Viernes, 21 de junio de 2019

Reflexión a las lecturas de la solemnidad el santisimo Cuerpo y la Sangre del Señor C  ofrecida por el sacerote Don Juan Manuel Pérez PIÑERO bajo  el epígrafe  "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Solemnidad del  “Corpus”

 

        Desde antiguo, los cristianos acostumbramos a considerar en la Eucaristía tres cosas: Presencia sacramental de Cristo, Sacrificio Pascual del Señor y Banquete de los cristianos.      La Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, que celebramos este domingo, trasladada del jueves, centra nuestra atención en estas tres realidades.

          Desde el origen de esta fiesta, se ha querido subrayar, de un modo especial, la presencia de Cristo en la Eucaristía, también fuera de la Santa Misa. En la procesión con el Santísimo, tan característica del Corpus, se hacen todos los esfuerzos para conseguirlo. Y los cristianos veneramos y adoramos constantemente la presencia de Cristo en el Sagrario y en las demás celebraciones eucarísticas, además de la Santa Misa.

          Esta presencia de Cristo tiene su origen en  el “memorial” de la Cena Pascual, que se realiza en el altar, cada vez que se celebra la Santa Misa. Es lo que escuchamos en la segunda lectura de hoy: “Cada vez que coméis de este Pan y bebéis del Cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”.

          Memorial es un neologismo, que se hace necesario para poder expresar, de algún modo, lo que no sucede en ningún otro orden de la naturaleza: Un hecho del pasado, la Cena del Señor, que adelanta allí su Muerte y Resurrección, que, no sólo se recuerda, sino que además, se actualiza, se hace presente, como si estuviera sucediendo de nuevo.

          El sacrificio de pan y vino que ofrece Melquisedec (1ª lect.), prefigura el Sacrificio de Cristo bajo las especies de pan y de vino. Es el Cuerpo “que se entrega”,  es la Sangre “que se derrama”. ¡Y se hace necesario siempre avivar nuestra fe ante un Misterio tan grande!

          Pero nunca podemos olvidar que la Eucaristía es siempre comida y bebida, la más grande, sabrosa y sagrada del pueblo cristiano.

          En el Evangelio de hoy contemplamos cómo los discípulos están preocupados por la comida de aquel inmenso gentío, y van a decírselo al Señor: “Hace falta que vayan a los lugares cercanos donde puedan  encontrarla”.

          ¡Nosotros, como ellos, constatamos  que sin alimento no hay vida!  

          Y cuando Jesús se decide a darles de comer a todos, pronuncia una bendición que recuerda la de la Última Cena.  

          Hoy y siempre deben resonar en nuestros corazones las palabras del Señor en aquella noche admirable: “Tomad y comed…” “Tomad y bebed…” ¡Y de esta manera nos manda celebrar la Santa Misa y hace sacerdotes de la Nueva Alianza a sus discípulos!

          Y ya sabemos que en la Solemnidad del Corpus se celebra la Jornada Nacional de Caridad. ¡Es normal que sea así, porque la Eucaristía es signo, fuente y exigencia de amor!    Y se nos advierte que, después de la comunión eucarística tenemos que “demostrar con obras de caridad, piedad y apostolado lo que ha recibido por la fe y el sacramento”.

          Con aquel milagro, Cristo nos manifiesta que el Reino de Dios no consiste sólo en palabras, sino también en pan y atención material, además de la espiritual. Por eso Él proclama: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura”. (Mt 6, 33).

          En medio de tantas necesidades de todo tipo, que la crisis económica manifiesta y acentúa, los cristianos hemos de considerar también dirigido a nosotros lo que dice Jesucristo a los discípulos en el Evangelio de esta Solemnidad: “Dadles vosotros de comer”.          

 

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 21:05  | Espiritualidad
 | Enviar

SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO (C)

MONICIONES 

 

 PRIMERA LECTURA

            El pan y el vino que ofrece Melquisedec, prefiguran el Sacrificio del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, que se ofreció en la Última Cena, y se actualiza en la celebración de la Eucaristía.

 

SEGUNDA LECTURA

            Escuchemos ahora el testimonio más antiguo que conocemos, de la Institución de la Eucaristía, como “memorial” de la Muerte y Resurrección del Señor. Memorial es un recuerdo que se hace presente, como si estuviera sucediendo de nuevo. 

