Viernes, 20 de septiembre de 2019

Reflexión a las lecturas del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"               

Domingo 25º del T. Ordinario C

 

      ¿Quién duda de que el dinero y los bienes materiales son buenos y necesarios? Tenemos la obligación de trabajar para conseguir las cosas que necesitamos para nosotros mismos, para nuestra familia y, además, para compartir con los que no tienen nada, o tienen menos que nosotros;  y,  especialmente, ahora, en esta época de crisis, que no acaba de terminar. ¡A cuántas personas y familias se les hace muy difícil o casi imposible encontrar lo necesario para vivir!

      Pero con el dinero y los bienes materiales sucede como con todo: Que se pueden usar bien o mal. El Señor nos advierte en el Evangelio que no podemos servir a Dios y al dinero. El Señor habla en términos de esclavitud, de servicio total. Los cristianos a los que se dirigía el Evangelio, entre los que había amos y esclavos, entendían perfectamente que un siervo no puede servir a dos amos.

      El apego excesivo a los bienes materiales nos hace esclavos, nos incapacita para muchas cosas y hasta puede destruirnos. Y podemos llegar incluso a convertirlos en un dios. San Pablo nos invita a huir de “la avaricia, que es una idolatría” (Col 3, 5). Todos hemos conocido personas que no piensan sino en tener, tener más, que viven obsesionadas con el dinero y que llegan a perder la salud de exceso de trabajo o de preocupaciones.  Es “la fiebre del oro”.

      ¡Y es que todo el mundo constata cada día que “poderoso caballero es don dinero!”

      Cuando esto sucede, para el Señor, “el Amo del Cielo”,  no tenemos tiempo ni nada. y, en ocasiones, tampoco nos interesa mucho. Los demás llegan a convertirse en objetos de explotación, como nos enseña el profeta Amós en la primera lectura de este domingo: Aquellos ricos abusan sin compasión de los pobres y viven obsesionados con tener más.

      Por este camino llegamos a  ser insensibles ante el sufrimiento de los demás y ante otros valores que no son materiales. 

      ¡Pensemos en la inteligencia y en la astucia del administrador de la parábola de hoy!, y tengamos muy en cuenta lo que nos dice el Señor, como conclusión de la parábola: “Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.

      Y en realidad, ¡cuánto esfuerzo, cuánto, trabajo y cuánta ilusión, ponemos. a veces, en cosas que nos dan una seguridad engañosa, porque son frágiles y pasan! Y ¡qué poco interés y qué poco entusiasmo ponemos, tantas veces, en las cosas de Dios!

      Cuánta verdad y sabiduría contienen aquellas palabras del Señor: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6, 33).

                                                                       ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR


Publicado por verdenaranja @ 13:56  | Espiritualidad
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