Viernes, 12 de octubre de 2018

Reflexión a las lecturas del domingo veintiocho del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 28º del T. Ordinario B

 

        Aquel joven, que nos presenta el Evangelio de este domingo, era muy bueno. Cuando Jesús le dice que, para heredar la vida eterna, tiene que cumplir los mandamientos, le responde: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Es lógico que Jesús se quedara mirándolo con cariño. Y como signo de su amor, le invita dar un paso más radical en su seguimiento y le dice: “Una cosa te falta: Anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el Cielo, y luego sígueme”. Pero aquel joven no aceptó el reto de Jesús, y se fue, pesaroso, porque era muy rico.

        Pero a lo largo de la historia, han habido muchos jóvenes que no se marchan, que aceptan gozosos la invitación. Comenzando por los apóstoles. De ahí que Pedro empiece a decirle al Señor: “Ya ves que  nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido…”.

       Y después de los apóstoles, son muchos, muchísimos, los chicos y las chicas, que lo han dejado para seguir a Jesucristo y entregarse al servicio de la Iglesia, como sacerdotes, misioneros/as, religiosos/as y demás personas consagradas. Con frecuencia los encontramos trabajando y trabajando, aquí y allá, incluso, en los lugares más pobres de la tierra. ¡Cuántos ejemplos podríamos presentar!

        Ellos y ellas pueden decir lo que escuchamos en la primera lectura: “Vino a mí un espíritu de sabiduría: La preferí a los cetros y a los tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza. No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro a su lado es un poco de arena y junto a ella la plata vale lo que el barro”.

       Constatamos aquí a cuánto puede comprometernos la Palabra de Dios que, en la segunda lectura, se nos presenta “más tajante que espada de doble filo…”

         Lo cierto es que a todos, jóvenes y mayores, el Señor nos llama a cimas cada vez más altas en su seguimiento. De este modo, comprendemos que nunca podemos pararnos e instalarnos en ningún tipo de mediocridad o medianía, pensando: “Tranquilo, ya está bien, ya cumples, no te preocupes más”. ¡La cuestión fundamental está en que  no podemos contentarnos con ser buenos, porque el Señor nos llama a ser santos!

        ¡Cómo cambia la perspectiva de nuestra vida cuando nos hacemos estos planteamientos!

        Y nadie “paga” como el Señor: “Cien veces más, en esta vida, con persecuciones, y, en la futura, vida eterna. No hay persona ni empresa en el mundo que dé más. Muchos consagrados/as lo han experimentado y nos dicen que es verdad. Lo que hace falta es que nos lo creamos nosotros, especialmente, la gente joven, cuando comienzan a sentirse llamados por el Señor.

         Y, además de todo eso, Jesús nos pone en guardia sobre el peligro de las riquezas. No porque los bienes de la tierra sean  malos, sino porque se pueden usar mal; y, de hecho, con frecuencia, se usan mal, hasta convertirlos en dioses, especialmente, el dinero. Y así tenemos “el dios dinero”. Jesús se refiere, en concreto, a "los que ponen su confianza en el dinero".

        S. Pablo nos advierte del peligro de “la codicia y la avaricia, que es una idolatría”        (Col, 3, 5). Nos sentimos fuertes  ante  Dios, prescindimos de Él, y podemos llegar a vivir en contra de Él.

        Y no olvidemos que donde está nuestro tesoro, allí estará también nuestro corazón.       (Mt 6, 21) ¡Y el corazón es lo fundamental!

        Se trata, en definitiva, de no perder sino de conservar y mejorar nuestra capacidad de valorar tantas realidades que están más allá del dinero y de lo puramente material.

 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR


Publicado por verdenaranja @ 19:38  | Espiritualidad
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DOMINGO 28º DEL TIEMPO ORDINARIO B  

 MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

En la lectura, que ahora escucharemos, se hace un elogio de la sabiduría divina, poniéndola por encima de la salud, la belleza, el dinero y el poder. Para los cristianos Jesucristo es la Sabiduría de Dios. 

