Viernes, 30 de noviembre de 2018

Reflexión a las lecturas del domingo primero de Adviento C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 1º de Adviento C

 

          Cuando llegue la Navidad no faltarán lamentaciones. Muchos cristianos dirán que eso no es la Navidad. Que lo que celebrábamos antiguamente, ¡aquello sí que era Navidad…!

          La respuesta es muy sencilla: Una fiesta que no se prepara, sale mal o no se celebra.

    ¡Y eso es lo que pasa, como veremos, con la Navidad!

         Para prepararnos para esas celebraciones entrañables, comienza hoy el Tiempo de Adviento, que significa venida, llegada, advenimiento.

       Se trata de la venida del Señor a Belén, y sus primeras manifestaciones.

        Pero, si no aprovechamos el Adviento, ¿qué tipo de Navidad vamos a celebrar?

        ¡Aquí está, pues, la clave de todo!

       ¡Muchos cristianos, tal vez, la mayoría, necesitan descubrir el Adviento!

        Y comenzamos nuestra preparación para la Venida del Señor, recordando y celebrando su objetivo final: su Vuelta Gloriosa, su Segunda Venida, para la que tenemos que estar disponiéndonos siempre, como en un permanente adviento, porque Dios Padre no ha querido revelarnos el día y la hora en que vendrá Jesucristo, su Hijo, lleno de gloria, para juzgar a vivos y muertos; y para llevar a plenitud el Misterio de la Redención, dar comienzo a la Humanidad nueva, a la Creación nueva, liberada del mal y de la muerte, transformada y glorificada (Rom 8,20-23).

          Así todas las generaciones cristianas pueden tener la experiencia gozosa de vivir y morir esperándole.

         El Evangelio de este domingo emplea unas palabras, un tanto extrañas, para hablarnos de ese tema. Son los géneros literarios, de los que hablábamos el otro día. Éste es el género apocalíptico.

           S. Lucas, el evangelista que nos guía este año, nos dice: "Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”. Y nos advierte: "Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra…”

            La segunda lectura es preciosa: S. Pablo nos exhorta a vivir de tal manera que, cuando  vuelva Jesucristo, el vástago legítimo de David (1ª Lect..), nos presentemos santos e irreprensibles ante Dios nuestro Padre.

            ¡Entremos, pues ya, en el Adviento, con la ayuda de Dios! ¡Es la única forma de poder celebrar, de un modo adecuado y provechoso, la Navidad, el Tiempo de Navidad! Desde el Nacimiento del Señor y sus primeras manifestaciones, hasta su Bautismo, cuando va a comenzar su Vida Pública.

           Por todo ello, ¡es tan grande y maravilloso celebrar, cada año, la Navidad!

 

                                                     ¡BUEN ADVIENTO!  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 14:00  | Espiritualidad
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DOMINGO 1º DE ADVIENTO C  

MONICIONES

 

ENTRADA

Bienvenidos, hermanos y hermanas. Hoy comienza un nuevo Año Litúrgico. Hoy comienza el Tiempo de Adviento, que nos prepara para la Navidad.

Fijando los ojos en la Segunda Venida del Señor, hagamos hoy un esfuerzo, para ponernos en camino enseguida. Con gratitud, alegría y buenos deseos. La celebración que comenzamos nos ayudará a ello. 

PRIMERA LECTURA

            La esperanza cristiana se apoya en que Dios es fiel a sus promesas.

Escuchemos, en esta lectura, el gran anuncio del cumplimiento de la promesa de la Venida del Mesías, “el vástago legítimo de David”.

 SEGUNDA LECTURA

            S. Pablo nos exhorta a vivir de tal manera, que, cuando vuelva el Señor Jesucristo, podamos presentarnos ante el Padre, santos e irreprensibles.      

 TERCERA LECTURA

            En este año litúrgico que comienza iremos siguiendo al evangelista San Lucas.

            Hoy nos habla el Señor de su venida gloriosa. Sus palabras no son una descripción concreta de cómo será, sino que nos anuncia ese gran acontecimiento, con expresiones propias de un lenguaje característico que se usaba entonces.

            Aclamémosle con el canto del aleluya.

 COMUNIÓN

            En la Comunión recibimos el alimento santo que necesitamos, para comenzar adecuadamente el Tiempo de Adviento, la preparación para la Navidad y para perseverar en la espera del Señor, que viene.

 


Publicado por verdenaranja @ 13:56  | Liturgia
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Viernes, 23 de noviembre de 2018

Reflexión a las lecturas del domingo de la solemnidad de Cristo Rey del Universo ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 34ª del T. Ordinario B

 

          Por fin, hemos llegado al término del camino, del Año Litúrgico. El próximo domingo  comenzaremos uno nuevo, por el Adviento.

          Cuando se ha tomado todo este tiempo con seriedad y responsabilidad, se llega al último domingo con alegría, con gratitud y con una cierta señal de alivio.

          La Liturgia centra hoy nuestra atención en Cristo Rey del Universo. De esta forma, en estas fechas en las que recordamos y celebramos su Segunda Venida, como comentábamos el domingo pasado, esta solemnidad nos enseña cuál va a ser el final de la historia humana: La manifestación plena y gloriosa del Reinado de Cristo; Reinado que también es nuestro, como escuchamos en la segunda lectura de hoy: “Aquel que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su Sangre, nos ha convertido en un Reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre…”

          La afirmación de Cristo de que es Rey, cuando está ante Pilato detenido, maniatado e imposibilitado, es la prueba más evidente de  que su Reino no es de aquí, de este mundo.

          El Hijo de Dios vino a la tierra, precisamente, a iniciar aquí, el Reino de los cielos; y los que acogían su Palabra, se iban incorporando al Reino. Los que la rechazaban, se  quedaban fuera.

       El prefacio de la Liturgia de hoy habla de “un Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”; y coloca el origen de ese Reinado sobre toda la Creación, en la Cruz del Señor. 

          Me parece que lo primero que se nos pide, en esta solemnidad, es una firme y decidida adhesión personal a Jesucristo por la fe, la renovación del Bautismo, y la voluntad de perseverar fieles en su seguimiento, aún en medio de las mayores dificultades, hasta el fin, es decir, hasta su Vuelta Gloriosa, animados por el ejemplo de aquellos, que, en la persecución religiosa de España, entregaron su vida a Jesucristo, al grito de “¡Viva Cristo Rey”.

          Todo esto nos urge también a esforzarnos por extender su Reino, como Jesús nos mandó (Mc 16, 15-17). De este modo, se hará realidad en plenitud, lo que escuchamos en la primera lectura: “Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron”.

           A veces nos da la impresión de que Jesús, el Señor, no reina en distintos lugares, personas, instituciones y situaciones de la vida y de la historia. El  ritmo de crecimiento del Reino nos parece, muchas veces, muy lento. Pero el Reino de Cristo, como decíamos, no es visible, no es de este mundo, y cada uno de nosotros tenemos que entregarnos a su servicio, de acuerdo con nuestra vocación y los dones recibidos, especialmente,  en la circunstancias ordinarias de la vida.

