Viernes, 22 de marzo de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo de Ramos - c ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor C

El Domingo de Ramos es una celebración muy hermosa. En la primera parte, recordamos y revivimos la Entrada de Cristo en Jerusalén, que le recibe como Rey y Mesías. Nuestras aclamaciones y nuestros cantos se unen a los de aquella gente que le acogía de una manera tan extraordinaria, y también a los cristianos que a lo largo de los siglos han celebrado esta Fiesta.

Y el Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. ¡Cuántas gracias debemos dar al Señor por este don tan grande que nos concede un año más: celebrar la Pascua, la fiesta más importante de los cristianos! Y hemos de acoger estos días santos con el mejor sentido de responsabilidad: “no podemos echar en saco roto la gracia de Dios”.

La segunda parte de la celebración es la Misa de Pasión. De este modo, la Cruz del Señor se convierte en el centro de la semana. La misma procesión, llena de colorido y de fiesta, prefigura la gloria de la resurrección, que celebraremos el próximo domingo.

Nuestra atención tiene que situarse en las celebraciones litúrgicas de estos días. Las procesiones, tantas y tan importantes, expresan y alimentan lo que conmemoramos.

Los sacramentos, que brotan de la Pascua del Señor, constituyen el núcleo de estos días: el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía,  sacramentos de la Iniciación Cristiana, que vamos a renovar la Noche Santa de la Pascua. Y la mejor manera de renovarlos es recibir el sacramento de la Penitencia o de la Reconciliación, tan propio de estas fechas. La Eucaristía está siempre presente como la forma principal e imprescindible de renovar los acontecimientos que celebramos.

El Papa S. León Magno decía que es propio de las fiestas pascuales, que toda la Iglesia goce del perdón de los pecados, tanto los que llegan nuevos a ella, como los que han tenido la dicha de haber recibido, desde hace mucho tiempo, la gracia incomparable del Bautismo.

          La Semana Santa la celebramos, por tanto, como cristianos, es decir, como personas que están experimentando y valorando constantemente en sus vidas, los frutos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, en constante acción de gracias y tratando de llevar y compartir con todos el mensaje gozoso de la Pascua del Señor. 

¡Buena Semana Santa! ¡Felices Pascuas!


Publicado por verdenaranja @ 23:41  | Espiritualidad
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