Viernes, 08 de febrero de 2019

Reflexión a las lecturas del domingo quinto del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 5º del T. Ordinario C

 

                   Comenzar la Vida Pública del Señor es escuchar sus primeras palabras,  contemplar sus primeros milagros, conocer a sus primeros discípulos... Es la novedad de Jesús, que se hace Buena Noticia para nosotros y para todos.

                 El Evangelio de este domingo nos narra cómo Jesucristo elige a los primeros discípulos: De sencillos pescadores del lago, los convierte en “pescadores de hombres”. Y es que Dios -lo contemplábamos el domingo pasado- para hablarnos, para darnos sus dones, para salvarnos…, ha querido tener necesidad de de la fragilidad de lo humano.

                 Las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo nos presentan la vocación del profeta Isaías, la vida apostólica de S. Pablo, y la llamada de los primeros discípulos.

                 Es importarte subrayar que la decisión de cada uno de los llamados, viene precedida de una experiencia fuerte de la grandeza de Dios, o de un encuentro trascendental con Jesucristo. Es la visión gloriosa de Isaías, el camino de Damasco de San Pablo o la pesca abundante de los discípulos.

                 También nosotros, como ellos, somos llamados a ser discípulos del Señor, para seguirle y para ser pescadores de hombres, según la vocación de cada uno. Pero no podemos engañarnos: Nadie dará  un paso adelante en su vida cristiana, nadie optará por compromiso importante, mientras no tenga en su vida una experiencia fuerte de Dios. Es lo que suele llamarse “el descubrimiento de Jesucristo”, del que decía San Juan Pablo II, que es la aventura más importante de nuestra vida. Algunos lo llaman también “mi conversión”.

         A veces, en la vida de nuestras comunidades cristianas, constatamos que la gente no quiere comprometerse en nada, o que no se compromete mucho, o que son muy pocos los que se comprometen. ¡Y nos desanimamos y nos quejamos! Pero, normalmente, no tenemos razón, no respetamos el ritmo de crecimiento de las personas y de las comunidades. Hay que esperar a que tengan ese descubrimiento de Jesucristo, ese encuentro con Él; entonces, se comprometerán con Él y por Él.

                 ¡Los demás caminos son un tanto estériles y no tan fiables!

                 Por tanto, si queremos contar con unas verdaderas comunidades cristianas, llenas de vitalidad y de gente comprometida, tenemos que hacer todos los esfuerzos para propiciar en todos y en cada uno, “un verdadero encuentro con el Jesucristo”. Entonces,  contemplarán, como Isaías, al Señor que se pregunta: “A quién enviaré? ¿Quién irá por mí?” Y,  con el aliento del Espíritu del Señor, dirán como el profeta: “Aquí estoy mándame”. O, como Pablo, se pueden encontrar caídos en su propio camino de Damasco, preguntando a Jesucristo Resucitado: “¿Qué debo hacer, Señor?”. Y entonces escucharán: “Levántate, sigue hasta Damasco y allí te dirán lo que tienes que hacer”. O, tal vez, como Pedro, abrumados por el peso de sus pecados, podrán arrojarse a los pies de Jesús diciéndole: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y escucharán entonces la voz del Señor que les dice: “No temas: Desde ahora serás pescador de hombres”.         

                                                                                ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 17:56  | Espiritualidad
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