          ¡Cuántas gracias debemos dar al Señor porque ha querido compartir con nosotros su Reinado y nos concede la gracia de celebrar hoy esta fiesta tan hermosa!

          En medio de las dificultades, que nunca faltan en nuestra condición de peregrinos, le podemos decir este día a Jesucristo, con una inmensa e invencible confianza: “Tú eres el Rey del Universo. Tú eres el Señor de la Historia. Tú eres nuestro Rey. Tú conoces el corazón de cada uno. Tú lo sabes todo. Llévanos a tu Reino eterno. Amén. Aleluya”.                                             

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 17:43  | Espiritualidad
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DOMINGO 34º DEL TIEMPO ORDINARIO B

MONICIONES

 

 PRIMERA LECTURA

            El profeta nos anuncia, en una visión misteriosa, cómo el Hijo del Hombre conseguirá una realeza eterna y universal.

Escuchemos con atención y con fe.

 

SEGUNDA LECTURA

            Escuchamos ahora un himno a Cristo glorioso, que, por su Misterio Pascual, ha hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, y un día vendrá lleno de gloria. 

 

  TERCERA LECTURA

            La afirmación de Cristo de que es rey, cuando está detenido e imposibilitado ante Pilato, es la prueba más evidente de que su Reino no es aquí, de este mundo. Pero Él es Rey. Escuchemos con atención y con fe, el Evangelio de este domingo.

          Pero antes, aclamemos al Señor con el canto del aleluya. 

 

COMUNIÓN

          En la Comunión, bajo las sencillas especies de pan y de vino, recibimos a Jesucristo, Rey del Universo. Pidámosle que nos ayude a pertenecer de verdad a su Reino, a trabajar por extenderlo por toda la tierra, comenzando por nosotros mismos,  y que un día, cuando Jesús, el Señor, vuelva en su gloria, contemplemos y participemos de la plena manifestación su Reinado  para siempre; porque su Reino no tendrá fin.


Publicado por verdenaranja @ 17:39  | Liturgia
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Comentario litúrgico de la Solemnidad de Cristo Rey por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. noviembre 20, 2018 (zenit)    

DOMINGO 34

Ciclo B

Textos: Dn 7, 13-14; Ap 1, 5-8; Jn 18, 33-37

Idea principal: La realeza y la verdad de Cristo frente a los demás reinados mundanos.

Síntesis del mensaje: Estamos terminando el año litúrgico. El domingo que viene, con el Adviento, iniciaremos de nuevo ese proceso celebrativo que nos hace participar un año más de la gracia de la salvación aquí y ahora para cada uno de nosotros, si estamos preparados. La fiesta de Cristo Rey del Universo antes se celebraba el último domingo de octubre, desde el año 1925 en que la instituyó el Papa Pío XI. Pero en la reforma litúrgica de Pablo VI, el 1969, se trasladó al último domingo del año cristiano, el domingo 34 del Tiempo Común. Cristo Rey de Universo se enfrenta hoy a las tres grandes políticas de la historia universal: la política imperial de Roma, representada en Pilato; la política teocrática de Israel, representada por los sacerdotes y letrados; y la política soteriológica de Dios, representada en Cristo. ¿Quién ganará? 

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, Jesús y Poncio Pilato, cara a cara. Pilato, prefecto de Judea del año 26 al 36, era un funcionario del Imperio; por tanto, un hombre del “ius romanum” -la ley es la ley-, antimonárquico de nacimiento e imperialista de profesión, que odiaba a los judíos como Roma, como muchos, como nadie. Pilato y Jesús, la república y la monarquía, frente a frente: “¿Tú eres el rey de los judíos?”. ¿Rey como Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, o como el David y Salomón de los libros sagrados? Cristo no le esconde la verdad: “Lo soy…pero no como los reyes de aquí abajo”. Pilato quedó desconcertado: Entonces, rey ¿de dónde, de quién? ¿Rey político, quimérico, democrático, militar…? Jesús ante Pilato y ante los jefes políticos, es respetuoso con ellos. Les hace ver cuál es la verdad de su misión, recibida de Arriba. Les pone en su lugar: al César lo que es del César. Intenta abrirles a la verdad de su mensaje. Incluso los excusa, como hizo a Pilato. Pilato no quiso aceptar la verdad, que era el mismo Cristo que tenía delante. Prefirió “su propia verdad”, con componenda y todo, lavándose las manos. Ya sabemos: por política, la razón de la fuerza vence a la fuerza de la razón, la fuerza bruta embrutece entonces a la gente y la gente entonces apuesta por delincuente contra inocente: “¡A éste no; a Barrabás!”. Jesús, rey de los hombres y del universo, porque los creó y son suyos, es la más preclara víctima política de la historia universal.

En segundo lugar, Jesús y los sacerdotes y letrados, cara a cara. Estos querían deshacerse de Cristo. Extraigo algunos párrafos de mi libro sobre Jesucristo: “Algunos de ellos lo consideraron un enemigo y un peligro, porque se arrogaba la autoridad de llevar a plenitud la ley, porque rechazaba ciertas interpretaciones que de ella hacían, porque desenmascaraba el legalismo y la hipocresía en sus relaciones con Dios y con los hombres. Jesús los desnudó y les puso de manifiesto un pecado fundamental: la falta de verdad en sus vidas, de desamor a la verdad, e incluso de odio a la verdad. Ellos no soportaban que Jesús dijera: “Yo soy la Verdad”. Su rechazo de Jesucristo no fue por razones de honestidad. Lo rechazaron por ser precisamente Él, con su modo de vida singular, con su doctrina específica y nueva, con sus enseñanzas particulares nunca oídas antes. Por eso Jesús les dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros no me recibís”. La confianza de Cristo en su Padre era como una llamada de atención a su presunción. La verdad de Cristo dolía a su doblez. El desprendimiento de Cristo chocaba con la avaricia farisea. La humildad de Jesús era una lección difícil a su soberbia y orgullo. Muchas cosas de Cristo les molestaban a los fariseos: su seguridad, su virilidad, su amor a los pobres y pecadores, su autoridad, su arrastre, su sencillez, su porte distinguido, su sonrisa serena, el brillo de sus ojos…Muchas cosas eran para los fariseos motivo de fastidio”.Estos sacerdotes y letrados tampoco aceptan la verdad que era y es Jesús. Prefirieron quedarse “con su verdad”, cosida con remiendos de ley y el hilo de su soberbia y vanidad.

