta y perpetua y la Asunción en cuerpo y alma al Cielo. 

S. Pablo (2ª lectura) nos ayuda a situar a la Virgen María en el  proyecto y en la realización de la obra de la salvación de Dios Padre sobre toda la humanidad. Por eso, dice que envió a su Hijo, nacido de una mujer, “para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción”.  Ella es, por tanto, como “el puente” por donde llegó a nosotros  el Salvador. Y la cooperación singular a la obra de la salvación, hace que sea también Madre de la Iglesia, Madre espiritual de todos y cada uno de los cristianos. De este modo, Ella ocupa, al mismo tiempo, el lugar más alto y más próximo a nosotros: el más alto, como Madre de Dios; el más próximo como Madre nuestra. Eso hace que los cristianos nos acojamos siempre a su intercesión… Y que tratemos de amarla, imitarla, conocerla más y más…

Hoy comienza un Nuevo Año. ¡Cuántos interrogantes! Año de crisis y, por tanto, de especial esfuerzo y trabajo…, año  también de  ilusiones y de esperanzas. Y lo comenzamos poniendo nuestra confianza en la intercesión y la protección de la Madre de Dios…. Implorando, sobre todo, el don de la paz…

En efecto, el primero de enero, desde hace mucho tiempo, es para la Iglesia, La Jornada Mundial de la Paz.

Se ha dicho que la paz del corazón es el fundamento de toda paz verdadera y es el don más grande que podemos recibir de Dios.

          Que la Virgen, Madre de Dios interceda con bondad por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

                                                                               ¡FELIZ AÑO NUEVO!


Publicado por verdenaranja @ 21:22  | Espiritualidad
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