Viernes, 24 de octubre de 2014

Reflexión a las lecturas del domingo treinta del Tiempo Ordinario - A ofrecida por el sacerdote Don Juan Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 30º del T. Ordinario

Sigue la oposición, la conspiración contra Jesucristo, las preguntas “para ponerlo a prueba”. El Evangelio de hoy nos dice que unos fariseos “se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”

A primera vista, no comprendemos la dificultad. Esta pregunta es muy fácil. La conocemos desde pequeños. Sin embargo, en la época de Jesús,  la cuestión era realmente difícil: los rabinos contaban hasta 613 preceptos en la Ley y en sus interpretaciones. Y discutían acaloradamente, en las escuelas rabínicas,  acerca del mandamiento principal de la Ley. Por tanto, para Jesús, señalar ese precepto, era muy arriesgado. Realmente, era una pregunta “para ponerlo a prueba”. Sin embargo, Él, Maestro supremo de todos, le dice: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.  Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.”

¡Asombroso! Cristo no sólo les señala cuál es el mandamiento principal y primero, sino que también les dice cuál es el segundo, en orden de importancia y, además, que estos dos mandamientos resumen la Ley entera y los profetas, es decir, todo el Antiguo Testamento.

Pero no podemos olvidar que Jesucristo está respondiendo a unos judíos, y acerca de la Ley de Moisés. Por eso dice: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Para los cristianos es diferente: hemos de amar al prójimo “como Jesucristo nos amó”. (Jn 13, 34).

Y, si esto es así, ya conocemos lo fundamental, lo más importante, el núcleo de nuestra vida cristiana: “el amor”. Nuestra  tarea es amar. Se ha dicho que lo importante en la vida no es hacer cosas grandes y valiosas, sino el amor que ponemos en lo que hacemos, sea grande o pequeño. Por eso no es raro que el Papa Benedicto XVI centrara el programa de  su Pontificado en esta frase: “Deus Cháritas est”. Dios es Amor.

Nuestra vocación, por tanto, es el amor, responder “al amor primero”.(1Jn 4, 19). Recordemos el gran descubrimiento de Santa Teresa del Niño Jesús: “Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia…” “En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo, y mi deseo se verá colmado.”

Si nos dijeran que lo que tenemos que hacer en la vida es hacer grandes estudios, todos no estaríamos capacitados para ello. Si nos dijeran que tenemos que dedicarnos a los negocios,  muchos diríamos que no valemos para eso. Si nos dijeran que…  Pero amar, lo que se dice amar, lo sabemos hacer todos, lo podemos todos. Por eso se suele comparar la vida cristiana con una cruz: ésta se  compone de dos palos: uno vertical y otro horizontal.  El vertical mira a Dios; el horizontal, a los hermanos. Si falta un palo, ya no hay cruz. Por eso la célebre discusión en la que uno dice que lo más importante es la relación con Dios, ir a Misa, frente al otro que dice que lo realmente importante es el amor al prójimo, ayudar a los pobres, no tiene sentido… Son necesarios los dos mandamientos, las dos cosas.

Y, como siempre, para los cristianos, Jesucristo es el modelo perfectísimo del verdadero amor. Nadie ha amado al Padre y a los hermanos como Él.

Y  ¿no es el amor el que pone a la Iglesia, cada día, en “Pie de Misión”?

 


Publicado por verdenaranja @ 12:36  | Espiritualidad
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