 

TERCERA LECTURA

            La Iglesia contempla en la multiplicación de los panes, de la que nos habla el Evangelio, un anuncio de la Eucaristía: "Comieron todos y se saciaron y recogieron las sobras..."

            Acojamos al Señor que nos habla en el Evangelio, con el canto del Aleluya. 

 

OFRENDAS

            El Día Nacional de Caridad que celebramos, pone delante de nuestros ojos una serie inmensa de necesidades, problemas, tragedias humanas... "Dadles vosotros de comer" nos dice el Señor.

            Seamos generosos en la colecta. 

 

COMUNIÓN

            En la Comunión recibimos el "Corpus Christi", el Cuerpo de Cristo, como alimento y fuerza de nuestra vida cristiana. Ojalá sepamos alimentarnos con este Pan del Cielo, con mucha frecuencia y bien preparados.


Publicado por verdenaranja @ 20:59
 | Enviar
Viernes, 14 de junio de 2019

Reflexión a las lecturas de la Santísima Trinidad C ofrecida por el sacerdote Don Juan Maniel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo de la S. Trinidad

 

      La Solemnidad de la Santísima Trinidad es una fiesta preciosa! Es como si dijéramos,  “la fiesta de Dios”.

        Nos acercamos al misterio más grande que Jesús nos ha revelado acerca de Dios. Podríamos decir que se nos manifiesta algo de lo que es “Dios por dentro”:  Padre, Hijo y Espíritu Santo.

        Los textos de la Misa de este domingo nos presentan varias veces a las tres Personas de la Santísima Trinidad, diferentes unas de otras, y, al mismo tiempo, muy integradas en un solo Ser y una misma misión salvadora. Me parece importante el Evangelio, que nos presenta al Espíritu Santo, como el que nos guía hasta “la verdad plena”.

        Pero aquí no se trata  de satisfacer una curiosidad intelectual, sino de acercarnos al  Misterio que Dios nos ha dado a conocer a lo largo de la Historia de la Salvación, y que recordamos y celebramos a lo largo del  año.

        Por eso, terminadas las fiestas pascuales, celebramos, con inmensa alegría, el Domingo de la Santísima Trinidad, que centra nuestros ojos en Dios, que nos enseña cómo tenemos que relacionarnos con Él  y que nos anima a la adoración, la acción de gracias,  la alabanza, la súplica y el culto verdadero y constante.

        A primera vista, hablar de la Santísima Trinidad parece que no tiene mucha importancia. Incluso, pudiera parecernos, a primera vista, que entorpece  más que aclara, el Misterio. Pero, por poco que reflexionemos, cuánto nos dice acerca de Dios.

        ¡Decir que Dios es Padre es decir mucho de Dios!

        Nuestro Dios  no es, por tanto, un “Ser sin corazón”, que vaga sobre las nubes del cielo, indiferente a cuanto sucede en la tierra; ni es “el dios del palo”, que nos acecha siempre para “castigarnos”, ni “el dios abuelo”, que, por el contrario, todo lo justifica. No. Dios es el verdadero  Padre del Cielo, que es el Creador y Señor del Universo, y que,  lleno de amor y ternura, vive siempre velando sobre nosotros.

        ¡Decir que Dios es Hijo es decir mucho de Dios!

        Dios es el Hijo único del Padre, engendrado desde toda la eternidad.

        Él es la Persona Divina que se hace hombre para mostrarnos el verdadero rostro del Padre. Y Él, hombre y Dios, tiene la posibilidad de “pagar nuestra deuda original” y de reconciliar al mundo, naufrago del pecado, con el Padre;  de abrirnos a una vida nueva - la vida divina – que, comenzada en el tiempo, no termina jamás.  Él, que es el camino, la verdad y la vida, nos enseña a vivir como verdaderos hijos de Dios y hermanos de todos los hombres.

        Esto supone que el hombre no puede salvarse solo. Por sí mismo, puede alejarse de Dios, pero no puede volver a Él. Tendrá que venir Dios a salvarle.

        ¡Decir que Dios es Espíritu Santo es decir mucho de Dios!

        Cuando Cristo se va y vuelve al Padre, no nos deja huérfanos, sino que nos envía al Espíritu Santo como “el otro Defensor”, para que esté siempre con nosotros.

        ¡El es Espíritu de la verdad, de la fortaleza, del consuelo y de la esperanza.

¡Ya vemos cuánto nos dice, nos enseña, nos grita, incluso, esta Solemnidad!

