Jueves, 04 de abril de 2013

Entresacado del folleto  "LA RENOVACIÓN DE LAS COFRADÍAS", editado por la diócesis de Tenerife

DIEZ FORMAS DE DESTRUIR UNA HERMANDAD 

 

  1. Culpar a la Junta de Gobierno de todos los males y criticar a los hermanos mayores en sus decisiones, por la espalda y ante terceros a los que para nada conciernen los conflictos de la Hermandad.
  2. Culpar de todos los males al sacerdote, publicando las desavenencias a los cuatro vientos y afirmando que en los estatutos, los cultos o Cáritas son cosas de curas, mientras que la Hermandad es cosa del pueblo.
  3. Entramparse hasta los ojos en gastos suntuarios de pura apariencia, bien por estética o por competir con otras Hermandades: con el dinero ajeno todos solemos ser muy generosos.
  4. Aislar a la Hermandad del resto de la Iglesia, sin participar en Cáritas ni en ningún servicio a los pobres ni en comedores sociales ni en ayuda a asociaciones que trabajan con marginados. Así las Hermandades seguirán siendo una especie de comisiones de festejos sacros … si es que son “sacros”.
  5. No tener en cuenta a la catequesis parroquial, para ayudar, por ejemplo, a las familias que no pueden comprar el libro de catequesis a sus hijos. Establecer el dogma absoluto de que la catequesis de adultos es para los “beatos”, porque los Hermanos ya conocen el Catecismo.
  6. Desconocer cualquier acto de culto que no sea la procesión, de manera que los miembros de la Hermandad sólo aparezcan la tarde de la procesión: ni Misa dominical, ni oración ni vida interior ni frecuencia en las celebraciones de lo sacramentos …¡Nosotros a llevar el paso y que nos aplaudan!
  7. Dividir la Hermandad en veteranos y nuevos: los veteranos intentando que nada cambie y los nuevos procurando cambiar todo. Ambos grupos intentando que el cura les dé la razón y se la quite a los otros.
  8. Competir con las demás Hermandades, desprestigiando sus logros y presumiendo de los propios, normalmente referidos a mantos, tronos, imágenes … descuidando gravemente la unidad de la Iglesia y apareciendo como desgarradores del Cuerpo de Cristo, que somos todos los cristianos.
  9. Buscar la legalización de la Hermandad como si fuera una entidad cultural, sin tener en cuenta su naturaleza eclesial, con el fin de poder recibir subvenciones de organismos oficiales, normalmente del Ayuntamiento. Para eso podríamos formar unas comisiones de festejos, cosa  muy digna, pero no Hermandades: cosa muy sagrada.
  10. No valorar ni la alabanza divina ni el amor fraterno; finalidades de la vida cristiana. Todo lo que ayude a amar a Dios y a los demás debe promoverse, y todo lo que estorbe es bueno desecharlo, pues de otro modo la Hermandades no serán reflejo del Evangelio.

 

(del folleto LA RENOVACIÓN DE LAS COFRADÍAS, editado por la diócesis de Tenerife)


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