Viernes, 01 de agosto de 2014

Reflexión a las lecturas del domingo  dieciocho del Tiempo Ordinario - A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 18º del T. Ordinario A

 

También a Jesucristo le gustan las vacaciones. Por eso se va en barca con los discípulos “a un sitio tranquilo y apartado”.   

No sé si todos los cristianos se irán de vacaciones con el Señor; o, por el contrario, se irán de “vacaciones espirituales”, es decir, que quieren “descansar” también  de su relación con Dios… Incluso, de la Misa del domingo. Pero aquella pobre gente no entiende de vacaciones; venían siguiendo a Jesús porque sienten profundamente de Él, “la necesidad de Dios”. Y “le estropean” las vacaciones. Pero para Él y, por tanto, para los cristianos, las vacaciones no son un valor absoluto. Algunos dicen: “Estoy de vacaciones y que nadie me moleste…” “No estoy para nadie…” Pero ése no es el sentido de las vacaciones para un cristiano. Pueden surgir  necesidades graves y urgentes que hagan que tengamos que compartir el descanso con otras cosas. Y es difícil que haya unas vacaciones sin “ningún contratiempo”. Además, no podemos olvidar en vacaciones la necesidad de compartir las distintas tareas de la casa, para que puedan descansar todos porque, a veces, las madres no descansan. Pero lo que se destaca en el Evangelio de este domingo, es la primera multiplicación de los panes y los peces.  Para “unos cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”.

Este acontecimiento dejó una profunda huella en la primera generación cristiana, que iba recogiendo y guardando lo que se llaman  “los hechos y dichos del Señor”, que dieron origen a los Evangelios. Todos ellos narran este acontecimiento. Y, a partir de él, San Juan nos presenta “el Sermón del Pan de Vida”.

Siempre se ha considerado este hecho como anuncio y prefiguración de la Eucaristía. San Mateo nos lo narra siguiendo el esquema de la última Cena: “Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; y los discípulos se los dieron a la gente”.  Veamos. Ya es tarde. Y los discípulos le dicen a Jesús: “Despide a la multitud para que se vayan a las aldeas y se compren de comer”. La respuesta de Jesús no puede ser más sorprendente: “Dadles vosotros de comer…” “¿Nosotros?  ¿De dónde? ¿Si no tenemos más que cinco panes y dos peces?”Jesús les dice: “Traédmelos”

¡Cuánto aprendemos aquí! El Señor nos enseña que los cristianos tenemos que resolver las necesidades y dificultades de los hermanos. Dice Jesús que “el que el crea en mí hará las mismas obras que yo hago, y aún mayores” (Jn 14,12).  ¡No hace Dios milagros sin necesidad! A nosotros nos gustaría resolver los problemas del mundo “a base de milagros”. Es mucho más cómodo. Pero no es así.  Lo primero es compartir “los panes y peces” que tengamos. No importa el número. Sólo así podrá ahora tener lugar “el milagro”. Los otros milagros ya vendrán. Por eso, los primeros cristianos afrontaban también las necesidades materiales de los hermanos, la situación de las viudas y los huérfanos, por ejemplo. Así, en la Comunidad de Jerusalén “ninguno pasaba necesidad”. (Hch 4,34).

También en la vida cristiana  se hace imposible la vida  sin el alimento, sobre todo, sin el Pan del Cielo. De aquí que el Señor nos invite y nos urja la Eucaristía de cada domingo, como algo fundamental, que no se puede dejar por cualquier cosa. Incluso, la Misa de cada día, en la medida que sea posible. Pero eso depende de la necesidad de Dios que sienta cada cual. Decía San Juan Pablo II que celebrar la Eucaristía cada día había sido siempre para él “una necesidad existencial”. Y, como decía, en estas cosas no hay vacaciones. ¿Es que en el verano dejamos de comer o de respirar?

Este domingo, en el que experimentamos una vez más la generosidad de Dios con nosotros en el orden material y espiritual, aclamémosle con el salmo responsorial: “Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores…”    

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 20:30  | Espiritualidad
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