Finalmente, Cristo es y debe ser el Rey de mi vida y de mi familia y quiere salvarnos; su “política” es la salvación. ¿Cómo es este Rey? De mi libro sobre Jesucristo, les comparto este párrafo: “No un rey temporal, político, social que subyuga, esclaviza a sus súbditos. Más bien, es un Rey pobre materialmente, pero rico espiritualmente; es un Rey entregado a la Causa encomendada por el Padre; es un Rey humilde, pero consciente de su Realeza. Es un Rey que sirve, sale de palacio para caminar por nuestros caminos polvorientos y ver las necesidades de cada uno de sus súbditos y así poner soluciones. Nuestro Rey sufre nuestras miserias y dolores y los comparte. Es un Rey especial, porque tiene como trono, la cruz; como cetro, la verdad; como ley, el amor y el perdón; como vestidura, la humildad y la pureza; como corona, una de espinas labrada con todos los pecados nuestros. Su Reinado son las naciones, las familias, cada corazón, donde Él quiere reinar, si le dejamos. No quiere que nadie quede fuera de su Imperio de amor y de paz. Este Rey pide súbditos fieles y felices de enarbolar su bandera, de servirle, de transmitir su ley y su mensaje. Estos súbditos fieles no cambian este Rey Jesús ni por el rey de copas, que sería el rey-placer, ni por el rey de oros, el rey-dinero, ni por el rey de bastos o de espada, el rey-violencia. Dicen “Viva Cristo Rey” con los labios y con la vida. No quiere ni súbditos infieles ni cobardes o mediocres, que viven éstos últimos en el ejército de Cristo, pero no luchan, no trabajan, no se esfuerzan, por seguir la ley del mínimo esfuerzo, de la queja continua, del sabotaje y de la mentira”.Miremos a san José Sánchez del Río, un joven cristero de 14 años, procesado y ejecutado por oficiales del gobierno mexicano del masón Plutarco Elías Calles, durante la Guerra Cristera en México. Gritó con toda su fuerza, estando su madre a un lado: “¡Viva Cristo Rey!”, antes que renegar de su fe cristiana.

Para reflexionar: ¿Cristo es rey de mi corazón, de mi mente, de mi voluntad? ¿A cuántos reyes sirvo: al dinero, al poder, al placer?

Para rezar: Recemos con san Ignacio de Loyola: “Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno.Todo es tuyo.Dispón de todo según tu voluntad. Dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta. Amén”.

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]

noviembre 20, 2018 21:43Espiritualidad y oración

 


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Reflexión de josé Antonio pagola al evangelio del domingo de  la solemnidad de Cristo Rey. 

LO DECISIVO 

 

El juicio contra Jesús tuvo lugar probablemente en el palacio en el que residía Pilato cuando acudía a Jerusalén. Allí se encuentran una mañana de abril del año 30 un reo indefenso llamado Jesús y el representante del poderoso sistema imperial de Roma.

El evangelio de Juan relata el diálogo entre ambos. En realidad, más que un interrogatorio parece un discurso de Jesús para esclarecer algunos temas que interesan mucho al evangelista. En un determinado momento, Jesús hace esta solemne proclamación: «Yo para esto nací y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz».

Esta afirmación recoge un rasgo básico que define la trayectoria profética de Jesús: su voluntad de vivir en la verdad de Dios. Jesús no solo dice la verdad, sino que busca la verdad, y solo la verdad de un Dios que quiere un mundo más humano para todos sus hijos.

Por eso Jesús habla con autoridad, pero sin falsos autoritarismos. Habla con sinceridad, pero sin dogmatismos. No habla como los fanáticos, que tratan de imponer su verdad. Tampoco como los funcionarios, que la defienden por obligación, aunque no crean en ella. No se siente nunca guardián de la verdad, sino testigo.

Jesús no convierte la verdad de Dios en propaganda. No la utiliza en provecho propio, sino en defensa de los pobres. No tolera la mentira o el encubrimiento de las injusticias. No soporta las manipulaciones. Jesús se convierte así en «voz de los sin voz, y voz contra los que tienen demasiada voz» (Jon Sobrino).

Esta voz es más necesaria que nunca en esta sociedad atrapada en una grave crisis económica. La ocultación de la verdad es uno de los más firmes presupuestos de la actuación de los poderes financieros y de la gestación política sometida a sus exigencias. Se nos quiere hacer vivir la crisis en la mentira.

Se hace todo lo posible para ocultar la responsabilidad de los principales causantes de la crisis y se ignora de manera perversa el sufrimiento de las víctimas más débiles e indefensas. Es urgente humanizar la crisis poniendo en el centro de atención la verdad de los que sufren y la atención prioritaria a su situación cada vez más grave.

Es la primera verdad exigible a todos si no queremos ser inhumanos. El primer dato previo a todo. No podemos acostumbrarnos a la exclusión social y la desesperanza en que están cayendo los más débiles. Quienes seguimos a Jesús hemos de escuchar su voz y salir instintivamente en defensa de los últimos. Quien es de la verdad escucha su voz.

José Antonio Pagola

 

Jesucristo, Rey del universo – B (Juan 18,32-37)

Evangelio del 25 / Nov / 2018

Publicado el 19/ Nov/ 2018

por Coordinador - Mario González Jurado


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Viernes, 16 de noviembre de 2018

Reflexión a las lecturas del domingo treintitrés del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo 33º del T. Ordinario B

      

Estamos terminando el Año Litúrgico, y estas últimas semanas y las primeras de Adviento, recordamos y celebramos, cada año, el final de la Historia humana, la segunda Venida del Señor.

Es una verdad de fe que profesamos en el Credo: “Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su Reino no tendrá fin”.

Los primeros cristianos tenían una conciencia muy viva de esta verdad. En nuestra época, apenas se tiene en cuenta, aunque la recordemos todos los años por estas fechas, y se haga constantemente referencia a ella en la Liturgia de la Iglesia, por ejemplo, en la celebración de la Eucaristía de cada día.             

Los científicos tienen distintas teorías sobre el fin del Universo. Algunos piensan que será una catástrofe cósmica, otros, un enfriamiento del sol, etc. Los cristianos no conocemos el modo concreto en el que terminará la Historia (Cfr. G. et Spes, 39), ni centramos nuestra atención en ello; y sea como fuere el fin del mundo, confesamos que todo concluirá con el gozo de “un encuentro eterno” con el Señor, con los hermanos y con toda la Creación renovada y glorificada (Rom 8, 20-22).

Con la Vuelta gloriosa del Señor llegará a su plenitud la Obra de la Redención y, por tanto, será el Día de la Resurrección y de la Vida sin fin. ¡Una nueva Creación! (2Co 5,17). Mientras tanto, tenemos que afrontar el sufrimiento y la muerte.

Por eso, los cristianos no esperamos este hecho, tan importante y trascendental, con miedo, ansiedad, pesimismo, ni con ningún tipo de turbación interna o externa. Cada día la Iglesia anuncia y celebra este acontecimiento como Buena Noticia. Y, por poco que reflexionemos, nos daremos cuenta enseguida, de la grandeza maravillosa e inefable que encierra, y nos llenaremos de esperanza y de gozo.

