Mi?rcoles, 11 de junio de 2014

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, administrador apostólico de Rosario, en la solemnidad de Pentecostés (8 de junio de 2014)

Pentecostés

Queridos hermanos

Al culminar el tiempo pascual, celebramos el día de Pentecostés, el día del Espíritu Santo, que Jesús resucitado quiso enviar a la Iglesia naciente. Es un acontecimiento de gracia que se vivió en el Cenáculo, donde estaban reunidos los discípulos, y de allí se difundió sobre Jerusalén y sobre el mundo entero.

La primera lectura que leímos de los Hechos de los Apóstoles nos habla del estruendo que provocó su venida, cuando los apóstoles experimentaron su presencia. Era como un “viento que sopla fuertemente», que llenó de pronto toda la casa; al que siguieron “ llamaradas de fuego», que se dividían y se posaban encima de cada uno.

El Espíritu Santo cambió la vida de los Apóstoles
Eran signos visibles de su acción, que cambió la vida de los Apóstoles, que iluminó sus mentes con su luz y encendió sus corazones. Y todos «se llenaron del Espíritu Santo», que los llevó a hablar en otras lenguas y manifestar su presencia.

Todos estos signos señalaban el comienzo de una presencia viva y de una misión perdurable, queridas por Jesús. Fue la constancia de que el momento de anunciar el Reino de Dios y edificar la Iglesia, había llegado

Hoy volvemos a celebrar su venida, para que toda la Iglesia se llene de vida, para que su presencia también llegue a nosotros, y renueve nuestras vidas.

Es la misma plenitud de la salvación que nos trajo la Pascua, de tal manera que en este día se completa y se actualiza lo que recibimos de Jesús muerto y resucitado.

Así como los apóstoles, que habían sido testigos de la muerte y de la Resurrección del Señor, se llenaron de luz y de fortaleza para emprender la nueva misión, y formar y extender la Iglesia, así también el Espíritu nos impulsa a nosotros a renovar ese llamado y el sentido de nuestra vida.

El Espíritu Santo mantiene viva la misión en la Iglesia
Es el Espíritu Santo que mantiene la misión en la Iglesia y nuestra propia respuesta de evangelización. Por eso en ensalmo pedimos con confianza: "Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra".

Así como el Espíritu se hizo presente en el Cenáculo, hoy también toda la Iglesia es un cenáculo, que espera al Espíritu, con la presencia renovadora de la gracia. Él nos concede permanecer juntos en la oración, afianzar la fraternidad, y crecer en la comunión.

Cuando confiamos en el Espíritu Santo y estamos unidos a Él, el corazón se transforma, y se produce la diversidad y la variedad de sus dones. Son muchos los servicios y muchas las funciones, pero un solo Espíritu, un mismo Señor y un mismo Dios.

En cambio si actuamos solos, si nos movemos por conveniencias o intereses egoístas, entonces nos dividimos, nos enfrentamos, nos separamos del verdadero amor. .

Por eso el Espíritu nos enriquece con sus carismas; para que guiados por el mismo Espíritu haya diversidad en la unidad. Sólo Él puede suscitar la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, construir la unidad, ya que genera una experiencia de comunión en el amor fraterno .

Espíritu Santo reanima y está presente en el interior de nuestra propia vida
Así como el Espíritu une y actúa en la Iglesia; también reanima y está presente en el interior de nuestra propia vida.

Toda nuestra existencia está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos dones son disposiciones permanentes que nos hacen dóciles para amar y seguir sus impulsos.

De este modo, si nos dejamos conducir por los dones del Espíritu alcanzaremos la unidad interior, la perseverancia y la fortaleza para vivir como cristianos.

Solo el Espíritu Santo nos libra de muchas oscuridades del alma, y nos da la libertad que necesitamos para amar con alegría. Por eso, así como le pedimos que renueve la faz de la tierra, también le pedimos que nos acompañe y que encienda en nuestros corazones el fuego de su amor.

Y si estamos unidos al Espíritu, podremos dar muchos frutos, que son innumerables, como la caridad, el gozo, la paciencia, la bondad, la mansedumbre, y la fidelidad (Gal 5, 22-23). Y si esos frutos los ponemos al servicio de la comunidad, vamos a hacer presente y visible en el mundo el amor y la vida de Cristo. El ama nuestra vida, y nos va a ayudar a alcanzar esta plenitud, y hacer de todos los bautizados discípulos misioneros.

Caritas nos invita a responder como cristianos en favor de los que tienen menos
Hoy es la colecta de Caritas, que permite responder como cristianos en favor de los que tienen menos. Caritas anima, y coordina la pastoral caritativa de la Iglesia católica, procurando dar respuestas a la pobreza desde los valores de la dignidad y la justicia social.

Caritas nos invita a colaborar en favor de los más necesitados. Recordemos que 'Compartir es amar', y este debe ser un mensaje de esperanza y solidaridad para todos .

También deseo agradecer la colaboración de los cientos de voluntarios, así como de los medios de comunicación e instituciones, para difundir la Colecta y valorar esta misión para alcanzar una sociedad más fraterna y justa

Queridos hermanos Si nos dejamos guiar por los dones del Espíritu, vamos a ser dóciles a sus inspiraciones. Sobre todo en nuestra interioridad, en la raíz de nuestra existencia, porque solo el Espíritu Santo nos transforma, nos hace sentir que estamos llenos de vida, para experimentar con todo nuestros ser la presencia del Señor, y la alegría de ser cristianos.

Se lo pedimos con confianza a la Santísima Virgen, que nos enseña con su vida y con sus obras a ser dóciles al Espíritu Santo.


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Homil?as
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