Viernes, 12 de abril de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo tercero de Pascua ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo 3º de Pascua C 

        En las apariciones de Cristo Resucitado  constatamos el interés que tiene el Señor de que los discípulos tengan la certeza, más allá de toda duda, de que Él ha resucitado y está vivo, de que todo eso estaba ya anunciado y que había que darlo a conocer en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra”. (Hch 1, 8).

        El Evangelio de este domingo nos presenta la tercera aparición de Jesucristo resucitado a los discípulos, que están iniciando su vida normal después de aquellos acontecimientos... En medio de la pesca, descubren la presencia de Cristo resucitado.  Ellos conocen, como nadie, el lago, han pescado toda la noche y ahora, de repente, y por indicación de un desconocido, se llenan las redes de peces. ¿Cómo es esto posible? ¿Qué ha pasado?  “¡Es el Señor!” dice Juan, el más clarividente de todos.

        Y es importante observar que durante la comida, “ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor”.

        Se ha cumplido, por tanto, el primer objetivo de las apariciones:  llevar al ánimo abatido de los discípulos la certeza de que el Señor había resucitado.

        Aquella comida es signo de la Eucaristía, el gran banquete de la Iglesia, y en el que “pregustamos y tomamos parte” del Banquete del Cielo, que nos presenta  Juan  en la segunda lectura.

Dice S. Jerónimo que 153 eran los peces conocidos entonces. Y  es posible que pueda  ser en  Juan,  un signo de la universalidad de la Iglesia, a la que todos  estamos llamados.

Y la Iglesia tendrá como cabeza visible a Pedro que, después de la comida, es examinado sobre el amor y confirmado en la misión que el Señor le había anunciado. ¡Hasta ese punto le perdona el Señor!

En la primera lectura comprobamos cómo se está cumpliendo también el tercer objetivo: dar testimonio en todas partes de Cristo resucitado con la luz y la fuerza del Espíritu Santo. En efecto, los apóstoles se presentan ante el Sanedrín como testigos de la Resurrección. Y formulan lo que nosotros conocemos como “la objeción de conciencia”: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Y, una vez azotados, “salen contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús”.

        Y es particularmente importante lo que les dice el Sumo Sacerdote: “Habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre”.

        Queridos amigos: en nuestro tiempo en el que urge por todas partes el anuncio de esta Buena Noticia, sería muy importante retener esta expresión (“habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza”) y considerar hasta que punto es una realidad o no, en nuestros pueblos y ciudades.

¡Feliz Domingo! ¡Feliz día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 23:26  | Espiritualidad
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