 

SEGUNDA LECTURA

            Continuando con la lectura de la Carta a los Hebreos, se nos enseña hoy, en pocas palabras, la eficacia y la fuerza tan extraordinaria que tiene la Palabra de Dios, capaz de penetrar hasta lo más profundo de nuestro ser. 

 

TERCERA LECTURA

            En el Evangelio que vamos a escuchar, constatamos cómo la Palabra de Dios puede comprometernos a cosas muy difíciles, pero el Señor nos da su ayu-da y su gracia para conseguirlo.

            Aclamemos ahora  al Señor con el canto del aleluya.

 

COMUNIÓN

            En la Comunión nos encontramos con Jesucristo, que es alimento y fuerza para progresar en su seguimiento.

            Pidámosle que nos ayude a cumplir cada día, con mayor perfección, su Palabra, de modo, que, en medio de las vicisitudes de nuestra vida, nos esforcemos en agradarle. De este modo nos sentiremos siempre ricos poseyendo-le a Él.


Publicado por verdenaranja @ 19:29  | Liturgia
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Viernes, 05 de octubre de 2018

Comentario Domingo 27 del Tiempo Ordinario por el P. Antonio Rivero. octubre 02, 2018 (ZENIT)

Domingo 27 del Tiempo Ordinario
Ciclo B
Textos: Gn 2, 18-24; Heb 2, 9-11; Mc 10, 2-16

Idea principal: La naturaleza religiosa  del matrimonio

Síntesis del mensaje: Hoy el mensaje litúrgico podría resumirse así: la naturaleza religiosa del matrimonio. No es sólo una institución natural. Desde el inicio está marcada por la mano de Dios. La creación del hombre y la creación del matrimonio son simultáneas; tienen la misma fuente: el Dios de Vida; y la misma meta: comunicar vida. Si Dios es la fuente de toda vida, el matrimonio, también al dar vida a nuevos hijos, tiene que ver con Dios; tiene una naturaleza religiosa. El divorcio, por tanto, nunca entró en los planos de Dios.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, el matrimonio no es sólo una institución sociológica, o algo privado entre el hombre y la mujer. El matrimonio es compartir el amor y el poder de Dios de comunicar vida a otros; por lo tanto, tiene una naturaleza religiosa. De ahí que Cristo en el evangelio defienda esta característica del matrimonio, prohibiendo el divorcio que nunca entró en los planos de Dios. La fidelidad es una cualidad bien conocida en el matrimonio cristiano y, ciertamente, en cualquier matrimonio realmente humano. Hay muchas razones para mantener el principio de inseparabilidad en el matrimonio. Dos razones apunto. Primera, está en la naturaleza del amor el ser fiel y verdadero el uno al otro, y permanentemente. El hombre y la mujer son los únicos seres en la tierra que pueden comprometerse para siempre. En esto también son imagen de Dios. Y segunda: la fidelidad permanente en el matrimonio es la única respuesta para mantener su estabilidad como institución, tan esencial para la formación de los hijos. Por eso, no sólo la enseñanza de Jesús, sino la experiencia humana confirma los valores religiosos del matrimonio. Es por eso por lo que el matrimonio es un sacramento, fuente de gracia divina.

