Mi?rcoles, 15 de octubre de 2014

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (11 de octubre de 2014) (AICA)

La necesidad de la subsidiariedad

Hoy quiero hablarles de uno de los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia. Estos principios fundamentales son cuatro: la dignidad de la persona humana, el bien común, la subsidiaridad y la solidaridad.

Hoy, precisamente quiero hablarles de la subsidiaridad. Es un poco difícil de pronunciar esta palabra y hay que explicar bien que significa sobre todo si decimos que es un principio fundamental.

Voy a valerme del “Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia” que es una publicación que como su título lo indica nos ofrece una síntesis, un resumen, de lo que la Iglesia viene enseñando en materia social por lo menos desde la Encíclica “Rerum Novarum”, de León XIII.

Ahora bien, observemos qué encontramos aquí acerca de la subsidiaridad. Dice: “Es una de las directivas más constantes y características de la Doctrina Social de la Iglesia, que propone tomar en cuenta y cuidar a la familia, a los grupos, a las asociaciones, las realidades territoriales locales, en suma aquellas expresiones asociativas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional, político, a las cuales las personas dan espontáneamente vida y que a su vez, hacen posible un verdadero crecimiento de la vida social. Este es el ámbito de la sociedad civil, allí se ejerce el principio de subsidiaridad.

Se trata entonces de proponer que estas expresiones originarias y espontáneas, libres de asociación civil sean verdaderamente promovidas. El Papa Pío XI, en la Encíclica “Quadragesimo Anno”, fue quien insistió mucho en esta realidad de cooperación entre todas las instituciones y de la promoción de la vida social a partir de la actividad de cada una.

Dice el Compendio: “el principio de subsidiaridad protege a las personas de los abusos de instancias sociales superiores; y reclama que estas últimas, las instancias superiores, ayuden a cada individuo y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus propias competencias, a cumplir con sus funciones específicas.

Entonces con el Principio de Subsidiaridad se evitan muchos desvalores de la vida social, como por ejemplo formas de concentración, de burocratización, de asistencialismo, de presencia injustificada y excesiva del estado en el aparato público.

Nosotros conocemos desgraciadamente mucho de esto y en la actualidad existe una discusión fuerte en la Argentina acerca de si la intervención del Estado en muchas de las ocasiones es una intervención justa, si es necesaria o si en realidad se trata de un intervencionismo. Ustedes saben que esos ismos son muchas veces sospechosos.

Les sigo leyendo el Compendio. Dice: “la articulación pluralista de la sociedad y la representación de sus fuerzas vitales, la salvaguardia de los derechos humanos y de las minorías, la desconcentración burocrática y administrativa, el equilibrio entre la esfera pública y la privada, con el consiguiente reconocimiento de la función social del orden privado y una adecuada responsabilización del ciudadano en su tomar parte de la vida activa de la realidad política y social del país, esto es el ejercicio concreto de la subsidiaridad.

Entonces en muchas ocasiones el Estado tiene que realizar una función de suplencia, tiene que suplir lo que no se hace. Y aquí el Compendio dice, por ejemplo: cuando se dan “situaciones en los que hace falta que el Estado promueva la economía a causa de la imposibilidad por parte de la sociedad civil de asumir autónomamente la iniciativa, realidades de graves desequilibrios de injusticia social, la intervención pública, en este caso solamente, puede crear condiciones de mayor igualdad, de Justicia y de paz. Aquí es necesaria la intervención del Estado aunque hay cierta postura, fuertemente liberal, que no lo quiere reconocer. Pero el otro extremo es también muy peligroso porque puede conducir al totalitarismo.

A la luz del principio de subsidiaridad esta suplencia institucional del Estado no debe prolongarse o extenderse más allá de lo estrictamente necesario desde el momento que encuentra justificación, es decir cuando la situación es excepcional.

Yo no se si ha salido demasiado teórica esta intervención mía de hoy pero como les decía tiene que ver con problemas concretos de la Argentina., y aquí las posturas ideológicas muchas veces obnubilan la visión real de las cosas.

Entonces en cuanto a las instancias superiores, concretamente el Estado, la intervención debe ser justa, debe ser necesaria, no debe ser excesiva. Y aquí lo que se juega es la libertad, la libertad de la sociedad civil, la responsabilidad de los ciudadanos y esto es una apelación para que los ciudadanos no se queden con los brazos cruzados. Lo que se juega en definitiva es la dignidad de la persona humana.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 22:47
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