La Jornada “Pro Orantibus”, es decir, ” por los que oran”, que se celebra siempre este día, centra nuestra atención en tantos hombres y mujeres, monjes y monjas, que dedican su vida entera a la oración y al trabajo, en los monasterios de clausura, que son como unos faros de luz, que nos orienta constantemente a todos hacia el verdadero Dios, uno y trino,  hasta que  lleguemos a contemplar, cara a cara, la hermosura infinita de su gloria.

 

                                                                                                          ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 14:28  | Espiritualidad
 | Enviar
Jueves, 13 de junio de 2019

Comentario litúrgico - Solemnidad de la Santísima Trinidad - por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. junio 11, 2019  (zenit)

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Ciclo C

Textos: Prov 8, 22-31; Rom 5, 1-5; Jn 16, 12-15

Idea principal: ¿Quién es Dios?

Síntesis del mensaje: Toda nuestra vida cristiana gira –o debería girar- en torno a la Trinidad Santa. Nos levantamos y nos acostamos en el nombre de la Trinidad. Trabajamos y sufrimos en el nombre de la Trinidad. Celebramos y participamos en los sacramentos y hacemos oración en el nombre de la Trinidad. Comemos y compartimos nuestro pan en nombre de la Trinidad Santa. Toda nuestra vida debería ser un diálogo entre nosotros y el Padre, hecho por medio de Jesucristo, a la luz y con el sostén del Espíritu Santo. 

Puntos de la idea principal:

En primer lugarun poco de historia. Cuenta san Gregorio de Nisa, que en sus tiempos del siglo IV era imposible ir a la plaza del mercado a comprar pan, a las termas a darse una sauna, a los cambistas a hablar de dinero, etc., sin irse todos a la greña a cuenta del misterio de la Trinidad. Informan los historiadores que Constantino tenía su imperio en dos partidos mal avenidos: los arrianos, cuyo jefe Arrio, clérigo sin mitra ni báculo, sostenía que el Padre es Dios, pero el Hijo no; y los atanasios, cuyo jefe, Atanasio, clérigo también sin mitra ni báculo, sostenía que el Hijo es tan Dios como el Padre. Y aquello era “guerra civil” a la vista. Cuenta la historia de la Iglesia que el emperador Constantino, ya en vilo y con el imperio en un brete, convocó el primer concilio ecuménico para que los obispos de la Iglesia se batieran el cobre por la Trinidad y, de paso, le salvaran el imperio. 20 de mayo del año 325 en la ciudad de Nicea, en la Turquía asiática: el emperador Constantino –corona imperial a la cabeza, manto de cola y arrastre, empaque oriental- entró en la sala conciliar por entre las 318 mitras y báculos de los padres sinodales, subió el estrado y felicitó al legado del Papa Silvestre I, que era español: el gran Osio, obispo de Córdoba. Allí, a cuentas de la Trinidad, el Papa se jugaba la unidad de la Iglesia y Constantino la unidad del imperio. Nicea, 19 de junio de 325: el gran Osio dio con esa palabra mágica, luminosa y clave, y solucionó el problema: “homoúsios” (= consustancial). El Hijo, pues, es consustancial al Padre y viceversa, es decir, el Hijo es Dios igual que el Padre. Fin del concilio. Y dice el historiador eclesiástico, Eusebio de Cesarea, que Constantino dio a los obispos un banquete imperial y a sus súbditos una orden imperial: o aceptación del concilio o destierro de por vida.

En segundo lugar¿cómo se acercan los teólogos a este misterio de la Trinidad? Observan por las mirillas que el Padre, en efecto, ejerce autoridad sobre el Hijo y sobre los hombres. Autoridad que no autoritarismo. Paternidad, que no paternalismo que mima, agobia y no hace crecer a los hijos. Y le dice al Hijo: ésa es la situación de los hombres y este es mi plan de redención, y el redentor eres tú. Y nos dice a nosotros: yo soy el Padre que os amo y quiero la felicidad de todos vosotros; pero cumplid mis mandatos para que seáis felices y me hagáis feliz. Siguen los teólogos y observan al Hijo y su obediencia, que es una, grande y libre (pero sin yugo ni flechas, como en el escudo español). Y escuchan al Hijo decir: “Yo hago siempre la voluntad de mi Padre” (Jn 8, 29), “el Padre y yo somos uno” (Jn 10, 30), “… llevo tu ley en mi corazón” (Heb 10, 7 y Salmo 39, 9). Y no cansados de reflexionar y meditar, los teólogos oyen el aletear del Espíritu, que en vuelo rasante sobrevoló el caos previo a la creación del mundo, que habló lo mismo a los patriarcas en las grandes teofanías que a los profetas y caudillos de Israel, que bajó sobre Jesús y las aguas del Jordán, que llegó a los apóstoles a bordo del huracán. El Espíritu es energía, vitalidad, actividad. Es luz que nos guiará a la verdad completa (evangelio).

