S?bado, 11 de enero de 2014

Subsidio litúrgico para Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2014 editado por Comisión Episcopal de Migraciones de la CEE recibido en la parroquia con los materiales para su celebración el 19 de Enero de 2014.


MISA: del II Domingo del Tiempo Ordinario, aunque puede cele­brarse la misa Por los prófugos y exilados, por mandato o con per­miso del ordinario del lugar (cf. OGMR, 374). También se puede celebrar la misa Por la unidad de los cristianos con las lecturas del domingo.

A ser posible, esta celebración hay que prepararla previamente con al­gunas personas inmigrantes que ya participan habitualmente de la vida de la comunidad cristiana; su testimonio en algún momento de la litur­gia puede ser enriquecedor.

AMBIENTACIÓN PREVIA

En un lugar visible de la parroquia pueden estar colocados algunos símbolos que nos motiven en la celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de este año. Uno relevante es el cartel, pero también podemos poner otros que hagan relación al Centenario de las Jornadas del Emigrante y del Refugiado.

A modo de ideas:

Situar un mapamundi o un globo y junto a él una vela grande que lo ilumine.

Poner algunas imágenes que hagan referencia a un cartel que pon­ga «Centenario de las Jornadas del Emigrante y el Refugiado».

Tener preparado un mural con el mapa tal como aparece en el car­tel, pero únicamente con los números; antes de la celebración, unos niños pueden dibujarlo.

Tener convocadas a un grupo de personas de distintos países y jun­tos realizar alguna construcción, por ejemplo , un puzzle que pon­ga: «Juntos construimos un mundo mejor»

Llegar al altar en procesión con un grupo de personas de distintos países llevando el Evangeliario.

MONICIÓN DE ENTRADA

Después del saludo inicial, se hace la siguiente monición sobre el sentido de la Jornada

Hermanos y hermanas: Sed bienvenidos un año más a la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. Si echamos una mirada a nuestro alrededor es muy difícil a veces encontrar motivos para celebrar y cantar. Las situaciones sociales que vivimos están siendo difíciles para todos, seamos nacidos aquí o llegados de otro país; situaciones de falta de oportunidades, de recortes sanitarios, socia­les, educativos… ¿por qué celebrar un año más esta Jornada?, ¿por qué cantar? —como diría el poeta—. Nosotros, como creyentes, tenemos una razón muy importante; celebramos y cantamos que somos hijos de Dios y en el rostro de cada persona está impreso el rostro de Cristo.

Cantamos y celebramos porque la fe nos mueve a crear juntos un mundo mejor. Como dice el papa Francisco en su mensaje de la Jornada:

Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no solo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio. Las migraciones pueden dar lugar a posibi­lidades de nueva evangelización, a abrir espacios para que crezca una nueva humanidad.

Cantamos también porque en esta Jornada celebramos que hace 100 años el papa Benedicto XV comenzó a celebrar la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado. Desde entonces, los dis­tintos papas han apoyado con sus palabras y obras el movimiento migratorio. La Iglesia ha contemplado siempre en los emigrantes la imagen de Cristo, que dijo: «Fui forastero y me hospedasteis» (Mt, 25, 35).

Pongamos, por tanto, hoy ante el Señor las alegrías, esperanzas y dificultades para que juntos, inmigrantes y autóctonos, podamos caminar hacia la construcción de un mundo mejor.

LITURGIA DE LA PALABRA

LECCIONARIO: volumen I, lecturas del II Domingo del Tiempo Ordinario: Is 49, 3.5-6; Sal 39; 1 Cor 1, 1-3; Jn 1, 29-34

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

Acabamos de escuchar la Palabra de Dios, una palabra provocado­ra de esperanza y de vida —como toda Palabra de Dios—; Isaías nos tramite un mensaje directo: «te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance el confín de la tierra». Podemos decir que es un mensaje sin fronteras, sin elitismo de nacionalidad. Un mensaje que hoy se nos dice a cada uno de los que aquí y fuera es­tamos presentes o ausentes: «Te hago a ti luz de las naciones, para que mi salvación alcance el confín de la tierra».

Nuestro Dios es el Dios sin fronteras, el Dios de la Igualdad, el Dios de todos y cada uno de los hombres y mujeres de esta tierra, un Dios que quiere, por tanto, la salvación de toda la humanidad. No solo de los blancos, o de tal o cual raza, o de los que viven en este lado del mundo o del otro. Es universal. Abarcable al confín de la tierra.

El Mensaje de la Jornada de este año dice: «Emigrantes y refugia­dos: hacia un mundo mejor. Haciendo un mundo mejor».

¿Qué supone la creación de un mundo mejor?, nos pregunta el papa Francisco. Y el papa dice «que el mundo solo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones, incluida la espiritual, si somos capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y la acogida».

Ser luz de las naciones, coger la antorcha de la responsabilidad de que nuestro mundo se salve, significa, como bien dice nuestro papa, pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y acogida. Seamos luz; seamos, pues, encuentro y acogida para nuestros hermanos inmigrantes y para todos.

Crear un mundo mejor es poner nuestro granito de arena en la construcción de la cultura de la fraternidad universal que es la fra­ternidad evangélica. Caminar hacia un mundo mejor es sentir que la fe me invita a ser luz para mi hermano/a inmigrante y recoger también su luz.

Para ello qué mejor que tener la actitud de san Pablo cuando se en­contraba en las distintas comunidades. Lo hemos oído en la segun­da lectura. Su entrada es un anuncio de paz y de gracia. «La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, sean con vosotros».

