Viernes, 29 de noviembre de 2019

Reflexión a las lecturas del domingo primero de Adviento ofrecida por el scerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR·        

Domingo 1º de Adviento A

        

       En este domingo se nos exige un esfuerzo significativo  para acoger enseguida lo que se nos ofrece: ¡Un nuevo Año Litúrgico!  ¡y  su primera etapa, el Tiempo de Adviento!

       Un nuevo Año y un Tiempo Litúrgico nuevos constituyen un don muy grande del Señor, y merece ser acogido con alegría y  gratitud. Y debemos ponernos en marcha desde el primer momento. El Vaticano II nos dice cosas muy hermosas del Año Litúrgico (S. C. 102).

       ¡Y comenzamos por el Adviento! Es ésta una palabra que significa venida, llegada, advenimiento, y trata de disponer a los fieles para celebrar una Navidad auténtica.            En efecto, cuando llegue la Navidad, muchos cristianos dirán: “¿Lo que celebra la mayoría la gente es Navidad?  Porque en adornos, comidas, felicitaciones y regalos parece que se queda casi todo. ¡Y eso sólo no es Navidad!”

       Sabemos, por experiencia, que las fiestas del pueblo o del barrio, si no se preparan,  o no se celebran o salen mal; ¿cómo vamos a poder celebrar una Navidad sin preparación, es decir, sin  Adviento? ¿No será ésta la razón fundamental de ese desajuste, de esas lamentaciones, de ese sinsentido?

       Y  comenzamos nuestra preparación para celebrar la primera Venida del Señor en Navidad, recordando que los cristianos vivimos siempre en un adviento continuo, porque estamos esperando continuamente la Vuelta Gloriosa de Jesucristo, como hemos venido recordando y celebrando estas últimas semanas del Tiempo Ordinario y seguiremos haciéndolo hasta el día 17 de Diciembre, en que comienzan las  ferias  mayores de Adviento, cercana ya  la Navidad.

       Los acontecimientos de la tierra tienen todos un día y una hora; incluso, para las cosas más ordinarias, hay que pedir cita, etc. Pero el Cristo ha querido ocultarnos todo lo referente al día de su Venida Gloriosa.

       De este modo, todas las generaciones cristianas han esperado, esperan y seguirán esperando  la Venida del Señor, la Parusía, como el acontecimiento más grande e importante que aguardamos.

       En el Evangelio de S. Mateo,  que nos guía este año, Jesús nos dice este domingo: “Estad en vela porque no sabéis cuándo vendrá vuestro Señor”; y también: “Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”.

       Al mismo tiempo, el Señor nos da un pronóstico un tanto pesimista de aquel Gran Día:  “Sucederá como  en tiempos de Noé. Cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos”.

       Pero no deben sorprendernos estas palabras de Jesucristo. Él puede venir esta noche o dentro de mil años. No lo sabemos. Pero si viniera esta noche, ¿cómo nos encontraría? ¿Vigilantes? ¿Preparados?, ¿Esperándole? ¿O como en los días de Noé?

       Con todo, la Venida de nuestro Salvador no es una cita con el miedo, el pesimismo, o la desesperanza. Todo lo contrario. En el salmo responsorial de este domingo, repetimos: “Vamos alegres a la casa del Señor”. Y esa  casa es el Cielo, hacia donde nos dirigimos como peregrinos.

       En resumen, podríamos subrayar lo que nos dice S. Pablo en la segunda lectura: “Daos cuenta del momento en que vivís”.        

                                                                                          ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 18:07  | Espiritualidad
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