S?bado, 11 de enero de 2014

Sugerencias para la homilía de Jornada de las Migraciones 2014 contenidas en Subsidio Litúrgico para dicha Jornada editado por Comisión Episcopal de Migraciones de la CEEy recibido en la parroquia para su celebración el 19 de Enero.

LECCIONARIO: volumen I, lecturas del II Domingo del Tiempo Ordinario: Is 49, 3.5-6; Sal 39; 1 Cor 1, 1-3; Jn 1, 29-34

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

Acabamos de escuchar la Palabra de Dios, una palabra provocado­ra de esperanza y de vida —como toda Palabra de Dios—; Isaías nos tramite un mensaje directo: «te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance el confín de la tierra». Podemos decir que es un mensaje sin fronteras, sin elitismo de nacionalidad. Un mensaje que hoy se nos dice a cada uno de los que aquí y fuera es­tamos presentes o ausentes: «Te hago a ti luz de las naciones, para que mi salvación alcance el confín de la tierra».

Nuestro Dios es el Dios sin fronteras, el Dios de la Igualdad, el Dios de todos y cada uno de los hombres y mujeres de esta tierra, un Dios que quiere, por tanto, la salvación de toda la humanidad. No solo de los blancos, o de tal o cual raza, o de los que viven en este lado del mundo o del otro. Es universal. Abarcable al confín de la tierra.

El Mensaje de la Jornada de este año dice: «Emigrantes y refugia­dos: hacia un mundo mejor. Haciendo un mundo mejor».

¿Qué supone la creación de un mundo mejor?, nos pregunta el papa Francisco. Y el papa dice «que el mundo solo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones, incluida la espiritual, si somos capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y la acogida».

Ser luz de las naciones, coger la antorcha de la responsabilidad de que nuestro mundo se salve, significa, como bien dice nuestro papa, pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y acogida. Seamos luz; seamos, pues, encuentro y acogida para nuestros hermanos inmigrantes y para todos.

Crear un mundo mejor es poner nuestro granito de arena en la construcción de la cultura de la fraternidad universal que es la fra­ternidad evangélica. Caminar hacia un mundo mejor es sentir que la fe me invita a ser luz para mi hermano/a inmigrante y recoger también su luz.

Para ello qué mejor que tener la actitud de san Pablo cuando se en­contraba en las distintas comunidades. Lo hemos oído en la segun­da lectura. Su entrada es un anuncio de paz y de gracia. «La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo, sean con vosotros».

Nuestra primera entrada es posible que esté a veces cargada de vi­siones negativas o erróneas, incluso de miedos; o simplemente ni les damos entrada.

Como creyentes, debemos convertir nuestra mirada, nuestras pa­labras, nuestra acogida. Ir por la vida llevando la paz y la gracia como primera entrada en el conocimiento y la relación con cada persona que sale en nuestro encuentro; hoy, especialmente, ofrecer la paz y la gracia de Dios a los inmigrantes y refugiados que tene­mos a nuestro lado, aquí en la Eucaristía o en nuestro barrio, o en los encuentros cotidianos en la escuela, en el centro de salud…

En ello nos jugamos no solo ser mejores personas, o incluso bue­nos creyentes, sino que está en juego la fe, el reconocer en el rostro del otro a Cristo. Como lo hizo Juan. Lo hemos escuchado en el evangelio:

«En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: -Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (…). Y Juan dio testimonio»

Juan reconoce en el rostro de uno de tantos que se iba a bautizar al Cristo.

En otro momento, dice también el mensaje papal: «Emigrantes y refugiados no son peones sobre el tablero de la humanidad. Se tra­ta de niños, mujeres y hombres que abandonan o son obligados a abandonar sus casas por muchas razones, que comparten el mismo deseo legítimo de conocer, de tener, pero sobre todo de ser algo más».

No son peones en el tablero de la humanidad, sino que son nues­tros hermanos y hermanas en Cristo, cada uno de nosotros somos invitados a ser luz para ver y reconocer en el rostro del otro el rostro de Cristo. Solo así podremos avanzar en la construcción de una sociedad igualitaria, justa y fraterna.

Y, para terminar, dos últimos mensajes que nos trasmite el papa Francisco:

Nos dice a todos claramente que «las migraciones pueden dar lugar a posibilidades de nueva evangelización, a abrir espacios para que crezca una nueva humanidad, preanunciada en el misterio pascual, una humanidad para la cual cada tierra extranjera es patria y cada patria es tierra extranjera».

Y otro dirigido directamente a los emigrantes y refugiados: «Queri­dos emigrantes y refugiados. No perdáis la esperanza de que tam­bién para vosotros está reservado un futuro más seguro, que en vuestras sendas podáis encontrar una mano tendida, que podáis ex­perimentar la solidaridad fraterna y el calor de la amistad. A todos vosotros y a aquellos que gastan sus vidas y sus energías a vuestro lado os aseguro mi oración y os imparto de corazón la bendición apostólica».

Acojamos, pues con valentía, fe y humildad esta tarea a la que so­mos llamados de crear juntos un mundo mejor.


Publicado por verdenaranja @ 23:22  | Migraciones
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