Mi?rcoles, 23 de enero de 2013

Mensaje de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio con motivo de la 46º Jornada mundial de la Paz (1 de enero de 2013). (AICA)

“Bienaventurados los que buscan la paz”

Queridos hermanos:

El Papa Pablo VI dispuso, hace cuarenta y cinco años, que los católicos celebremos el primero de enero, en la solemnidad litúrgica de Santa María, Madre de Dios, la JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ, y así se ha venido haciendo desde entonces. En aquel entonces, al poco tiempo de haberse concluido el Concilio Vaticano II, con un mundo todavía dividido en bloques enfrentados entre sí y con situaciones graves de conflictos bélicos y de extrema injusticia, la Iglesia dirigía con simpatía y confianza a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad una invitación a unirse en la esperanza de alcanzar una vida reconciliada, en la paz y la verdad, rogando a Dios que otorgara esos dones a la familia humana. Los Pontífices que sucedieron a Pablo VI, el Beato Juan Pablo II y Benito XVI, han exhortado en estas fechas a pedir la paz y a buscarla, como lo hace para esta próxima celebración el actual Sumo Pontífice.
Con el lema BIENAVENTURADOS LOS QUE BUSCAN LA PAZ, para la 46ª Jornada Mundial, el Santo Padre ha dado a conocer un mensaje en el cual desea animar a todos para que se sientan responsables de la construcción de la paz. La cita de las Bienaventuranzas del evangelio de San Mateo invita a tomarse muy seriamente la responsabilidad de cada uno, los gobernantes y políticos, los poderosos y los dirigentes de la sociedad, pero también las personas que, si bien no ostentan lugares de figuración, tienen, cada cual según su propia condición y calidad, responsabilidades en el conjunto de la familia humana. Todo lo que conspira contra la caridad y atenta contra la justicia, todo lo que es exaltación de uno mismo y menosprecio del hermano, todo lo que es arbitrario y egoísta, no se condice con los que desean ser artífices de la paz, y tienen la vocación y el encargo de procurarla y hacerla presente entre los hombres.

El concepto de paz es complejo, diverso, y es preciso reconocer que en muchas situaciones contemporáneas se dan impedimentos para el afianzamiento de la paz, ya que se desconocen libertades fundamentales en muchos países del mundo, como la libertad de conciencia, la libertad de expresión y la libertad religiosa. La persecución religiosa persiste en muchas sociedades, como también las restricciones ideológicas a la opinión libremente expresada.

Buscar la paz significa promover la búsqueda del bien, de la verdad, de la justicia, con respeto, para que la expresión de voces divergentes no se convierta en un delito a reprimir. Buscar la paz es implementar aquellas determinaciones y medidas que aseguren el bienestar común, en forma siempre justa y proporcionada a los recursos, por lo que tiene una incidencia muy real y concreta en las políticas económicas, en la distribución de la riqueza y en la promoción de los necesitados. Y todo ello en la seguridad de un marco estable y ordenado por la honestidad y la recta intención, frente a la corrupción de los dirigentes, y que se encuentra en la raíz de la actual crítica de la democracia y de las instituciones. Esta afirmación no se dirige a una situación teórica, abstracta, sino que la vive la sociedad del mundo entero en todos los niveles, y donde la irresponsabilidad de las personas en su ámbito privado se extiende de manera preocupante a los más grandes espacios, que hacen al bien de toda la comunidad humana. La paz de que habla el Papa no es solo el silencio de las armas, es sobre todo la búsqueda del bien integral del hombre, que es inalcanzable sin la equidad y sin la preocupación desinteresada por los hermanos.

Es finalmente muy importante considerar, como lo hace Benito XVI en su mensaje, la esencia del hombre, su condición de ser libre, destinatario de los bienes de la creación, de modo que la búsqueda de la paz se realice siempre poniéndose al servicio de cada ser humano, sin discriminación alguna, y dirigida hacia el bien común. En nuestro contexto más cercano, la defensa y promoción de la paz debe tener en cuenta al hombre, atender a la protección de la vida, aún la de los niños que no nacieron y de los ancianos, la protección de la familia, la formación de los niños y jóvenes y la defensa de su inocencia y de su desarrollo en condiciones tan difíciles como las actuales. Porque, en efecto, cuanto es injusto y corruptor genera mayores enfrentamientos y desórdenes, y vuelve imposible la paz. En el Año de la Fe, finalmente, porque reconocemos el mensaje de Cristo, que el creyente recibe en su corazón como venido de Dios mismo y portador de las claves para la felicidad verdadera, que es la paz trascendente, tiene un alcance especial, como una oferta dirigida al mundo, una llamada insoslayable, una oportunidad especialísima, que no queremos ni podemos desoír.

Unámonos, pues, queridos hermanos, en esta celebración que cierra la Octava del nacimiento del Salvador, Príncipe de la Paz, Autor de la vida, Puerta de la eternidad, encomendando esta preocupación tan importante, y a la vez tan amenazada en nuestros días, a la Madre de Cristo y Madre nuestra.

Con mucho afecto, los saluda y bendice,

Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio
Diciembre de 2012


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Hablan los obispos
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