Viernes, 01 de junio de 2018

Reflexión a las lecturas de la Solemnidad del Corpus Christi ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 SOLEMNIDAD DEL CORPUS

   

      Cada año, la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo nos recuerda y nos centra en la realidad asombrosa del Misterio Eucarístico. ¡Nunca reflexionaremos bastante sobre su inmenso contenido!

    Desde su origen, esta fiesta ha querido subrayar la presencia real de Cristo en la Eucaristía, también después de la Santa Misa. Y, si miramos la historia, esto tiene una gran importancia. Hay un ritual que se llama “de la Sagrada Comunión y del Culto a la Eucaristía fuera de la Misa”. De ahí la importancia que tiene, en esta celebración, la Procesión del Santísimo por las calles.

    Luego la Liturgia de la Palabra de cada año –de los tres en que se divide la Liturgia- nos invita a reflexionar y celebrar algún aspecto fundamental de la Doctrina Católica sobre este Sacramento admirable: La Eucaristía, Sacrificio del Señor, La Eucaristía, Alianza de Dios con su pueblo y la Eucaristía, Banquete de los cristianos.

    Este año, que es el II ó ciclo B, la celebración de Corpus centra nuestra atención en la Eucaristía como Alianza de Dios con los hombres, ratificada por la Sangre de Cristo.

    Y es que en la vida de los hombres, hay muchas ocasiones, en que se hacen necesarios los acuerdos, los pactos, las alianzas. ¡Y hace falta garantizar su cumplimiento! Cuántos ejemplos podríamos poner sobre las garantías, que avalan los acuerdos, los pactos. ¡Hasta llegar a la sangre! Esto era algo propio de antiguas civilizaciones.

    Dios, en su relación salvadora con nosotros, también se ha valido de estas realidades. En el Antiguo Testamento, se fueron sucediendo distintas alianzas: con Noé, con Abrahán…, hasta llegar a la alianza con todo el pueblo elegido, en el Sinaí. En la  primera lectura de este domingo, contemplamos esta alianza, que se realiza a través de Moisés. Él es el que presenta al pueblo las condiciones del pacto. Y el pueblo responde: “Haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”. Y Moisés rocía al pueblo con sangre de animales sacrificados. ¡Esto nos da idea de la importancia y la gravedad del acuerdo! ¡Y de aquí viene la expresión Antiguo Testamento!

    El Evangelio nos presenta el Cáliz de la Sangre de Cristo, que se derrama como Sangre de la Alianza nueva y eterna.

    La segunda lectura es un comentario acerca de esta Alianza: “Si la sangre de machos cabríos o de toros y el rociar con las cenizas de una becerra, tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la Sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo”.

    Lo peculiar de este pacto, que se realiza en la Última Cena, y que tiene su punto culminante en la Cruz, es que se renueva, se actualiza, se hace presente, cada vez que se celebra la Santa Misa. Por eso, ¡nuestra participación en ella nos compromete tanto!

    En cada celebración, especialmente, al terminar la Liturgia de la Palabra, también tenemos que decir nosotros: “Haremos todo lo que dice el Señor y le obedeceremos”.

     Por eso, nuestra participación en la Eucaristía tiene que hacernos mejores cumplidores de los mandatos del Señor, especialmente, del mandamiento nuevo, porque son los términos del pacto. ¡Y eso tiene que notarse en la vida de cada día!  

     Los términos de la alianza, por tanto, se refieren al amor a Dios y a los hermanos. Por eso las grandes celebraciones eucarísticas suelen estar relacionadas con algún aspecto de la dimensión caritativo–social de la vida cristiana. Así, en el Corpus, celebramos el Día Nacional de Caridad y el Jueves Santo, el Día del Amor Fraterno.

     En efecto, reconocer y adorar la presencia de Cristo en la Eucaristía, ha de purificar nuestros ojos y nuestro corazón para reconocerle después presente en los hermanos, especialmente, en los que sufren y en los pobres. ¡Hay tanta gente que sufre! ¡Hay personas, que han sido enfermas, o necesitadas, durante toda su vida! ¡Y ahí contemplamos el rostro de Cristo, o, como dice el Papa Francisco, “ahí tocamos la  carne de Cristo!

     En este tiempo, que todavía es de crisis, las necesidades se han multiplicado y urgen nuestra caridad que, como sabemos, es “la mejor forma de justicia”. Y siempre tenemos delante de nuestros ojos, el reto de la  comunidad cristiana de Jerusalén, en la que “ninguno pasaba necesidad” (Hch 4, 34).

     En medio de tantas dificultades y sufrimientos, nos alegra constatar la respuesta positiva de tantos cristianos y asociaciones e instituciones de la Iglesia, especialmente, de Cáritas.

     Y esto siempre lo tenemos que intensificar, porque se trata, en definitiva, de cumplir, de llevar a la práctica, nuestra Alianza con el Señor!                                                

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:38  | Espiritualidad
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