Finalmente, nosotros, por ser bautizados, somos portadores de la Trinidad. Rápido se percibe cuando uno está lleno de ese Dios y valora lo espiritual más que lo material, el alma más que el cuerpo, el cielo más que la tierra, al prójimo como a Dios y a Dios más que a nadie y sobre todas las cosas. Y a ese Dios Uno y Trino debemos adorar con toda el alma; amar con todo el corazón; agradecer con todo el ser y corresponder llevando una vida según el Espíritu. Por ser portadores de la Trinidad hasta nos gloriamos de los sufrimientos, pues sabemos que el sufrimiento engendra la paciencia, la paciencia engendra la virtud sólida, la virtud sólida engendra la esperanza, pues Dios nos ha infundido el amor en nuestros corazones por medio del Espíritu (2ª lectura). Y vivimos felices, pues las delicias de ese Dios Uno y Trino son estar con los hijos de los hombres (1ª lectura).

Para reflexionar: ¿Acepto a Dios como misterio? ¿Rezo a Dios en términos vagos, o me relaciono de persona a persona con el Padre, o con Jesús, o con el Espíritu Santo? ¿Hago todo en nombre la Santísima Trinidad: trabajo, estudio, descanso, sufrimiento, éxito y fracasos?

Para rezar: Himno de las primeras Vísperas de la Solemnidad de la Santísima Trinidad

Dios mío, Trinidad a quien adoro.
La Iglesia nos sumerge en tu misterio;
te confesamos y te bendecimos,
Señor Dios nuestro.

Como un río en el mar de tu grandeza,
el tiempo desemboca en hoy eterno,
lo pequeño se anega en lo infinito,
Señor, Dios nuestro.

Oh, Palabra del Padre, te escuchamos;
oh, Padre, mira el rostro de tu Verbo;
oh, Espíritu de amor, ven a nosotros;
Señor, Dios nuestro.

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!,
haced de nuestras almas vuestro cielo,
llevadnos al hogar donde tú habitas,
Señor, Dios nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu:
Fuente de gozo pleno y verdadero,
al Creador del cielo y de la tierra,
Señor, Dios nuestro. Amén.

Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: [email protected]


Publicado por verdenaranja @ 18:04  | Espiritualidad
 | Enviar
Viernes, 07 de junio de 2019

Reflexión a las lecturas del domingo de Pentecostés C ofreida por elsacerdote Don Juan MANUEL PÉREZ Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo de Pentecostés

 

       ¡Por fin, hemos llegado a día de Pentecostés! Cuántas gracias debemos dar al Señor que nos concedido celebrar, un año más, estos cincuenta días de alegría y de fiesta, que constituyen el Tiempo de Pascua, y que culminan en esta gran solemnidad.

       Hay una pregunta en el antiguo Catecismo que dice: ¿Qué celebramos el Domingo de Pentecostés? Y contesta: “Que Jesucristo ha enviado sobre los apóstoles el Espíritu Santo y que continúa enviándolo sobre nosotros”.

       ¡Qué importante es todo esto! Porque no se trata sólo de un acontecimiento del pasado, que de, algún modo, se hace presente en la Liturgia de la Iglesia, sino que, además, se trata de un acontecimiento, que se está realizando todos los días en la vida del pueblo de Dios: Jesucristo sigue enviando el Espíritu Santo sobre nosotros, sobre cada uno de nosotros, especialmente, en el Sacramento de la Confirmación, que es como “nuestro pentecostés”.

       Y es lógico que comencemos preguntándonos: ¿Y quién es el Espíritu Santo? Y nos responde el Credo: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”. ¡Impresionante!

       La primera lectura de hoy nos presenta la Venida del Espíritu del Señor sobre los apóstoles. ¡Qué hermoso y espectacular resulta todo! ¡Cómo los transforma y los capacita para la Misión!

       Pero los apóstoles no sólo recibieron el Santo Espíritu, sino también la misión de darlo a todos los cristianos. ¡Y cuánto interés mostraban en que lo recibieran todos! El Libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta algunas ocasiones, en que esto sucede.    

