Mi?rcoles, 02 de abril de 2014

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la misa exequial del Pbro. Carlos Raúl Nonis (2 de abril de 2014) (AICA)

Misa exequial del Pbro. Pbro. Carlos Raúl Nonis

Queridos hermanos
Después de una larga enfermedad, el domingo fue un día como de despedida del P. Carlos. Por la mañana aún estaba en esta casa de las Siervas de Jesús, por la tarde comenzó su última internación. Por la noche le administré los sacramentos y la bendición apostólica; y durante todo el lunes compartió más intensamente la cruz de Jesús.

Con palabras que no se comprendían en todo su significado, como anticipándose al encuentro con el Señor, en estos días más difíciles de su salud el padre Carlos decía “el martes me voy”. Y así fue, el Señor lo llamó ayer por la mañana, y partió hacia la Casa del Padre, en medio de la Cuaresma, llamado por el Señor para celebrar su Pascua en el cielo.

Sacerdote y pastor que estuvo muy cercano a Dios, y también a la gente
Fue un sacerdote y pastor que estuvo muy cercano a Dios, y también a la gente, y cuando alguien tenía necesidad de recurrir a él, uno podía encontrarlo dispuesto a recibirlo cordialmente, con una gran bondad y afabilidad, aún en los momentos más difíciles.

Sabemos que a lo largo de su ministerio desde 1969 año en que fue ordenado sacerdote trabajó en la Arquidiócesis como asesor de la obra de las vocaciones sacerdotales, fue asesor de la pastoral juvenil, vice asesor del Consejo de la Acción Católica, delegado episcopal para las comunicaciones sociales, asesor de las congregaciones marianas, vicario parroquial y posteriormente párroco en sus queridas parroquias de Santa Teresa y San Diego de Alcalá. Durante diez años lo vimos abriendo y cerrando la transmisión en el canal 5, que lo hacía con palabras evangelizadoras, y últimamente como confesor en Cañada de Gómez.

Queremos agradecer a todos los que lo acompañan en este día, y a quienes estuvieron cerca, a Teresita y a José junto a su familia, a sus hermanos sacerdotes, a sus familiares y amigos, a las Siervas de Jesús, que lo cuidaron con tanta entrega durante su enfermedad.

“El que escucha mi palabra y cree en Aquel que me ha enviado tiene Vida eterna y ha pasado de la muerte a la vida” (Juan 5, 24)
El Señor nos dice en la lectura del Evangelio que proclamamos que “el que escucha mi palabra y cree en Aquel que me ha enviado tiene Vida eterna y ha pasado de la muerte a la vida” (Juan 5, 24).

La Palabra de Dios tiene que ser escuchada y puesta en práctica, y quien cree tiene la vida eterna. Es la fe la que produce desde ahora una vida nueva en el creyente; pero también, como nos dirá un poco más adelante el Evangelio de San Juan, llega la hora en la que “los que hicieron el bien resucitarán para vivir “(Juan 5, 29), y es el amor la causa de la vida eterna.

Por ello queremos escuchar su Palabra, "acoger el sublime tesoro de la palabra revelada" (E. Gaudiun, 175), ser fieles y creer en Aquel que envió a Jesús para salvarnos; como lo hizo el padre Carlos; y por eso vivió con caridad y esperanza, la misma esperanza que hoy nos hace ver la muerte de otra manera.

Con las lámparas encendidas (Lc.12, 35)
La muerte no es el fin, sino que la vida se transforma. Por el bautismo y por la fe recibida, el padre Carlos se encaminó hacia las puertas del cielo, y por la Ordenación sacerdotal fue llamado a reinar con Cristo en la gloria; pero sobre todo por la obras de amor, por las obras de bien y de misericordia confiamos que nuestro querido hermano sacerdote se encaminó al cielo con “las lámparas encendidas” (Lc.12,35), y llevando el equipaje más necesario, el que tiene el mayor valor, ya que “en la tarde de la vida seremos examinados de amor” ( San Juan de la Cruz).

Por eso hoy no queremos solamente rezar y despedir los restos del padre Carlos, queremos aprender algo de su vida, y llevarnos el ejemplo de su fortaleza en la salud y en la enfermedad; de su fe y de su piedad, y también de su bondad y caridad.

Tenemos confianza que la Santísima Virgen del Rosario lo acompaña en este camino al cielo.

Que el Señor le dé el premio de la vida eterna al querido padre Carlos.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


Publicado por verdenaranja @ 21:30  | Homil?as
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