Con frecuencia, la Palabra de Dios, para transmitirnos esta verdad, emplea algunos géneros literarios, que tratan de asociar a los astros y a otros elementos de la naturaleza a ese hecho trascendental. Es lo que sucede, por ejemplo, en el Evangelio de este domingo, en el que, en medio de ese ropaje literario, se nos anuncia la Venida del Señor y se nos invita a estar atentos a sus signos característicos, porque “el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”.

En la segunda lectura, escuchamos que “Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo Sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies”.

El Libro de Daniel, que escuchamos como primera lectura, nos anuncia, en medio de un género literario característico,“tiempos difíciles”, pero, “entonces –dice- se salvará tu pueblo, todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: Unos para vida perpetua, otros para ignominia perpetua. Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad”.

Mientras tanto, es “el tiempo de la Iglesia peregrina”, a la que recordábamos y celebrábamos el domingo pasado, en la Jornada de la Iglesia Diocesana, que toca cada año a nuestro corazón, con un acento personal y comunitario característicos.

El Concilio nos dice que la “espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación por cultivar esta tierra…” (Cfr. G. et Sp. 39).

En este sentido, todos confiamos en que “Jornada de los Pobres”, que celebramos este domingo, convocada por el Papa Francisco para toda la Iglesia, traiga una nueva esperanza para tanta gente, que sufre y muere por tantas carencias, y para todos los que sufrimos por nuestra impotencia para aliviar y erradicar tanto dolor. 

                                                                                                           ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 14:19  | Espiritualidad
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DOMINGO  33º DEL TIEMPO ORDINARIO B   

 MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

          La primera lectura de hoy es un anuncio profético acerca del fin de la historia humana. Con un lenguaje característico, el profeta nos habla de esta realidad, abriendo nuestros corazones a la esperanza de un mundo nuevo, de una vida nueva. 

SALMO RESPONSORIAL

          El salmo  es la respuesta del cristiano al mensaje de la primera lectura: En medio de las dificultades e, incluso ante la misma muerte, el creyente en Jesucristo se mantiene sereno y esperanzado, porque sabe que no será entregado definitivamente a la muerte, ya que está llamado por el Señor a la resurrección y a la vida sin fin. 

SEGUNDA LECTURA

          Se nos continúa hablando, en la segunda lectura, del Sacerdocio de Cristo, que, después de ofrecer su Sacrificio Redentor, está sentado a la derecha del Padre, y espera el tiempo de su Venida gloriosa. 

TERCERA LECTURA

          Con un lenguaje apocalíptico, propio de las grandes Intervenciones de Dios, Jesús nos habla de su segunda Venida. Escuchemos con atención. 

COMUNIÓN

           En la Comunión recibimos a Jesucristo, único Sacerdote y Pastor de su Iglesia, que nos ha enviado a llevar su salvación a todos los hombres. Que Él nos ayude a desempeñar la tarea que Él nos ha encomendado, hasta que venga en su g


Publicado por verdenaranja @ 14:16  | Liturgia
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Comentario del Evangelio del 33º Domingo Ordinario por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. (ZENIT)

DOMINGO 33 DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo B

Textos: Dn 12, 1-3; Hb 10, 11-14.18; Mc 13, 24-32

Idea principal: Vigilar prepararnos para la venida de Cristo. Sólo así evitaremos la angustia y el miedo.

Síntesis del mensaje: Terminamos hoy la lectura del evangelista Marcos, que nos ha acompañado todo el año. El próximo domingo, fiesta de Cristo Rey, leeremos a san Juan. Termina el año litúrgico y por eso las lecturas nos orientan hacia la escatología, el futuro de la historia, para que nos preparemos para ese día. No necesitamos ni horóscopos ni adivinos para buscar respuestas a los interrogantes del mañana. El futuro nos fascina y nos inquieta a la vez. O porque deseamos tenerlo todo controlado. O porque nos ayudaría a planificar el presente. Lo mejor es confiar en Cristo y en su victoria.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, ¿a quién no atemoriza lo que Jesús narra en el evangelio de hoy? Visiones tremendas, espeluznantes; soberbias imágenes para una película de horror: explosión de las galaxias, apagón del sol, reventón de las estrellas, caída de la luna, desbarajuste de la creación. Hoy día, otro tanto: explosión demográfica, destrucción del ecosistema y de la casa común, como dirá el Papa Francisco en su encíclica “Laudato si’, guerra de las galaxias y, para que nadie escape, en los silos una bombita de 180 kgs atómicos por persona. ¿Consecuencias? Hombres secos de pesimismo derrotista, agresividad a flor de piel, angustia endémica, depresiones epidémicas. Películas atroces que alertan una neurosis masiva y expansiva –busquen en la internet-, el desbarajuste ético-social –nuevas ideologías en contra del plan de Dios- y el hombre de bruces en el caos. Nuestra ciencia se ha vuelto terrible, peligrosa nuestra insatisfacción, mortales nuestros conocimientos. Es decir, que parece que nos aproximamos al cuadro clínico-psiquiátrico de este evangelio sobre el fin del mundo. ¿Qué hacer?

En segundo lugar, es ciertamente impresionante el lenguaje con el que Jesús describe hoy el final de la historia. Es un lenguaje tomado del género literario “apocalíptico” y “escatológico”, con el que tanto los profetas del Antiguo Testamento como en general la literatura rabínica de la época describen el futuro y la llegada del “día del Señor”. Esta descripción, en labios de Jesús, no quiere ser angustiosa ni angustiante, sino precisamente lo contrario, esperanzadora, porque inmediatamente dice que veremos “venir al Hijo del Hombre sobre las nubes(símbolo de la divinidad) con gran poder y majestad”, y Él viene a salvar. Si somos sinceros tenemos que decir que nadie, ni siquiera la Iglesia, ha sabido explicar el sentido de estos discursos escatológicos. Grupos religiosos aprovechan estos discursos para obsesionar a sus adeptos, inclinados al fanatismo (adventistas, testigos de Jehová) y circulan de casa en casa infundiendo temor con el anuncio del inminente fin del mundo. ¿Qué hacer?

Finalmente, si queremos resumir el mensaje de este domingo, podría quedar así: el Señor ha venido una primera vez y vendrá una segunda vez en el futuro. La segunda venida no nos debe dar miedo; ella es una promesa, no una amenaza. Es la promesa de la que se nutre toda la experiencia cristiana. Eso explica aquel hecho singular que se nota en la Iglesia primitiva: los cristianos de entonces, después de haber escuchado estos discursos que también nosotros hemos escuchamos hoy, se ponían tranquilamente a rezar y a invocar: “Maranatha: Ven, Señor Jesús”. ¿Qué hacer? No olvidar que nuestra vida es una peregrinación. Quien peregrina tiene siempre en cuenta, no sólo por dónde va, sino también a dónde se dirige, cuál es la meta de su viaje. Igual que un deportista mira desde el comienzo la meta, o el estudiante, el examen final. ¿Qué hacer? Si nuestra meta es el cielo y la compañía con Dios y los santos, entonces tenemos que vigilar seriamente nuestros pasos, nuestros pensamientos, nuestros afectos, para no perder el rumbo del camino. Debemos tener todo preparado para que el Señor nos encuentre dignos de ser admitidos en su Reino. Debemos mirar con respeto y confianza a ese Cristo glorioso que viene a juzgar a todos. Ese juez es el mismo en quien creemos, a quien escuchamos en la proclamación del evangelio, a quien intentamos seguir, a quien recibimos en la Eucaristía. Estas lecturas no quieren llenarnos de angustia, sino que nos están anunciado la victoria y la salvación.

