Lunes, 12 de agosto de 2013

Texto completo de la homilía en la Fiesta de San Cayetano de Liniers orinunciada por el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, monseñor Mario Aurelio Poli en el santuario de San Cayetano, del barrio porteño de Liniers. (AICA)
7 de Agosto 2013 Año de la Fe

En este clima de fiesta, la palabra de Dios nos está advirtiendo que estamos rodeados por una verdadera nube de testigos, porque nos ha convocado la fe en Jesús el Hijo de Dios, el que nos vuelve a mostrar San Cayetano en sus brazos; miremos a nuestro alrededor y contagiémonos de la fe de los devotos, tantos no podemos equivocarnos, dijo un vecino de Mataderos. Nos hace bien encontrarnos el 7 de agosto, como todos los siete, con tantos amigos fieles al Santo del Pan y del Trabajo. Creo que el sacrificio de la vigilia, el madrugón y la distancia que tuvieron que padecer muchos de Uds., valen la pena, porque seguramente pensaban en este momento en que nos íbamos a encontrar para alimentar nuestra fe, para recuperar la luz que ilumine nuestros días y nos mantenga de pie a pesar de las dificultades, la que nos devuelve la alegría ante las amarguras de de la vida, nos saca el miedo y no nos deja caer los brazos, renovándonos las fuerzas para seguir caminando.

Al mirar la imagen de San Cayetano, el nos vuelve a decir: tengan confianza, vuelvan la mirada a Jesús, el amigo fiel que soportó la cruz pensando en nosotros.
Piensen en aquel que cargó con nuestros pecados y no se dejen abatir por el desaliento. El Santo conoció muchas pruebas en su vida cristiana, y aprendió a superar las tinieblas del camino con la luz de la fe. Ha de ser por eso que cada visita que hacemos al Santuario se nos invita a renovar la fe con alegría; alegría verdadera y de la buena, la que dura, la que nos deja serenos, porque sabemos que Dios providente nos ama con un amor inmenso y cuida de nosotros como a sus hijos más queridos. San Cayetano decía:”aunque todos te abandonasen, Dios siempre estará atento a tus necesidades”.

La fe del Santo sacerdote nos enseña a confiar en la providencia divina, porque, cuando se cierran las puertas, una tras otras, Dios abre la puerta del Santuario y de la esperanza. Entonces es posible seguir adelante. Cuantas veces vinimos desanimados y regresamos a casa convencidos de que Dios nos ha escuchado. Y vienen a darnos una mano nuestros amigos, los Santos del cielo, porque su misión es la de interceder por nuestras necesidades, las grandes y aún las pequeñas, y son ellos que nos alcanzan las gracias materiales y espirituales que necesitamos para el camino de la fe. Ellos, con el testimonio de su vida y su fidelidad hasta el final, nos enseñan a poner confiados nuestra causa en las manos de Dios.
Cada uno de nosotros podemos decir con el Salmo: “Inclina tu oído, Padre, respóndeme, porque soy pobre y miserable; protégeme, porque soy uno tus fieles, salva a tu servidor que confía en ti.” También podemos agregar,” mirá que soy amigo y devoto de San Cayetano”.

El Evangelio nos trajo un pasaje en la vida de Jesús que nos sorprende. Imagínense que el Señor quisiese pasar por intermedio de Uds, y apretándolo de todos lados, alguien se acerca para tocarlo por detrás. Así pasó con aquella anciana enferma y desahuciada, lo vio pasar a Jesús y pensó que si al menos lograba tocar su manto, iba a sacarle la salud que necesitaba para su vida. Y así pasó. Jesús sintió, entre tantos apretujones alguien lo había tocado como ninguno de la multitud la había hecho. La mujer que había quedado curada al instante, lo había tocado con el amor y convicción de su fe, y Jesús advirtió que una fuerza había salido de él. “Con la fe, nosotros podemos tocarlo, y recibir su gracia” -1-

Uds. hacen lo mismo cuando extienden o ponen sus manos sobre el Santito. Son las manos de la fe de los devotos las que llegan y tocan el corazón de San Cayetano.
Así pasa cuando le pedimos algo a Dios y a los Santos en el cielo, hay que acercarse con la fe de aquella viejita del Evangelio, la que estaba convencida de que Jesús pasaba haciendo el bien. De lo contrario muchos se acercan como aquella multitud se agolpaba en torno a Jesús, pero no lo rozan con el toque personal de la fe, porque sólo el corazón creyente lo toca a Jesús. -2- “Con humildad, nuestra oración primero tiene que dejarse tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.” -3-. Dios, en el bautismo nos regaló este don, y tan poderosa es la virtud de la fe, que cuando le pedimos algo a Dios, él se siente tocado por el amor de sus hijos. San Cayetano enseñaba a sus pobres: “si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tú a él y procura someter tu voluntad a la suya”. La luz de la fe nos da la certeza de que Dios se ha hecho muy cercanos a nosotros, y nadie nos conoce mejor que él. Al reconocerlo a él como al Padre común de todos los hombres, no perdemos la esperanza de construir una Patria de hermanos.

Se que Uds. Estaban acostumbrados a escuchar al Cardenal en esta fiesta, como el lo hizo durante tantos años. Hoy es el Papa Francisco y para que no lo extrañen, él mismo quiso estar presente con un mensaje que durante todo el día escucharán los peregrinos al Santuario que ahora les comparto:
i Encíclica Lumen Fidei del Papa Francisco,33
ii ídem
iii Cfr.60+


Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Homil?as
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