Viernes, 07 de noviembre de 2014

Reflexión a las lecturas de  la fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígreafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

La Dedicación de San Juan de Letrán

 

          Celebramos este domingo, la Dedicación o Consagración de la Iglesia de San Juan de Letrán. Esta Iglesia es la Catedral de Roma, la Catedral del Papa, que preside a toda la Iglesia en la caridad. Es normal que la celebremos en todo el mundo.

          Las lecturas de la Palabra de Dios nos animan a hacer una reflexión sobre la Iglesia, en vísperas de la Jornada de la Iglesia Diocesana, que celebraremos el próximo domingo.  ¡Me parece providencial esta coincidencia! Y es que necesitamos contemplar con frecuencia el Misterio de la Iglesia. ¡Cuántas cosas podríamos decir de ella!

          El Evangelio nos presenta la Expulsión de los mercaderes del templo de Jerusalén. Aquel hecho fue verdaderamente impresionante, espectacular. Una de las interpretaciones que se hace de este acontecimiento, es que Jesús quería indicar que aquel Culto, el del Antiguo Testamento, iba a terminar muy pronto. Dentro de unos días, con su Pasión, Muerte y Resurrección, iba a comenzar el Culto nuevo, el del Nuevo Testamento, centrado en su Cuerpo Resucitado. No en vano nos dice el Evangelio que en el momento de la muerte del Señor, “el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo”. (Mt 27, 51).

          San Pablo, en la 2ª lectura,  llama templo al conjunto de los cristianos: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?” Templo, edificado sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús, la piedra angular. (Ef 2, 19-22)

¡Es ésta una imagen muy hermosa de la Iglesia! Un edificio o, mejor, un edificio en construcción, que se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Nosotros somos piedras vivas de ese edificio y en él tenemos que trabajar todos, de acuerdo a la “profesión” de cada uno. Y S. Pablo hoy nos advierte: “Mire cada uno cómo construye”. Es lo que se nos recuerda cada año, la fiesta de la Iglesia Diocesana.

          Y llamamos iglesias a los lugares donde se reúne la Iglesia (con mayúscula), el nuevo pueblo de Dios.

          La profecía de Ezequiel (1ª lect.),  nos presenta un templo, que representa a Cristo y a la Iglesia. De él brota un torrente de agua viva, que da salud y vida a todos los lugares donde llegue la corriente. ¡Hermosa imagen de la Iglesia!

           Recuerdo que cuando era pequeño e iba a la catequesis, un día el párroco preguntó a todos los niños reunidos, por dónde se entra a la Iglesia, y comenzamos a decir: por la puerta, etc. Hasta que un niño levantó la mano y dijo: “por el Bautismo”. El sacerdote le preguntó quién se lo había enseñado y dijo: “mi padre”. Aquello se grabó profundamente en nosotros. Pues de eso se trata, eso es lo que nos recuerda esta Jornada: que estamos dentro de la Iglesia, que tenemos que aprovechar su riqueza sobreabundante y que tenemos que colaborar en su crecimiento y desarrollo, de acuerdo a su triple misión: evangelización, culto y caridad. No podemos ver ni menos enjuiciar a la Iglesia desde fuera, como sucede en un partido de fútbol, en el que los espectadores protestan de todo: de los jugadores, del árbitro, de todo, menos de sí mismos, porque han pagado, han comprado la entrada. Cuando contemplamos a la Iglesia desde dentro, una Iglesia en la que estamos trabajando todos; que depende de lo que haga cada uno y de la gracia de Dios, la cosa cambia.

                                                                                        

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 22:59  | Espiritualidad
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