Para reflexionar: meditemos en estas palabras de San Francisco de Sales: “vivir cada día de nuestra vida como si fuera el último día de nuestra vida en la tierra”. ¿Vivimos así?  ¿O más bien evadimos pensar en esa realidad, tan cierta como segura, del final de nuestra existencia –vamos a morir- o del final de los tiempos, -Cristo vendrá-?  ¿O tal vez pensamos que luego nos arreglaremos, que mientras tanto mejor es gozar y vivir como nos venga en gana?  ¡Nos estamos jugando nada menos que nuestro destino para toda la eternidad!

Para rezar: Hagamos oración esto que nos dice san Pablo:“que el Señor conserve nuestros corazones irreprochables en la santidad ante Dios, nuestro Padre, hasta el día en que venga nuestro Señor Jesús en compañía de todos sus santos” (1 Ts 3, 12-4,2). O lo que nos dice Lucas: “Velen y hagan oración continuamente, para que puedan escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del Hombre” (21, 36).

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]rg

noviembre 13, 2018 19:25Espiritualidad y oración


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Es la invitación dirigida a los seminaristas diocesanos y religiosos de la provincia eclesiástica de Luanda con los que el cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, se reunió ayer por la tarde 14 de noviembre, en el Seminario Arquidiocesano Sagrado Coração de Jesus en Luanda, durante su visita pastoral a Angola (ver Fides 9/11/2018).


VISITA A ANGOLA DE SUA EMINÊNCIA CARDEAL FERNANDO FILONI

Prefeito da Congregação para a Evangelização dos Povos

(De 11 a 20 de Novembro de 2018) 

Encontro com os Seminaristas Diocesanos e Religiosos da Província Eclesiástica de Luanda. Seminário Arquidiocesano do Sagrado Coração de Jesus em Luanda 

(Luanda, Quarta-Feira dia 14 de Novembro 2018, as 16) 

 

Queridos irmãos, seminaristas diocesanos e religiosos, 

  1. 1.          Em primeiro lugar, dirijo a minha saudação fraterna e cordial ao Senhores bispos aqui presente, extensiva a todas as Dioceses da Província Eclesiástica, que acompanho com carinho especial e orante nas suas vidas de fé e de testemunho cristão. Depois, saúdo os formadores deste seminário e de várias Casas de formação dos diversos Institutos religiosos masculinos que aqui estudam e se preparam para servir com alegria o Evangelho e os irmãos.

 

  1. 2.          Com afecto de predilecção, queridos seminaristas, transmito-vos a Bênção Apostólica do Santo Padre, que vos tem no coração e que reza por vós. Faço-me o Seu porta-voz para exortar-vos a responder com generosidade e fidelidade à chamada do Senhor e às expectativas do Povo de Deus presente em Angola ou noutras partes do mundo; que cresçais na identificação com Cristo, o Sumo Sacerdote, preparando-vos para a missão com uma sólida formação humana, espiritual, teológica e cultural para serdes “discípulos missionários” cada vez mais apaixonados por Jesus e pela sua missão.

 

  1. 3.          Com afecto e muita alegria saúdo-vos a todos e a cada um do íntimo do coração, agradecendo a vossa presença que muito me alegra e conforta. Vós fazeis parte da “primavera da Igreja”: Em vós vejo os Sacerdotes e religiosos de amanhã, chamados a colaborar eficazmente no “anúncio da alegria do Evangelho”.

Obrigado de coração pelo acolhimento que me reservastes e,  agradeço-vos especialmente pela vossa resposta generosa e fiel ao chamamento do Senhor para serdes “discípulos missionários”.

 

  1. 4.          Convosco e com esta Igreja, quero louvar e agradecer o Senhor pelo dom de tantas vocações que o Senhor não deixa de suscitar nesta jovem Igreja de Angola. Como bem sublinhou Dom Benedito Roberto, Arcebispo Metropolita de Malanje e Presidente da Comissão Episcopal do Clero, na Sua mensagem a mim endereçada: “presentemente o número dos sacerdotes nativos de angola está acima de 822 com perspectivas de ainda crescer tendo em conta os Seminários de Teologia a contar com o número de 444 seminaristas”. É uma alegria para todos nós. Que Deus seja louvado! Enquanto admiro e gradeço pela quantidade das vocações à vida sacedotal e religiosa, apelo contudo e sobretudo que busqueis, cada um de vós, a qualidade do discipulado. Apontem para a qualidade e formem-se para serem discípulos de qualidade! Para tal, uma pergunta que deveis fazer a vós mesmos: “Que padre desejo ser?”
  2. 5.          Que Padre desejo ser?

Durante o Congresso Internacional por ocasião da publicação da Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis – O dom da vocação presbiteral, sobre a formação dos presbíteros, o Santo Padre, apresentando a imagem do sacerdote para a nova evangelização pedia que cada seminarista podesse, durante o processo formativo, perguntar-se: “Que padre desejo ser?” – e continuava – “Um padre de salão, tranquilo e colocado, ou então um discípulo missionário a quem arde o coração pelo Mestre e pelo Povo de Deus? Um tépido que prefere o quieto viver ou um profeta que acorda nos corações do homem o desejo de Deus?”.

 

Não ao padre das comodidades e do luxo: estes são os sacerdotes do salão, sacerdotes que preferem a tranquilidade e a serenidade dos seus escritórios, das suas poltronas, dos seu carros luxuosos. Este tipo de sacerdote são aqueles que estudam, formam-se para empregar-se com fins lucrativos; buscam exageradamente o luxo e o dinheiro e nele depositam todo o seu coração. Este tipo de padre caminha sozinho e não se interessa pela fraternidade sacerdotal. Não vos estais preparando para serdes “sacerdotes das comodidades”: desde já e de forma radical digais: NÃO a este tipo de sacerdotes.

 

Não ao padre “funcionário ou o profissional do sagrado: estes são aqueles que se prepararam e se formaram não para “serem sacerdotes” mas sim e sobretudo para serem “funcionários do sagrado”, a exercer um trabalho ou uma função, eles realizam esta função num período do dia, da semana e do mês; realizam-na em função de um salário, de uma recompensa… é triste ver este tipo de padres. Estes têm dificuldade de entregar-se totalmente ao Senhor e de doar-se completamente aos irmãos… estes são os amigos dos ricos… Não vos estais preparando a serdes “funcionários/profissionais do sagrado”, mas a viverdes a vossa vocação como um tesouro que o Senhor colocou. Recentemente o Santo Padre disse aos sacerdotes: “Sejam pastores, não funcionários. Sejam mediadores, não intermediários”.

