Viernes, 08 de febrero de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo quinto del Tiempo Ordinario - C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo 5º del T. Ordinario C 

                              Comenzar la Vida Pública del Señor es contemplar sus primeras palabras,  sus primeros milagros, sus primeros discípulos... Es la novedad de Jesús que se hace Buena Noticia para nosotros. El Evangelio de este domingo nos presenta cómo Jesucristo elige a los primeros discípulos: de pobres pescadores del lago, los hace pescadores de hombres. Y es que Dios -lo contemplábamos el domingo pasado- para hablarnos, para comunicarnos sus dones, para salvarnos, ha querido tener necesidad de otros hombres,  mujeres e incluso niños. Es -decíamos- el “Drama de la Encarnación”. Al recibir los dones de Dios en la envoltura de lo humano, siempre encontraremos excusas para no aceptarlos.

                              Las lecturas de la Palabra de Dios de hoy nos presentan la vocación del profeta Isaías, la vida apostólica de S. Pablo y la llamada de los primeros discípulos. La decisión de cada uno viene precedida de una experiencia fuerte de la grandeza de Dios o de un encuentro trascendental con Jesucristo...  Es la visión gloriosa de Isaías, el camino de Damasco de Pablo y la pesca abundante de los discípulos.  Se trata de que nos demos cuenta que, como ellos, también nosotros somos llamados a ser discípulos de Cristo... Para seguirle y para ser pescadores de hombres, según la vocación de cada uno. Pero no podemos engañarnos: No daremos un paso adelante mientras no tengamos una experiencia fuerte de Dios. Es lo que suele llamarse “el descubrimiento de Jesucristo”, del que decía Juan Pablo II que era la aventura más importante de nuestra vida.

                              A veces, en la vida de la comunidad, constatamos que la gente no quiere comprometerse, o se compromete poco en las distintas tareas eclesiales. Y nos desanimamos y nos quejamos. Pero, normalmente, no tenemos razón, no respetamos el ritmo de crecimiento de las personas y de las comunidades. Hay que esperar a que se encuentren con Jesucristo y, entonces, se comprometan con Él y por Él. Los demás caminos son estériles o poco fiables...

                              Por tanto, si queremos contar con unas verdaderas comunidades cristianas, llenas de vitalidad y compromiso, tenemos que hacer todos los esfuerzos para propiciar el encuentro con Jesucristo. Entonces tal vez, contemplarán, como Isaías, al Señor que se pregunta: “A quién enviaré? ¿Quién irá por mí? Y con el aliento del Espíritu de Cristo, podrán decir: “Aquí estoy mándame”.

                              O, como Pablo, se pueden encontrar caídos en su propio camino de Damasco, y preguntando al Señor: ¿Qué debo hacer, Señor?

                              Y entonces escucharán: “Levántate, sigue hasta Damasco y allí te dirán lo que tienes que hacer”.

                              O, tal vez, como Pedro, abrumados por el peso de sus pecados, podrán arrojarse a los pies del Señor, diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y escucharán entonces la voz de Jesús que les dice: “No temas: desde ahora serás pescador de hombres”.   

 

                                                                     ¡BUEN DOMINGO! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Espiritualidad
 | Enviar