Viernes, 13 de diciembre de 2013

Reflexión al domingo tercero de Adviento - A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"

Domingo III de Adviento A

 El Domingo 3º de Adviento nos invita a la alegría, porque se acerca la Navidad. Desde antiguo, se llama “Domingo Gaudete”, un término latino -La liturgia se celebraba en latín- que se traduce por “estad alegres” o “alegraos”.

La oración colecta nos resume siempre el contenido de la celebración. La de este domingo es, particularmente, significativa: “Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. ¡Preciosa!

En la Navidad hay “muchos motivos” de  alegría: la familia que se reúne, el adorno de la casa, las felicitaciones, los regalos, los villancicos, el mismo ambiente navideño… Pero la oración señala “el motivo”: “Concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación…”

Y la salvación no es algo que hemos de esperar para después de la muerte, sino que es una realidad, ante la cual, hemos de tomar partido, en el ahora de nuestra vida. Y eso comienza en el Bautismo que recibimos, y que hemos de hacer cada vez más nuestro.

La salvación es el motivo de la Venida del Señor. Viene como Redentor, como contemplábamos el Domingo pasado, y nos salva por su Pasión, Muerte y Resurrección. Y la llegada de la salvación, de algún modo, “sucede”, se hace presente, en las fiestas que se acercan. Por eso, en el salmo responsorial de este Domingo, repetimos: “Ven, Señor, a salvarnos”.

La salvación que nos trae Jesús tiene un doble contenido: Liberación del pecado y del mal y sobreabundancia de bienes, hasta llegar a ser hijos de Dios. Y esa doble realidad es, como decíamos,  “el motivo” de la alegría de  estas fiestas, que se expresa y se alimenta con las manifestaciones externas, ya tradicionales, entre nosotros.

Suelo poner dos ejemplos: La alegría que hay cuando se libera a un secuestrado -secuestrados estábamos por el pecado y el mal-  y la alegría que hay cuando se saca uno la lotería. ¡Cuántos bienes, cuántos dones, nos trae el Señor!  ¡No sé si sería posible enumerarlos todos! Dice S. Pablo: “El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia ha sido un derroche para con nosotros...” (Cfr. Ef 1, 1- 10).

Cuando esto se conoce y se vive, sólo hay una forma de celebrar la Navidad: “Con alegría desbordante”. ¡Sea cual sea la situación en que cada uno se encuentre! El Papa S. León Magno decía: “No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida”,

El Evangelio de hoy nos confirma la llegada de la salvación. Dice el Señor: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”

¡Son éstos “los signos mesiánicos” que anunciaron los profetas! Lo hemos escuchado en la primera lectura.

Por tanto, ¡Ha llegado el Mesías, el que tenía que venir! ¡No tenemos que esperar a otro!  ¡Muchas felicidades! ¡El Redentor está ya en medio de nosotros!

                

                                                           ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Espiritualidad
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