 

Não ao padre clericalista: Papa Francisco em diversas ocasiões criticou o "clericalismo" no seio da Igreja e sobretudo, falando muitas vezes aos seminaristas e jovens sacerdotes, pediu que os jovens dizessem “não ao clericalismo”. Recentemente, numa entervista, o Santo Padre classificou o clericalismo como “uma peste na Igreja” de que os padres “devem fugir”, porque "afasta as pessoas". “O clericalismo, que é uma das doenças mais graves de que a Igreja padece, distancia-se da pobreza. O clericalismo é rico. Se não é rico em dinheiro, é rico em orgulho. Mas é rico: Há no clericalismo um apego às posses. Não permite-se nutrir pela mãe pobreza, não se deixa guardar pelo muro da pobreza. O clericalismo é uma das formas de riqueza de que padecemos mais seriamente na Igreja hoje. Pelo menos em algumas partes da Igreja[1]. Para o Papa, o clericalismo não permite o crescimento, não permite que o poder do baptismo se desenvolva. Saibais dizer: “Não ao clericalismo”.

 

Não ao padre de vida dupla: estes são padres que vivem a duplicidade de vida numa forma hipócrita; são aqueles que têm dois amores e que querem satisfazê-los ao mesmo tempo; são aqueles que não conseguem viver a castidade religiosa e o celibato sacerdotal, e esquecem que o celibato é uma questão do radicalismo evangélico.

 

  1. 6.          SIM Um “padre discípulo missionário”

Dizia ao transmitir-vos a benção Apostólica, que o Santo Padre que, desde o início do seu Pontificado, sonha em ver, nesta Igreja, sacerdotes e religiosos que sejam verdadeiramente “discípulos missionários”. É assim que também eu e, comigo, todo o Dicastério missionário que se ocupa da Evangelização dos povos, desejamos inculcar em todos os seminaristas do mundo, diocesanos ou religiosos, a terem a consciência clara do seu chamado a serem verdadeiramente “discípulos missionários”. E qual é o perfil deste “Padre/religioso discípulo missionário”? 

SIM ao padre “em saída” para encontrar Jesus Cristo, o Mestre: é aquele que está em saída de si mesmo, do seu egoísmo, da sua auto-suficiência, da sua auto-referência… é aquele que sai rumo a Cristo que os chama e se deixa encontrar por Ele. É aquele que tem antes de tudo um seu centro de referência, que é a pessoa de Jesus. É aquele que “em qualquer lugar e situação que se encontre, renova o seu encontro pessoal com Jesus Cristo ou, pelo menos, toma a decisão de se deixar encontrar por Ele, de O procurar dia a dia sem cessar, como disse o Santo Padre[2]. É aquele que depois de ter traído o seu Mestre é capaz de dizer «Senhor, deixei-me enganar, de mil maneiras fugi do vosso amor, mas aqui estou novamente para renovar a minha aliança convosco. Preciso de Vós. Resgatai-me de novo, Senhor; aceitai-me mais uma vez nos vossos braços redentores»[3].

É um enamorado do Mestre, enamorado pelo Evangelho, que, deixando-se surpreender, interpelar e provocar pelo fascínio sempre atual da figura de Jesus, pelas suas palavras e seus gestos de amor, vivem hoje e agora, a alegria do Evangelho e se empenham a ser Pastores segundo o Seu coração. Por isso ele é capaz de viver uma verdadeira maturidade afectiva e tem idéias claras e uma convicção íntima sobre “a indissociabilidade do celibato e da castidade do sacerdote[4].

Ele encontra o mestre na sua oração pessoal e comunitária, na sua meditação longa e profunda da Palavra de Deus, na sua participação na Eucaristia e na reconciliação. 

SIM ao padre “em saída”, com os irmãos, na escuta obediente ao bispo e aos superiores, para evangelizar: é o padre que vive com os outros do mesmo presbiterium a sua fraternidade presbiteral; é aquele que é consciente que “em virtude da comum ordenação sacra, em virtude da missão, todos os presbíteros estão unidos entre si por íntima fraternidade, que espontânea e livremente se manifesta no mútuo auxílio, tanto espiritual quanto material, tanto pastoral, como pessoal, em reuniões e comunhão de vida, trabalho e caridade[5]. Nele não há lugar a concorrência, individualismo e o favoretismo; nele existe a ajuda recíproca, a correção mútua e fraterna, a solidariedade pastoral, a convivência, celebração da vida e tudo se realiza na comunidade e esta é um lugar de festa e de perdão. Fazem parte do mesmo presbiterium e têm como Pai e Pastor, o Bispo Diocesano; metem-se em diálogo atento e respeitoso para ambos procurarem a vontade de Deus para o bem pessoal e da Igreja; com o Bispo e outros agentes pastorais, vivem a colaboração pastoral. 

SIM ao padre “em saída”,  de mãos vázias ao encontro dos pobres: é aquele que sabe esvaziar-se de si mesmo e tornar-se pobre aos olhos de Deus, confiar sempre nele, despojar-se e desapegar-se das seguranças materiais, das comodidades. Vivem “pobreza evangélica” que não se apoia unicamente nos meios materiais e nas técnicas, e sim na ajuda de Deus e na força de Sua palavra, não deixa de ser alienado ou agarrado a qualquer coisa. 

SIM ao padre “em saída”, com o Evangelho nas ruas e periferias; É o padre que vai às periferias geográficas e existenciais, como diz o Santo Padre; é aquele que se lança numa aventura imprevisível, provocados a se confrontar, continuamente, com o novo, com o desconcertante, com o desinstalador, com o que desacomoda, por exigir sempre novas respostas, sem jamais se contentar com soluções e esquemas pré-fabricados; é capaz de sair das cidades e da sua comodidade e, obedecendo aos bispos e aos superiores, vai à periferia da Diocese. É aquele que vai com o Evangelho para transmitir a alegria do Evangelho. 

SIM ao padre “em saída”, apaixonado por Jesus Cristo. 

SIM ao padre “em saida”, servidores da alegria do Evangelho, assim como Papa Francisco na EG convidou a Igreja toda a ser “serva da alegria do Evangelho”, o padre “em saída” é o verdadeiro servidor da alegria do Evangelho.  “Encorajo-vos – disse o Papa - a preparar-vos desde já a tornar-vos sacerdotes do povo e para o povo, não dominadores do rebanho que vos for confiado (cf. 1 Pd 5, 3), mas servidores”. São aqueles que estam com todos, especialmente com os mais pobres, com os que mais sofrem, com os pecadores e doentes, para lhes comunicar a alegria do Ressuscitado, para restaurar a esperança perdida, para ser sinal da bênção do Deus rico de misericórdia. 