Nuestra primera entrada es posible que esté a veces cargada de vi­siones negativas o erróneas, incluso de miedos; o simplemente ni les damos entrada.

Como creyentes, debemos convertir nuestra mirada, nuestras pa­labras, nuestra acogida. Ir por la vida llevando la paz y la gracia como primera entrada en el conocimiento y la relación con cada persona que sale en nuestro encuentro; hoy, especialmente, ofrecer la paz y la gracia de Dios a los inmigrantes y refugiados que tene­mos a nuestro lado, aquí en la Eucaristía o en nuestro barrio, o en los encuentros cotidianos en la escuela, en el centro de salud…

En ello nos jugamos no solo ser mejores personas, o incluso bue­nos creyentes, sino que está en juego la fe, el reconocer en el rostro del otro a Cristo. Como lo hizo Juan. Lo hemos escuchado en el evangelio:

«En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: -Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (…). Y Juan dio testimonio»

Juan reconoce en el rostro de uno de tantos que se iba a bautizar al Cristo.

En otro momento, dice también el mensaje papal: «Emigrantes y refugiados no son peones sobre el tablero de la humanidad. Se tra­ta de niños, mujeres y hombres que abandonan o son obligados a abandonar sus casas por muchas razones, que comparten el mismo deseo legítimo de conocer, de tener, pero sobre todo de ser algo más».

No son peones en el tablero de la humanidad, sino que son nues­tros hermanos y hermanas en Cristo, cada uno de nosotros somos invitados a ser luz para ver y reconocer en el rostro del otro el rostro de Cristo. Solo así podremos avanzar en la construcción de una sociedad igualitaria, justa y fraterna.

Y, para terminar, dos últimos mensajes que nos trasmite el papa Francisco:

Nos dice a todos claramente que «las migraciones pueden dar lugar a posibilidades de nueva evangelización, a abrir espacios para que crezca una nueva humanidad, preanunciada en el misterio pascual, una humanidad para la cual cada tierra extranjera es patria y cada patria es tierra extranjera».

Y otro dirigido directamente a los emigrantes y refugiados: «Queri­dos emigrantes y refugiados. No perdáis la esperanza de que tam­bién para vosotros está reservado un futuro más seguro, que en vuestras sendas podáis encontrar una mano tendida, que podáis ex­perimentar la solidaridad fraterna y el calor de la amistad. A todos vosotros y a aquellos que gastan sus vidas y sus energías a vuestro lado os aseguro mi oración y os imparto de corazón la bendición apostólica».

Acojamos, pues con valentía, fe y humildad esta tarea a la que so­mos llamados de crear juntos un mundo mejor.

ORACIÓN UNIVERSAL

El sacerdote invita a los fieles a orar diciendo:

Con la confianza de hijos, con la esperanza de que Dios siempre nos escucha, dirijámosle nuestra oración de petición, hoy en es­pecial por nuestros hermanos inmigrantes y refugiados, diciendo:

R/ Señor, escucha y ten piedad

Te pedimos, Señor, por la Iglesia, peregrina y extranjera en este mundo, para que acoja con amor maternal a todos los migrantes, dejándose enriquecer por la diversidad litúr­gica y espiritual de los diversos pueblos. Oremos.  

R/ Señor, escucha y ten piedad

Te pedimos, Señor, por el papa Francisco; dale el coraje y la fuerza de tu espíritu para que continúe su servicio, su entrega a los más desfavorecidos y su impulso renovador por hacer del Evangelio un auténtico seguimiento al Cristo pobre.  

R/ Señor, escucha y ten piedad

Te pedimos, Señor, por los emigrantes españoles que es­tán saliendo fuera de nuestro país debido a la crisis económica, para que encuentren trabajo y una acogida pastoral en las Iglesias de acogida. Oremos.  

R/ Señor, escucha y ten piedad

Te pedimos también, Señor, por los inmigrantes que con­viven en nuestro país, para que se sientan acogidos y amados en la Iglesia y encuentren en la sociedad los medios necesarios que les permitan vivir una vida digna. Oremos.  

R/ Señor, escucha y ten piedad

Te pedimos, Señor, por nuestros gobernantes. Dales la luz para que su política esté basada en la igualdad de todos los hombres y sus leyes favorezcan la integración. Recor­damos en este tiempo todos los recortes sanitarios y educativos que estamos sufriendo, especialmente las personas inmigrantes. Oremos.  

R/ Señor, escucha y ten piedad

Te pedimos, Señor, por todos nuestros familiares y difun­tos. Y especialmente por los emigrantes que fallecen en el intento de llegar a otras tierras. Por todos lo que han falle­cido este año en Lampedusa, en el Estrecho, en el desierto y en otros lugares. Oremos.  

R/ Señor, escucha y ten piedad

Y también te pedimos, Señor, por todos nosotros, por nuestra comunidad, para que mantengamos siempre viva la fe y la esperanza en que un mundo mejor es posible, un mundo donde tu Reino lo hagamos más visible, donde las personas que vienen de otros países se sientan colaborado­res y protagonistas del mismo. Oremos.  

R/ Señor, escucha y ten piedad

El sacerdote, con las manos extendidas, termina la plegaria común diciendo:

Padre bueno, padre de todos, escucha nuestras plegarias y concédenos tu protección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/ Amén


Publicado por verdenaranja @ 23:18  | Migraciones
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