Viernes, 08 de marzo de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo cuarto de Cuaresma - C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo 4º de Cuaresma C

 

Nunca reflexionaremos bastante sobre este misterio: cuando Dios se hace hombre, es criticado porque  anda  con publicanos y pecadores y come con ellos. Nos parece más lógico que fuera de otra manera. El refranero popular dice: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Los fariseos y escribas están disgustados porque Jesús está con gente de mala fama y come con ellos… Y a ellos va dirigida la parábola del evangelio de hoy. Quiere explicarles por qué actúa así.

Sencillamente, porque es el Hijo del Padre, que está representado en el de la parábola. El hijo menor representa a los publicanos y pecadores, el hijo mayor, a los escribas y fariseos.

La descripción que se hace del pecado y de la conversión es admirable.

El pecado se presenta como una ruptura con el padre y con su casa; como un derroche, como una degradación, como una muerte.

La conversión es recapacitar y volver a la casa del Padre, que le recibe no como uno de los jornaleros, sino como un verdadero hijo: hay que vestirle como un hijo y hay que hacer fiesta porque estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y se le ha encontrado.

Los fariseos y escribas, quedan retratados en el hijo mayor. Ellos no tienen el corazón de un verdadero hermano. Y no entienden a Jesús, porque no conocen verdaderamente al Padre del Cielo. En efecto, Jesucristo ha venido a revelarnos, con obras y palabras, el verdadero rostro y el corazón del Padre del Cielo y, por eso, busca a los que se han alejado y los llama a la conversión.

¡Él es el verdadero hermano mayor!

Y  la parábola va hoy por nosotros. A todos nos enseña algo. Y, en definitiva, ¿quién puede decir que no tiene nada de cada uno de los hijos?

En la segunda lectura, S. Pablo nos habla del servicio de la reconciliación con Dios, que la Iglesia ha recibido y que es   no sólo mensaje y  buena noticia, sino también realización de la misma.

La Iglesia siempre ha manifestado su preocupación por los que se han alejado. Ha sido constante, a lo largo de los siglos, su oración “por los pecadores” y su esfuerzo por reconciliarles con el Padre.

Hoy la preocupación por los alejados es uno de los signos de los tiempos.

El Concilio nos enseña que la Iglesia ayuda a los que vuelven “con caridad, ejemplos y oraciones” (L. G. 11).

El domingo pasado acogíamos la llamada a la conversión que el Señor nos hace siempre, pero, especialmente en este tiempo de Cuaresma.

Por eso esta parábola está de actualidad.

          En la comunión con Dios y con los hermanos, que obtenemos por el sacramento de la Reconciliación tiene su raíz más profunda la alegría cristiana a la que nos invita este Domingo de Cuaresma, Domingo que, desde antiguo, se llama “Laetare” porque se acerca ya la Pascua.

 


Publicado por verdenaranja @ 21:29  | Espiritualidad
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