S?bado, 05 de enero de 2013

Reflexión al las lecturas de la solemnidad de la Epifanía del Señor ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DE LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA"

 ECOS DE LA SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA

¡Los regalos son hoy los protagonistas del día! Los regalos son buenos y nos gustan a todos… Pero una preocupación excesiva o un poco descontrolada por ellos, puede ensombrecer e incluso, anular la celebración de esta solemnidad  tan preciosa de la Epifanía del Señor… Es lo que sucede, desgraciadamente, con frecuencia.

Epifanía significa  “manifestación en lo alto”. Dios revela el Nacimiento de su Hijo a unos Magos de Oriente… y en ellos a todos los que no pertenecían al pueblo de Israel. Pero, en realidad, la Epifanía comprende tres manifestaciones de Jesucristo: además de la de los Magos, la de su Bautismo (próximo domingo) y la de las Bodas de Caná (domingo siguiente) Por eso, una antífona de de las II Vísperas, dice: “Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: “Hoy la estrella condujo a los Magos al pesebre; hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvarnos. Aleluya”. Pero, de hecho, la Liturgia de este día centra nuestra atención en la manifestación a los Magos y, por tanto, en la universalidad de la salvación que nos trae el Señor. El regalo que, como decíamos antes, es hoy el protagonista de la jornada, puede ayudarnos a comprender el sentido de esta gran solemnidad:

En la Natividad del Señor celebramos que Dios Padre nos ha querido tanto, que nos ha hecho un gran “regalo”: nos ha dado a su Hijo. Por eso, la Iglesia entera salta de gozo, la noche de Navidad, proclamando: “Un Niño nos ha nacido un Hijo se nos ha dado...” Y también: “Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Y la Epifanía  viene a advertirnos que ese “regalo”  es para todos. Nos lo recuerda el Apóstol S. Pablo en la 2ª Lectura: “Que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el evangelio”.

Los judíos poseían “La Ley y los Profetas”. Por eso, cuando pregunta Herodes dónde tenía que nacer el Mesías, enseguida, le dicen: "En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el Profeta: ´´Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos, la última de las ciudades de Judea; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”.

¿Y los otros pueblos, no pertenecientes a Israel? ¡He ahí la Epifanía! Se lo manifiesta adaptándose a su  mentalidad, a la creencia de algunos pueblos antiguos, de que el nacimiento de los grandes personajes venía acompañado de la aparición de un signo en el cielo.

El Hijo de Dios, por tanto, ha venido para todos, su salvación es universal, sin embargo, constatamos que no todos, ni mucho menos, le conocen y disfrutan de sus dones; que a todos no ha llegado el “regalo”, los tesoros de la  salvación        (Ef 1,7-9)  Y no podemos acaparar el Don de Dios para nosotros solos, en una especie de “egoísmo religioso” y, en definitiva, de una injusticia.

Por todo ello, este es el día misionero, por excelencia, de la Navidad.  

Este es también un día apropiado para dar gracias a Dios porque “la estrella” ha brillado también para cada uno de nosotros… Y para pedirle que también nosotros, con nuestra palabra y nuestro testimonio de vida, seamos “estrella” que conduce a todos al Salvador, hasta que lleguemos a contemplar cara a cara, “la hermosura  infinita de su gloria”.

 ¡BUEN DOMINGO!

¡FELIZ NAVIDAD!


Publicado por verdenaranja @ 11:02  | Espiritualidad
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