Martes, 04 de marzo de 2014

El papa Francisco firmará el decreto de canonización del jesuita beato José de Anchieta el próximo 2 de abril. El mismo Papa lo comentó a tres sacerdotes canarios, los padres Diego y Cristóbal Rodríguez, e Higinio Sánchez, que habían participado en la Eucaristía que presidió el viernes 28 el obispo de Roma en la capilla de Santa Marta. Ahora corresponde a la Santa Sede definir la fecha para la canonización. (AICA)

Misionero jesuita nacido en la localidad tinerfeña de San Cristóbal de la Laguna en 1534, dedicó su vida a la evangelización y defensa de los derechos de los indígenas brasileños. Fue fundador de San Pablo, cofundador de Río de Janeiro y de las Reducciones del Paraguay. Poeta, escritor y lingüista, su destacado aporte a las lenguas nativas lo convierte en uno de los principales representantes de la cultura brasileña.

José de Anchieta nació el 19 de marzo de 1534 en San Cristóbal de la Laguna, en la isla de Tenerife. Su padre, Juan de Anchieta, era un vasco originario de Urrestilla, Azpeitia, tierra de San Ignacio de Loyola, con cuya familia estaba emparentado. Su madre, Mencia Díaz de Clavijo, era natural de Las Palmas y descendiente de la nobleza canaria.

En 1548 José de Anchieta y su hermano partieron hacia Portugal para estudiar en la Universidad de Coimbra, regenteada por la Compañía de Jesús y una de las más prestigiosas de la época. En 1550, el padre Simón Rodrígues SJ, Provincial de Portugal y uno de los primeros compañeros de San Ignacio, lo admitió en la Compañía de Jesús. Animado por la lectura de las Cartas que enviaba Francisco Javier desde la India, Anchieta deseaba ser misionero.

Misionero en Brasil
Termina el noviciado a los 19 años y, pese a sus problemas de salud, es destinado a las Misiones del Brasil. El 13 de julio de 1553 llegó al puerto de Bahía. Así comenzó una vida apostólica extraordinaria e intensa, que desarrolló en gran parte con el padre Manuel de Nóbrega SJ, Provincial del Brasil, con quien compartió una profunda amistad.

Su primer destino fue la Capitanía de San Vicente, donde vivían la mayor parte de los jesuitas del Brasil. Camino de San Vicente, José vive una de sus primeras aventuras. La embarcación en la que viaja sufre daños y debe refugiarse en la costa. Establecen contacto con los indígenas y, mientras dura la reparación de la nave, el joven jesuita aprovecha para aprender la lengua tupí. Aquellos días de obligada parada, mientras se acostumbra a comer los productos del lugar, pone todas sus habilidades en aprender la lengua y las costumbres de los pobladores indígenas, algo que será fundamental para toda su labor en Brasil.

El 25 de enero de 1554 formó parte del grupo de portugueses que en Piratininga fundaron la actual ciudad metrópoli de San Pablo. Allí José de Anchieta construye una maloca, una casa tradicional comunitaria destinada a centro misionero, que se convirtió en lugar de atención y asentamiento para los indígenas. Se les ofrecía instrucción en carpintería y artesanía, y los pequeños aprendían a leer y escribir. Por su parte, Anchieta aprendió de los indígenas técnicas curanderas, botánica y las propiedades de las plantas, que empieza a utilizar tanto para uso medicinal como para obtener fibras para fabricar alpargatas y piezas artesanales. También anima la construcción de casas de barro y ladrillo.

Poeta, escritor y lingüista
Rápidamente llega a dominar la lengua indígena. Prepara la primera gramática de la lengua tupí, que servirá para su aprendizaje por sus compañeros y que constituye un gran aporte, y se convierte en “misionero de misioneros”. Se le atribuye también la creación y traducción de tres catecismos y otras obras sobre la realidad del país y de los pueblos indígenas. Anchieta es también poeta y dramaturgo, y escribió en latín, español, portugués y tupí. La Academia Brasileña de Letras y el Instituto Histórico y Geográfico Brasileño lo consideran entre las grandes figuras de la cultura del Brasil.

Mediador por la paz
En abril de 1563 emprende, junto con el provincial jesuita padre Manuel de Nóbrega SJ, una expedición para preservar la paz con la federación de los indios tamoios. Nóbrega y Anchieta se internan en terreno indio y se presentan en Iperui, donde vive el principal cacique tamoio: Caoquira. Lo vivido por los dos compañeros jesuitas en aquel tiempo entre los tamoios es una historia llena de esfuerzos de diálogo, peligros y amenazas, aprendizaje y santidad. Todos los intentos acabaron fracasando, pero Anchieta se lleva de su tiempo con los tamoios el Poema a la Virgen, escrito sobre la arena de la playa y memorizado por él mismo, y la admiración y amistad de algunos de los más importantes caciques. Será el propio Cuñanbebe, uno de los más aguerridos jefes indígenas, el que lo devuelva a San Vicente después de varios meses de cautiverio.

Poco después se desplaza a la bahía de Guanabara donde los franceses, aliados con los tamoios, se hacen fuertes contra los portugueses. Durante las batallas, Anchieta no para de atender a heridos de ambos bandos.

José de Anchieta se convirtió en un defensor de los derechos de los aborígenes y mestizos, y predicó contra las cacerías de indios y el mercado de esclavos. En 1566 es ordenado sacerdote y vuelve a Río donde ya se había fundado la misión de San Sebastián. Allí, junto a Nóbrega, que por entonces es un anciano, Anchieta funda un colegio.

En 1577 fue nombrado Provincial y, a lo largo de ocho años, recorrió repetidas veces el inmenso territorio de su país. La atención y auxilio de enfermos y moribundos fue una de sus grandes preocupaciones. Siendo Provincial envía al Paraguay a los primeros misioneros que formarán el núcleo original de la famosas Reducciones.

Murió el 9 de junio de 1597 en Reritinga, hoy ciudad Anchieta en su honor. El pueblo y la Iglesia del Brasil lo consideraron siempre como su gran evangelizador. El 22 de junio de 1980 fue beatificado por Juan Pablo II.+

 


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