En segundo lugar, ¿por qué entonces muchos matrimonios no viven esta dimensión religiosa en sus vidas? Muchos matrimonios andan hoy que no pueden con su alma. Han perdido, si es que lo tuvieron, o han olvidado, si es que lo vivieron, el espíritu de sacrificio, elemental e indispensable para aguantar mecha los influjos de la sociedad, los roces de la convivencia y las crisis de la vida. La crisis de la primavera matrimonial: la crisis de la desilusión, que aparece en el segundo o tercer año de matrimonio; se creía que todo sería color de rosa. No se había experimentado la convivencia diaria, los roces diarios, los defectos diarios. En el noviazgo sólo se ven las rosas; nunca las espinas. La crisis del verano matrimonial: la crisis del silencio. Si el marido y mujer, en vez de avanzar uno en dirección al otro, superando las decepciones inevitables que surgen en el transcurso de los primeros años, se atrincheran en el silencio y en el conformismo, entran, más o menos en esta época, en una etapa decisiva. Si el demonio mudo se apodera de ellos, conjugando sus esfuerzos con los estragos del tiempo, caen ambos en una especie de letargo. La crisis del otoño matrimonial: la de la indiferencia. Ha pasado el tiempo y ha paralizado el amor, e incluso lo ha matado. La crisis del invierno matrimonial: la pérdida. Se pierde el pelo, la buena presencia, la salud, la memoria, el dinero, los aplausos de ayer. Se pierden los seres queridos, a quien tanto amábamos. Vamos a la tumba. Y esto es doloroso y sangrante.

Finalmente, tiene que quedar claro hoy lo siguiente: el matrimonio, todo matrimonio, es el derecho natural del hombre y de la mujer a casarse; derecho natural que, por ser Dios el fundador, es de derecho divino y tiene naturaleza religiosa. Derecho divino en que, por ser de Dios, Dios manda, dispone y gobierna. O lo que es maravilloso: el matrimonio es uno, fiel, irrompible, irrepetible, inseparable, vitalicio… como el amor, como la vida, como Dios. Los cristianos, por ser portadores de la fe, de la gracia y del Espíritu, automáticamente elevan el matrimonio civil a sacramento. Ni siquiera los casados por lo civil tampoco pueden divorciarse. Si se casaron porque su conciencia les dio el visto bueno, sin impedimento dirimente alguno que obstaculizase la validez del matrimonio, si su voluntad fue casarse de una vez por todas y para siempre… no hay divorcio que valga.

Para reflexionar: ¿Viven todo esto nuestros matrimonios de hoy? ¿Por qué algunos matrimonios optan por el divorcio? ¿Qué hacer ante las crisis que vendrán para madurar los matrimonios?

Para rezar:

Señor, Padre santo,
Dios omnipotente y eterno,
te damos gracias y bendecimos
tu santo Nombre: tú has creado
al hombre y a la mujer
para que el uno sea para del otro
ayuda y apoyo. Acuérdate hoy de nosotros. Protégenos y concédenos
que nuestro amor sea entrega
y don, a imagen de Cristo y de la Iglesia.
Ilumínanos y fortalécenos en la tarea
de la formación de nuestros hijos,
para que sean auténticos cristianos
y constructores esforzados de la
ciudad terrena. Haz que vivamos
juntos toda nuestra vida, en alegría y paz,
para que nuestros corazones
puedan elevar siempre hacia ti,
por medio de tu Hijo en el Espíritu Santo,
la alabanza y la acción de gracias. Amén.

octubre 02, 2018 17:20Espiritualidad y oración

 


Publicado por verdenaranja @ 18:44  | Espiritualidad
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Reflexión a las lecturas del domingo veintisiete del tiempo ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 27º del T. Ordinario B

 

        La cuestión del divorcio no es nueva. En el país de Jesús también se discutía sobre el divorcio. Y también había una especie de “ley de divorcio”, el “Acta de repudio”. Es lo que contemplamos en el Evangelio de este domingo, en el que unos fariseos, con mala intención, van a pedirle al Señor su opinión sobre este tema: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?”

La respuesta del Señor es admirable. Va a la raíz de la cuestión planteada: El matrimonio no es un invento humano, que se deja a la libre voluntad de cada uno. Dios es el Creador del matrimonio, y lo dotó de propiedades y normas propias, de acuerdo con su  naturaleza.

 ¿Y quién entiende más de una cosa que el que la hizo? Cuando manejamos, por ejemplo, un electrodoméstico cualquiera,  tenemos que adaptarnos a las normas del que lo fabricó, porque, de lo contrario, se quema o se estropea enseguida. Igual sucede con el matrimonio.

