Viernes, 18 de abril de 2014

Reflexión a las lecturas del domingo de Resurrección ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epóigrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR" 

La Resurrección del Señor  

¡Jesucristo, el Señor, ha resucitado! ¡Muchas felicidades!

Sí, tenemos que felicitarnos unos a otros por tantas cosas como hemos ido recordando y celebrando estos días del Triduo Pascual, que culminan en las Fiestas de Pascua. Son cincuenta días de alegría y de fiesta en honor de Cristo Resucitado. La cuestión está en que seamos capaces de mantener el ritmo de alegría y de fiesta durante tanto tiempo.  Porque es mucho.

Hoy nos alegramos y nos felicitamos por la dicha enorme de ser cristianos. ¡Qué pena que tantas personas no conozcan o no entiendan estas cosas!

En la Resurrección del Señor no nos alegramos sólo  por su victoria , sino también por la nuestra.  S. Pablo escribiendo a los corintios, les dice: “¿Si confesamos que Cristo ha resucitado, cómo es que algunos de vosotros dicen que los muertos no resucitan? Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana es nuestra fe”. (1Co 15, 12 ss).

Para el Apóstol del Cuerpo Místico, la Resurrección de Cristo y nuestra resurrección, cuando Él vuelva, son dos realidades inseparables.

Es sólo un ejemplo de lo que la Resurrección de Cristo supone para nosotros… Y haríamos bien en leer o releer el cap. 15 de la Carta a Los Corintios que habla ampliamente de nuestra resurrección.

¡Este año tenemos la dicha de escuchar a S. Mateo hablando de la Resurrección del Señor!

Hay un parecer muy extendido, entre gente que entiende de estas cosas,  según el cual el hecho  de la Resurrección del Señor sería algo que nadie conoció, que cuando el Señor resucitó, nadie lo vio, que de la noche de la Resurrección no se puede decir nada, porque no tenemos testigos, etc.

Sin embargo, S. Mateo es el evangelista que más se acerca al hecho mismo de la Resurrección.  ¡Es que en el momento mismo de la Resurrección sí que habían testigos! ¿Qué dice el Evangelio? Que Pilato, a petición de los sumos sacerdotes y fariseos, les dijo: “Ahí tenéis la guardia: Id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis”.(Mt 27,62-65). Era la guardia romana, no la guardia del templo.

Del momento mismo de la Resurrección, dice S. Mateo: “De pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del Cielo y acercándose, corrió la piedra  y se sentó encima…” “Los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos”. Y el mismo ángel habla también a las mujeres.  Y, en otro lugar, dice que “mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdote todo lo ocurrido” (Mt 28, 11 y ss.) Es decir, que los centinelas son testigos que comunican, que cuentan, que dicen. ¡Y cuántas cosas más habrán dicho, que no recoge el Evangelio!  Sabemos muy bien que todo no se escribió.

¿Y ninguno de aquellos de la guardia o de los sumos sacerdotes y fariseos…, ninguno, se haría cristiano?

¿Y a qué iban las mujeres al sepulcro? Sencillamente, a terminar de embalsamar el Cuerpo del Señor, porque era el primer día de la semana, y ahora podían hacer lo que no pudieron hacer en la tarde del viernes, porque comenzaba la Pascua. Ellas, por supuesto, no iban pensando en la Resurrección, porque, al igual que los discípulos, no entendían nada de eso… ¡Sin embargo, fueron las primeras en ver a Jesucristo resucitado, como veremos luego.

¿Qué a Jesucristo no lo vio nadie resucitar? ¡Es Lógico! Un cuerpo resucitado no se puede ver, si no es porque el mismo Señor lo manifiesta como, en algunas ocasiones, a los discípulos. Y también  “a más de quinientos hermanos juntos, de los cuales la mayoría viven todavía. Otros han muerto”. Que dice S. Pablo. (1Co 15,6).

S. Mateo, por tanto, nos ofrece unos datos que otros evangelistas no tienen. Y, sea cual sea la interpretación que se haga, se descubre la huella de testigos presenciales.

Pero hay más. Nos dice el Evangelio que, cuando las mujeres iban de camino, “Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: No temáis: id a  comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea. Allí me verán”.

Mis queridos amigos/as: Qué importante es todo esto para celebrar la Pascua, teniendo como guía a S. Mateo, el evangelista de este año. Jesús dice a las mujeres asustadas y temblorosas, dos cosas: “Alegraos” e “id a comunicar a mis hermanos… ”

Dos actitudes que debemos mantener todo el Tiempo de Pascua. Jesús Resucitado, nos invita, por tanto, a la alegría y al testimonio de su Resurrección. Y esto es mucho y muy importante para comenzar a recorrer el camino pascual, tiempo de alegría desbordante, de acción de gracias y de acogida fervorosa de los dones pascuales.

 


Publicado por verdenaranja @ 23:58  | Espiritualidad
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