  1. 7.          Caros seminaristas concluo com esta exortação: sejais Discípulos Missionários e não tenhais medo a preparar-vos para serdes um padre que é “discípulo missionário”!


[1] Ter Coragem e Audácia Profética, Diálogo do Papa Francisco com os Jesuítas reunidos na 36ª Congregação Geral, 24 de outubro de 2016.

 

[2] EG n.3.

[3] EG n.3.

[4] EA n.95.

[5] LG n.28.


Publicado por verdenaranja @ 13:51  | Hablan los obispos
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Jueves, 08 de noviembre de 2018

Subsidio litúrgico para el Día de la Iglesia Diocesana 2018, remitido por el Departamento de Comunicación de la Diócesis de Tenerife

Día de la Iglesia Diocesana 2018
«Somos una gran familia contigo»

Monición de entrada

Siempre que nos reunimos a celebrar la eucaristía lo hacemos como Iglesia. La eucaristía es el centro de la Iglesia y de ella vive y crece. Pero hoy, queremos hacer resonar en nuestro corazón ala Iglesia diocesano que nos invita a formar una gran familia contigo. Recemos durante esta celebración por nuestra diócesis, por nuestra parroquia, por nuestro obispo, por los sacerdotes, por las vida consagrada, por todos los laicos... por todos los que formamos esta gran familia.

Monición a las lecturas

I R 17,10-16: La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías.
Sal 145,7.8-9a.9bc-10: Alaba, almo mía, al Señor.
Hb 9,24-28: Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. Mc 12,38-44: Esa pobre viuda ha echado más que nadie.

La lectura de libro de los Reyes nos presenta a una viuda que comparte con Elías lo necesario para vivir. Un gesto que no queda estéril en las monos del Señor.

La carta a los Hebreos nos recuerda el sacerdocio de Cristo que ofreció su vida por la salvación de los hombres. Jesucristo sigue ejerciendo su sacerdocio intercediendo por nosotros el cual se ofreció una solo vez para quitar los pecados del mundo.

El evangelio de Marcos nos presenta de nuevo a una viuda que comparte de lo necesario para vivir. Esta mujer vive su donación y entrega total dentro de su comunidad sabiendo que toda ofrenda a Dios vuelve en beneficio de los hermanos.

Monición a la colecta

En este día de la Iglesia Diocesana, donde se nos invita a ser una gran familia, presentamos en el altar los proyectos e ilusiones de nuestra comunidad. Como Cristo se ofrece en el altar, también nosotros entregamos nuestra vida para que él nos transforme. Especialmente, vamos a presentar en este momento nuestra aportación económica


Monición final

Las lecturas de este día y la celebración del día de la Iglesia diocesana nos han invitado a formar parte de una gran familia donde todos colaboramos entregando nuestro tiempo y comprometiéndonos en sus actividades. Hoy tú puedes colaborar con tu parroquia de muchas formas.


Publicado por verdenaranja @ 16:39  | Liturgia
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S?bado, 03 de noviembre de 2018

Comentario litúrgico del 31º Domingo Ordinariopor el P.  Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. octubre 30, 2018 (zenit)

DOMINGO 31 DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo B

Textos: Dt 6, 2-6; Heb 7, 23-28; Mc 12, 28b -34

Idea principal: “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas… y a tu prójimo como a ti mismo”.

Síntesis del mensaje: Los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) nos recuerdan este mandamiento primero. Según Mateo y Marcos, es Jesús quien resume la ley en los dos mandamientos; según Lucas, fue el doctor de la ley quien lo hizo y Jesús lo aprobó. Este era un tema que apasionaba a los espíritus religiosos de la época. La ley de Moisés se había ido llenando de preceptos, explicaciones, reinterpretaciones. Urgía pues saber qué era lo esencial entre tantas reglas.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, cuenta la tradición judía –que no la Biblia- que por los años del siglo XIII a.C., Moisés, libertador, legislador y profeta del pueblo de Dios en la esclavitud, subió a las cumbres del Sinaí para entrevistarse con Dios y que Dios le dio 365 mandamientos negativos, “No harás”, -tantos como días tiene el año solar-, y 248 mandamientos positivos, “Harás”, -tantos como generaciones desde Adán y Eva hasta aquel entonces. Total, 613 mandamientos. Demasiados. Por eso, en el siglo XI a.C., David, rey de Judá-Israel y profeta del Altísimo, redujo los seiscientos trece mandamientos a once (Sal 15). En el siglo VIII a.C., el profeta Isaías redujo los once a seis (Is 33, 15). Ese mismo siglo el profeta Miqueas los redujo a tres (Miq 6,8), de nuevo Isaías de tres a dos ( Is 66,1) hasta que en el siglo VII a.C. el profeta Habacuc redujo los dos a uno. Este: “El santo vivirá por su fidelidad” (Hab 2,4). Donde “su” se refiere a Dios. O sea, los profetas, que tienen hilo directo con Dios, buscaron lo esencial de la religión, de la moral y del culto, y dijeron que es el amor a Dios por un lado y a los hombres por otro. Al fin llegó Jesús y dijo: amar a Dios es amar a los hombres y amar a los hombres es practicar con ellos el respeto, la verdad y la justicia.

En segundo lugar, pero ¿qué es amar a Dios? ¿Por qué y para qué debemos amar a Dios? ¿Cómo debemos amar a Dios? ¿Dónde y cuándo debemos amar a Dios? Dice la Didajé, el documento más importante de la era post-apostólica y la más antigua fuente de legislación eclesiástica que poseemos: “Hay dos caminos: uno de la vida, y otro de la muerte; pero muy grande es la diferencia entre los dos caminos. El camino de la vida, pues, es éste: Primero, amarás a Dios que te creó; y segundo, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo lo que no quieras que te suceda a ti, tú tampoco lo hagas a otro… El camino de la muerte, en cambio, es éste: Sobre todo es malo y lleno de maldición: los asesinatos, adulterios, concupiscencias, fornicaciones, hurtos, idolatrías, brujerías, preparación de venenos, rapiñas, falsos testimonios, hipocresía, doblez de corazón, dolo, malicia, orgullo, avaricia, conversaciones torpes, envidia, espíritu atrevido, altanería, ostentación”. Respondamos las preguntas que puse al inicio de este segundo punto: Amar a Dios significa darle todos los latidos de nuestro corazón desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, pues Él es nuestro Padre. Debemos amar a Dios porque Él nos amó primero, creándonos, redimiéndonos y nos está santificando a través de su Espíritu. Debemos amarlo con todo lo que somos y tenemos: mente, afectos, voluntad. Debemos amarlo cumpliendo sus mandamientos y sobre todo, amando a nuestros hermanos, que también son hijos de Dios. Sólo así le manifestaremos nuestra gratitud y nuestro cariño de hijos, de creaturas amadas por Él.