Y además, si se unen el hombre y la mujer para formar “una sola carne” ¿quién podrá   separar lo que es una sola carne, una sola cosa? Por eso, cuando en la casa los discípulos vuelven a preguntarle sobre lo mismo, Jesucristo les dice que el que se divorcia comete  adulterio, tanto si lo hace el hombre como la mujer.

¡Así es el matrimonio cuando sale de las manos de Dios!  ¡Y la Liturgia de hoy nos aproxima a esa realidad maravillosa!

A pesar de todo, modernamente las leyes civiles han introducido el divorcio, como la solución a la problemática de la pareja que no marcha bien. ¡Cuántas reflexiones podríamos hacer sobre ello!

Pero más que discutir de normas y leyes, el cristiano busca en la Palabra de Dios y en la Doctrina de la Iglesia, la verdadera respuesta. Y es ésta: “La Iglesia, acogiendo y meditando fielmente la Palabra de Dios, ha enseñado solemnemente y enseña que el matrimonio de los bautizados es uno de los siete sacramentos de la Nueva Alianza” (Fam. C., 13). Es decir, signo e instrumento eficaz de la acción de Dios en los esposos. ¡Y esta es la Buena Noticia que la Iglesia, de Oriente a Occidente, anuncia cada día en el mundo!

Pero los sacramentos, para ser provechosos, necesitan una adecuada preparación, celebración y vivencia. ¡Cuánto tendríamos que decir sobre esto!

Y continúa el Evangelio hablando de la acogida que hace Jesucristo a los niños que le acercaban para que los tocara. Y decía: “De los que son como ellos es el Reino de Dios”. Y también: “Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

Me parece que, para comprender mejor las enseñanzas de Cristo sobre el  matrimonio, necesitaríamos   volver a ser niños y abrir nuestros ojos, nuestros oídos y nuestro corazón a su Palabra.

¡Cuántas gracias hemos de darle al Señor por el don del matrimonio, y porque hace posible que tantos matrimonios vivan felices!

Pero, en una ocasión como ésta, no podemos olvidar que son también muchos los que, a pesar de todo, no han conseguido, en su matrimonio, el bienestar que soñaron siempre. La Iglesia, a la que llamó el Papa San Juan XXIII “Madre y Maestra”, al exponer su doctrina, no mira con dureza e insensibilidad a los que han tenido que optar por otro camino (Fam. C. 84).

Termino haciendo alusión al salmo 127, que usamos hoy de salmo responsorial y que canta el bienestar familiar del que teme al Señor y sigue sus caminos. Y decimos: “Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida”.

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! 


Publicado por verdenaranja @ 13:22  | Espiritualidad
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DOMINGO 27º DEL T. ORDINARIO B       

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

            Con el estilo característico de los primeros capítulos del Génesis, la Palabra de Dios nos enseña que Dios creó al hombre y a la mujer para que formasen, en el matrimonio, una unión tan íntima y tan grande que nadie la pueda romper.

            Escuchemos. 

SALMO

La vida en familia, los hijos y el trabajo son bendición de Dios. Con el salmista pidamos al Señor que nos bendiga todos los días de nuestra vida. 

SEGUNDA LECTURA

            Desde hoy hasta el final de año litúrgico, leeremos, como segunda lectura, fragmentos de la Carta a los Hebreos. Es la exposición más bella y profunda sobre Jesucristo de todo el Nuevo Testamento. Escuchemos con atención la lectura de hoy. 

TERCERA LECTURA

La  pregunta que los fariseos le hacen a Jesús, con mala intención, le da pie para exponer la verdadera doctrina sobre la estabilidad del matrimonio cristiano.

Pero antes de escuchar el Evangelio, cantemos el aleluya. 

COMUNIÓN

            En la Comunión experimentamos la grandeza del amor de Dios para con nosotros. Él nos ofrece el Cuerpo y la Sangre de Cristo, como alimento y fuerza para nuestra vida de cada día. Pidámosle que todos, especialmente los esposos cristianos, vivamos en el amor.

 


Publicado por verdenaranja @ 13:18  | Liturgia
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