       La segunda lectura nos recuerda que, sin el Espíritu Santo, no podemos hacer ni decir nada, ni siquiera lo más elemental: Que Jesús es el Señor, el Hijo de Dios.

       Y en realidad, ¿qué es un ser humano sin espíritu? Un muerto, un cadáver. Y decimos expiró, es decir, exhaló el espíritu. ¡Sin espíritu, por tanto, no hay vida, no hay nada! Pues eso sucede al que no recibe el Espíritu Santo; que es un cadáver en el ser y hacer cristianos. Por eso, en el Sacramento del Bautismo se recibe ya, de un modo inicial, el Espíritu del Señor, que se recibe, en plenitud, en la Confirmación.

       El Evangelio de hoy nos presenta cómo Jesús, el mismo día de la Resurrección, al atardecer, infunde en los apóstoles el Espíritu Santo. ¡Jesús Resucitado se convierte en Dador del Espíritu, que es el Don, el fruto, más importante de la Pascua. Lástima que tantos cristianos estén como aquellos de Éfeso, que no sabían siquiera que había un Espíritu Santo; pero tuvieron la dicha de que Pablo se lo explicara y lo hiciera bajar sobre ellos (Hch 19, 1-7).

       Uno de los síntomas del  desconcierto actual en la vida cristiana, es la cantidad de jóvenes y adultos, que dejan de confirmarse. ¡Y les parece que no tiene importancia, que no pasa nada! Pero el asunto, como decimos es grave, porque, además, se trata de uno de los tres sacramentos de Iniciación Cristiana, es decir de los hacen, construyen,  un cristiano; por eso, el que no se confirma no puede sentirse cristiano del todo; es como una casa a medio hacer. Ya decía San Pablo: “El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo” (Rom 8, 9).

       ¡Qué importante es, por tanto, que contemos con el Espíritu Santo! ¡Que lo invoquemos  y acojamos con frecuencia, en nuestro acontecer cristiano.

                    

                                                                                          ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 12:32  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO DE PENTECOSTÉS          

  MONICIONES

 

 

PRIMERA LECTURA

                    Escuchemos ahora, con espíritu de fe y devoción, la narración de la Venida del Espíritu Santo, y el impacto que produce en Jerusalén.

                        Pidamos al Señor que “no deje de realizar hoy, en el corazón de sus fieles, aquellas mismas maravillas que obró en los comienzos de la predicación evangélica”.

 

SALMO

                        Uniéndonos a las palabras del salmo, pidamos al Señor que envíe sobre nosotros, sobre la Iglesia y sobre el mundo, el Espíritu Santo Defensor. ¡Todos sabemos bien cuánto le necesitamos!

 

SEGUNDA LECTURA

La segunda lectura nos presenta unas enseñanzas de S. Pablo sobre la acción del Espíritu del Señor en nosotros y en la Iglesia. Ésta tiene “variedad de ministerios, pero unidad de misión”: Anunciar la Buena Noticia del Evangelio a todos los pueblos de la tierra.

 

SECUENCIA

                        Leemos hoy, antes de escuchar el Evangelio, una antigua plegaria al Espíritu Santo -la Secuencia-. Unámonos a ella, desde el fondo de nuestro corazón, pidiéndole al Espíritu Divino que venga a nosotros, nos renueve y nos acompañe.

 

EVANGELIO

                        En el Evangelio se nos presenta la primera aparición de Jesucristo a los discípulos, al atardecer  del mismo día de la Resurrección y cómo les da el Espíritu Santo, que es el fruto y el don más excelente de la Pascua.

                        Aclamemos a Dios, nuestro Padre, que nos da su Espíritu Santo.

 

COMUNION

"Nadie puede decir Jesús es Señor si no es bajo la acción del Espíritu Santo", hemos escuchado en la segunda lectura. Realmente, sin Él no podemos ser ni hacer nada.

            Pidamos a Jesucristo que renueve en nuestro interior el don de su Espíritu, que recibimos, especialmente, el día de nuestra Confirmación, para que sostenga y acreciente nuestra fe en su presencia en la Eucaristía, nos impulse a recibirle con frecuencia y debidamente preparados, en la Comunión, y a dar el fruto que exige la recepción de este Sacramento.


Publicado por verdenaranja @ 12:22  | Liturgia
 | Enviar