Finalmente, y, ¿quién es mi prójimo? ¿Qué es amar al prójimo? ¿Por qué debemos amar al prójimo? ¿Cómo debemos amar al prójimo? ¿Dónde y cuándo debemos amar al prójimo? Respondamos a estas preguntas: Mi prójimo es toda la gente del mundo.

Mi prójimo es mi esposo, mi esposa, mis hijos, los suegros, los parientes, los amigos, los vecinos, los de mi pueblo, los del pueblo de al lado, mis compañeros de trabajo, mis empleados, mi jefe. Mi prójimo es también, el que no me cae bien, el que me ha hecho alguna maldad, el que habla mal de mí. Debemos amar al prójimo porque es nuestro hermano, creado por Dios, redimido por Cristo, santificado por el Espíritu. Debemos amarlo con estas características que san Pablo enuncia en su primera carta a los corintios: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad.Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Co 13, 4-7). Debemos amar al prójimo siempre y en todo lugar, sin medida, a ejemplo de Cristo que nos amó y se entregó por todos nosotros. Es tan importante amar al prójimo que el apóstol san Pablo nos dice: «El que ama al prójimo ha cumplido la ley. En efecto, lo de: no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarásy todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rm13, 8-10).

Para reflexionar: Cuando al final de la jornada de cada día hagamos el examen de conciencia, preguntémonos: ¿He amado hoy, o me he buscado a mí mismo? ¿Por qué me cuesta amar al prójimo? ¿Lo amo como Jesús lo ama, con un amor misericordioso, paciente? Pensemos en esa frase de san Juan de la Cruz: “Al atardecer de la vida, te examinarán del amor”.

Para rezar: Señor, dame una señal de que me quieres; hazme hacer la experiencia del amor filial para que mi corazón se dilate y yo corra –antes que arrastrarme- por la vida de tus mandamientos (cf. Salm 119, 32). Haz que yo te ame por encima de todas las cosas y que ame a todas las cosas en Ti; que no haya en mi corazón “otro Dios salvo tú”, ningún ídolo o “dios extranjero” que provoque tus justos celos. Haz que te ame, Señor. Y en Ti, por Ti y como Tú, ame también a mi hermano.

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]

octubre 30, 2018 14:09Espiritualidad y oración

 


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Reflexión a las lecturas del domingo treintaiuno del Tiempo Ordinario B ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 31º del T. Ordinario B

 

          Era normal que aquel escriba le preguntara a Cristo por el mandamiento principal de la Ley. En la época de Jesús todo se había complicado, y los judíos contaban hasta 613 preceptos. "Una carga que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido soportar", decía S. Pedro (Hch 15, 10)

          Los maestros de la Ley discutían entre sí sobre el principal de todos los mandamientos, y era lógico que quisieran conocer la opinión de Jesús, en aquel ambiente de hostilidad, propio de los días previos a su Pasión.

          Jesús le recuerda la “Shemá”, que los judíos recitan varias veces al día, y que hemos escuchado en la primera lectura: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”.

          Y, además, le dice que el segundo mandamiento, en orden de importancia, es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

          Pero hay que tener en cuenta que Jesús habla con un judío acerca de la ley judía. Los cristianos formulamos el mandamiento segundo como Jesús  nos enseñó: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

          Estamos acostumbrados a formular el primer mandamiento de un modo más sencillo (amarás a Dios sobre todas las cosas), pero es importante recordar alguna vez “la Shemá” que expresa mejor la realidad del mandamiento primero, y recogen también nuestros catecismos.

          La tentación constante de Israel era la idolatría, rodeado como estaba de pueblos idólatras. Y, de alguna manera, es la tentación del hombre de todos los tiempos. Los dioses son ahora distintos, pero la idolatría es muy parecida.

          Por eso, lo primero es señalar de qué dios hablamos, en qué dios creemos, a qué dios hemos de amar. Dice el texto: “El Señor, nuestro Dios, es el único Señor”.

          Y a este Dios tenemos que amarlo, no de cualquier manera, sino con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo el ser, como corresponde al Dios único, al Señor del Universo y de la Historia.

          Decíamos antes que los cristianos formulamos el segundo mandamiento de modo distinto, pero amar al prójimo como a nosotros mismos supone ya una gran exigencia y una gran elevación moral.

          ¡Cómo y cuánto nos queremos a nosotros mismos! Si somos capaces de amar al prójimo de esta manera, ya hacemos mucho, aunque nos quede todavía un largo camino.

          Por eso nos quedamos tan extrañados cuando oímos decir: “Yo no tengo pecados”.

          ¿Es que cumplimos ya perfectamente estos dos mandamientos, que resumen la Ley y los Profetas? (Mt 22, 40) ¿Amamos ya a Dios con todo el corazón, con todas las fuerzas, con toda el alma, con todo el ser? ¿Y a los hermanos, como Cristo nos amó?  ¿Para qué engañarnos y no ser sinceros?  (1 Jn 1, 8).

          Se ha dicho que la felicidad se encuentra en amar y sentirse amado. Es la dicha que quiere el Señor para nosotros y que tiene su cima y su raíz en el cumplimiento de sus mandatos. En la primera lectura escuchamos: “Para que te vaya bien y crezcas en número”.

          ¿Y dónde encontraremos la ayuda y la fortaleza que necesitamos?

          En Cristo, “que tiene el sacerdocio que no pasa”, como escuchamos en la Carta a los Hebreos (2ª Lect.)

          Y ya sabemos: en la oración y en los sacramentos, especialmente, en la Eucaristía, encontra-mos ayuda sobreabundante.

          En resumen, proclamemos con el salmo responsorial: “Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza”.                                      

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


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DOMINGO  31º DEL T. ORDINARIO  B    

MONICIONES    

 

PRIMERA LECTURA

          En la primera lectura, escucharemos una exhortación de Moisés a cumplir los mandatos del Señor para que les vaya bien en la tierra prometida, y la formulación del primer mandamiento de la Ley, que Jesús recordará en el Evangelio. 

 

SEGUNDA LECTURA

          Continuamos escuchando fragmentos de la Carta a los Hebreos, sobre el Sacerdocio de Cristo. Hoy  se nos presenta la supremacía del Sacerdocio y del Sacrificio de Cristo, ofrecido de una vez para siempre. 

 

TERCERA LECTURA

           Jesús responde a una cuestión que interesaba mucho a los entendidos en la Ley de su tiempo: ¿Cuál es el mandamiento más importante?

          Pero antes de escuchar la Palabra del Señor, cantemos el aleluya. 

 

COMUNIÓN

          El amor de Jesucristo por nosotros ha llegado al extremo de convertirse en Pan del Cielo, alimento de vida eterna, para que no nos falte la ayuda que necesitamos para cumplir sus mandatos. De este modo, nos irá bien y seremos felices como Él quiere, ahora, en el tiempo, y después, en la eternidad. 


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