S?bado, 11 de mayo de 2019

Reflexión a las lecturas del domingo cuarto de Pascua C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 4º de Pascua

 

          Una de las imágenes más hermosas y atrayentes de Jesucristo, es la que nos lo presenta como Buen Pastor. Es lo que sucede cada año el cuarto domingo de Pascua.

          En el tiempo pascual, en efecto, esta imagen adquiere un relieve especial, porque nos presenta a Jesús como el Pastor Bueno, que ha entregado su vida por las ovejas, y ha resucitado. Este domingo la Liturgia de la Iglesia proclama: “Ha resucitado el Buen Pastor que dio  la vida por sus ovejas y se dignó morir por su grey. Aleluya”.

          En el texto breve del Evangelio, Jesucristo nos presenta un resumen de su condición de Pastor: “Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano…” ¡Que hermoso!

          De este modo, encontramos nuestra seguridad en Él. No es vana aquella confianza de la que nos habla S. Pablo: “Bien sé de quién me he fiado” (2Tim 1, 12).

          Se nos invita, por tanto, este domingo a reflexionar y a orar, saboreando lo que proclamamos en el salmo responsorial: “Somos su pueblo y ovejas de su rebaño”.

            Y esto hemos de llevarlo a la práctica, siendo ovejas buenas de tal Señor, porque le escuchamos, le seguimos y le damos a conocer.

          La segunda lectura nos enseña que el Buen Pastor está en el Cielo, donde atiende con amor, ternura y eficacia infinitas, a los que han llegado de “la gran tribulación” y “están ante el trono de Dios dándole culto día y noche en su templo”. Y ya sabemos que, al mismo tiempo, quiere  también continuar siendo el Buen Pastor de su pueblo peregrino en la tierra. Esto se realiza a través de su Cuerpo, que es la Iglesia, en el que  hay “diversidad de ministerios y unidad de misión” (Ap. Act., 2). Y todos  tenemos que ayudarle a realizar esa tarea según la vocación de cada uno.

          A todo ello puede ayudarnos la celebración de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se ha unido, desde hace más de 50 años, a este domingo IV de Pascua.

          ¡Qué necesidad tenemos de que aumenten las vocaciones en nuestras Iglesias de antigua tradición cristiana! ¡Somos tan pocos para tantas necesidades! ¡Oración y acción es la respuesta! ¡Don y tarea, que decimos siempre!

          Ante todo, la oración, porque la llamada viene de Dios, y la respuesta se apoya en Él y en su gracia. Pero hace falta también la acción. Solemos decir que Dios no tiene un teléfono u otros medios materiales para hacer llegar sus llamadas en directo, a cada uno, sino que cuenta con las mediaciones humanas. Y cuantas más sean las mediaciones humanas, más serán las llamadas, las vocaciones. Por tanto, ¡el que haya más o menos vocaciones también depende de nosotros!

          Pero, por otro lado, hay muchos países donde hay muchas vocaciones. ¡Son los países de Misión! Desde hace unos años, la Jornada de las Vocaciones Nativas se ha unido a la Jornada de Oración por las Vocaciones. Esta Institución Pontificia se llama la “Obra de S. Pedro”, que nació como ayuda a los jóvenes de los países de misión, que querían ser sacerdotes, y hace poco tiempo, que se ha ampliado a las mujeres, que tengan también la ilusión de consagrarse al Señor. El Papa San Juan Pablo II pedía que no se perdiera ninguna vocación “por falta de recursos económicos”. De ahí la colecta que se hace este día para esa finalidad, en nuestras parroquias y demás comunidades cristianas.

          Es impresionante, por tanto, el panorama que se nos ofrece este domingo: ¡Por un lado, falta, a veces alarmante, de vocaciones! ¡Por otro, abundancia de vocaciones, pero dificultades para llevarlas a término.

          En resumen, ¡felicitémonos porque Cristo es nuestro Pastor y porque ha puesto en nuestras manos tanta responsabilidad!        

                                                                                       ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!           


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Espiritualidad
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