Martes, 29 de enero de 2013

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en el programa radial Compartiendo el Evangelio (3º domingo durante el año, 27 de enero de 2013). (AICA)

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido. Jesús volvió a Galilea con del poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan. Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". (San Lucas 1, 1-4.4, 14-21)                       


Es importante el cumplimiento de la Palabra, el cumplimiento del Señor. En este texto encontramos a Lucas escribiendo a un discípulo suyo, Teófilo, acerca del valor de la doctrina, el valor de la Palabra, para que en su vida tenga solidez de las enseñanzas que ha recibido.

Tenemos que darle valor a la Palabra -a la palabra humana hay que darle valor, la palabra que uno dice también tiene valor- pero la Palabra de Dios, que es su presencia misma, tiene un fundamento importantísimo, superior a todo y nuestra actitud debe ser saber escuchar y saber recibir la Palabra de Dios.

Quien tiene la Palabra de Dios, realmente vive; si la Iglesia pierde la Palabra de Dios, la Iglesia se debilita. Por eso, por la Palabra nosotros tenemos que leerla, masticarla, incorporarla, contemplarla, hacerla carne en nuestra vida. La Palabra de Dios es viva y eficaz; nos ilumina, nos poda, nos fortalece, nos hace discernir, crecer y madurar.

Es muy importante tener capacidad religiosa de la escucha atenta de la Palabra de Dios. Quien da su tiempo a la lectura de la Palabra de Dios, tiene la seguridad de que realmente crecerá y el Señor lo iluminará, lo alimentará y lo fortalecerá. Pero quien se aparta del alimento, es decir de la escucha atenta de la Palabra de Dios, su corazón se enfriará, se debilitará y podrá llegar hasta apartarse.

La presencia de Cristo, que es la Palabra, el logos, que se encarnó en el seno de María Virgen, que es el mismo Señor, viene a “anunciar la Buena Noticia a los pobres, a liberar a los cautivos, a dar la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor.”

El discernimiento es muy importante en nuestra vida. Por eso, quien está en contacto con la Palabra de Dios, tiene una vida más plena, más madura, con mayor entusiasmo y mayor fuerza.

Pidamos al Señor que su Palabra sea escuchada religiosamente en nuestra vida y hecha acción, porque la Palabra no sólo debe ser leída sino rezada, vivida, celebrada y puesta en práctica.

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


Publicado por verdenaranja @ 21:51  | Hablan los obispos
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