Jueves, 16 de octubre de 2014

Palabras del párroco de Santa Úrsula Mártir en el municipio de Santa Úrsula, Tenerife, al concluir peregrinación con la imagen titular por los barrios durante los días 1 de Septiembre a 12 de Octubre de 2014 con motivo de la celebración del IV Centenario de la fundación de la  parroquia.

 

La peregrinación ha llegado a su meta. La imagen de Santa Úrsula, nuestra Santa Patrona, después de recorrer durante mes y medio todos los barrios del municipio, ya está de nuevo en su templo. Ha devuelto, por así decirlo, en estos días la visita que durante tantos años los fieles le  han hecho en su templo.

Empezábamos el 1 de Septiembre con un cierto temor pero llenos de esperanza porque es Dios quien mueve los corazones. 

El peregrinar de nuestra Mártir nos ha hecho tomar conciencia que, en el devenir de estos años, “otros” han entrado casi sin querer a formar parte de la vida cotidiana de nuestro pueblo. Junto a la Virgen María en las advocaciones de “El Rosario” que veneramos  en nuestro templo parroquial y la virgen de Fátima en el Farrobillo, nos hemos encontrado  en el barrio de la Vera con San  Clemente, padre apostólico y tercer papa después de San Pedro;  en la Tosca de Ana María con San Joaquín y Santa Ana, que tuvieron la suerte de cuidar y tener en su hogar a la Madre de Dios; en Lomo de Hilo y Cantillo nos esperaba Santa Rita, cuyo secreto fue el amor como  única fuerza que puede transformar nuestro corazón y el corazón de los semejantes;  en la Corujera salía a recibirnos San Bartolomé Apóstol que reconoció a Jesucristo como Hijo de Dios  y Mesías esperado; en la subida a Pino Alto nos acompañó la Cruz, signo de identificación de los cristianos;  en Tamaide el Santo Hermano Pedro primer santo canario,  que con el único equipaje de su fe y su confianza en Dios, surcó el Atlántico para atender a los pobres e indígenas de América; de nuevo nos precedía la Cruz, lugar de salvación,  en el Tinglado;  y por último, rodeados de cánticos y vivas, con San Luis, rey de Francia,  padre de su pueblo y sembrador de paz y de justicia, avanzamos hasta su ermita en el lugar de El Calvario. 

Ellos, los santos, pertenecen a esa “nube de testigos que nos envuelve” (He 12, 1-3). Son como lugar donde se comprende, se nutre y crece la Iglesia. Son el fruto más precioso del Evangelio. El Concilio Vaticano II enseña que “en la vida de  los santos  Dios manifiesta al vivo ante los hombres su presencia y su rostro; en ellos El mismo nos habla y nos ofrece un signo de su reino…” (Lumen Gentium VII, 50). 

Como escribió Hans von Balthasar “los santos constituyen el comentario más importante del Evangelio y representan para nosotros una vía real de acceso a Jesús” y son, en palabras de Jean Guitton, como "los colores del espectro en relación con la luz, porque con tonalidades y acentos propios cada uno de ellos refleja la luz de la santidad de Dios”

Es bueno tener a los santos como amigos en nuestro andar diario. Los santos no son solamente imágenes colocadas en las paredes de una iglesia, estáticas y sin vida y a los que hacemos fiesta una vez al año. Los santos también se mueven y lo hacen a través de nosotros. Toda persona que conozca en profundidad un santo, es decir, que se meta dentro de su vida y en su forma de seguir a Jesucristo no puede permanecer indiferente, no puede seguir como antes. Los santos son iconos de Jesús. 

A través de Santa Úrsula y los demás santos, hemos podido constatar cómo Dios, es un Dios cercano, que se deja encontrar, que camina con nosotros, y que nos llama a vivir y a celebrar nuestra fe. Por eso hay algo muy importante que no ha faltado a lo largo de los días de peregrinación: la Eucaristía. Hemos podido meditar como la Eucaristía “debe ser el centro y la vida del cristiano”, pues sin duda que no podemos caminar con hambre bajo el sol.  Tampoco ha faltado el rezo del Santo Rosario, es decir, la meditación de los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. 

Por eso al clausurar esta peregrinación con motivo del IV Centenario de la fundación de nuestra parroquia  de Santa Úrsula Mártir  os invito a dar gracias a Dios y a pedirle que siga haciendo de nuestra parroquia un lugar donde el ejemplo de la Virgen María y de los santos  nos conduzca hasta él. 

Sebastián García Martín, párroco


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